En esa tensión aparece una pregunta que atraviesa toda la conversación: si la primera revolución industrial llevó a algunos obreros a destruir máquinas, ¿qué formas puede adoptar hoy el malestar de quienes sienten que nunca terminan de trabajar?
Internet nació como una red y así se la pensaba: un espacio que contiene, que da libertad y que permite el acceso universal a aquello que antes estaba reservado para unos pocos. Pero el estudio que hicieron con la Universidad de a República muestra que los trabajadores han quedado enredados. ¿Por qué?
El cambio en el trabajo no es de un día para el otro ni solo está dado por la tan evocada inteligencia artificial generativa. Es un proceso que empieza lento con las primeras computadoras personales. En la oficina pasan a haber máquinas que ofrecen herramientas que antes eran manuales. E internet le empieza a dar una masificación a ese cúmulo de datos, de información, con dos claves: la virtualidad y la inmediatez. Es un quiebre social y tecnológico (no sabemos si vino antes el huevo o la gallina). Y hasta por momentos es vista como un cambio en que el capitalismo acepta aquellos viejos reclamos y pasa a ofrecer una comodidad que deja de alienar al obrero dentro de la fábrica. Los trabajadores sintieron que ganaban autonomía, toma de decisiones, teletrabajo. A partir de entonces el trabajador, sobre todo aquel vinculado al conocimiento, pasó a ser un trabajador global. Ya no hay trabajadores uruguayos por más que aporten al BPS. La frontera se rompió. Las empresas, a su vez, entran en mayor competencia global e inestabilidad, por lo cual necesitan producir más, a más velocidad, a menores costos. Y el círculo vicioso va llevando a una expansión que penetra nuestras vidas, incluso más allá del trabajo. Ya casi no se puede hablar de una separación del trabajo y la vida.
Ya no hay trabajadores uruguayos por más que aporten al BPS. La frontera se rompió. Ya no hay trabajadores uruguayos por más que aporten al BPS. La frontera se rompió.
Pero, de lo que ustedes muestran, no es una decisión impuesta por las empresas: el 66% de los trabajadores uruguayos que usan IA lo hicieron por motu propio.
Lo que sucedió es un cambio social: una aceleración. La tecnología ayuda a esa aceleración y entonces la experiencia que tenemos del tiempo es cada vez más rápido. Por eso tenemos la sensación de que no nos da el tiempo para nada, que tengo mil pendientes, que ya estamos a mitad de año, que no tengo ni espacio en la agenda para hacer deporte.
¿Es posible “bajar un cambio” ante tamaña aceleración?
Dicen que la estabilidad se encuentra en la propia dinámica. La incorporación cultural de un cambio es más lenta que el avance tecnológico. El trabajador, sale de estudios más cualitativos que estamos haciendo, a veces usa la IA sin que se entere la empresa por miedo a ser mal visto. Y en la aceleración en la que vive va incorporando los “agentes inteligentes” porque siente que autogestiona. Hay un 20% que usa cuatro o cinco tipos de tecnologías a la vez. Incluso en profesiones que parecen estar mediadas por el cara a cara, como la consulta médica, viene penetrando el uso de tecnologías sin a veces darse cuenta.
Hasta hace muy poco se hablaba, y se hacían estudios, de la automatización del trabajo. Eso parece haber quedado obsoleto. ¿A qué se debe?
El trabajo rutinario ya está automatizado. Hasta hay quienes en estudios europeos dicen que la penetración de la IA generativa es más alta en sectores del conocimiento no solo por su formación, sino porque en otras áreas viene llegando a un tope. Pero mi especialidad no es la automatización, sino tratar de entender la sociedad actual. Y ahí surge de la encuesta algo bien interesante: en sectores como los cuidados o el empleo doméstico pareciera haber menos penetración de las tecnologías. Son sectores que se están plataformizando, como lo hizo el delivery o el transporte. Pero no son los más preocupados por la IA, porque lo ven más lejano y hasta tienen menos conocimiento. Su uso es más como buscador, para cuestiones personales, que como asistente laboral o sustitución como tal de una tarea.
¿Todavía existe eso de terminar la jornada laboral?
La clara frontera espacio-temporal se rompe con estas tecnologías. Así como ya no sos trabajador de Uruguay, tampoco sos trabajador de ocho horas. En algunos sectores siguen habiendo arreglos, sigue estando eso de marcar tarjeta o poder “desenchufarte”. Pero eso no significa que se corte con el trabajo. Como está en un mensaje de Whatsapp, en una historia de Instagram o en una pregunta a un chat, el trabajo no se corta del todo. Y eso lo pudimos observar en un significativo número de trabajadores que sueñan con su trabajo o que les cuesta conciliar el sueño pensando en los pendientes. Los más formados, quienes más usan la tecnología, más sueñan con eso. Como si el cerebro no logra desconectarse y sigue resolviendo problemas.
Así como ya no sos trabajador de Uruguay, tampoco sos trabajador de ocho horas. Así como ya no sos trabajador de Uruguay, tampoco sos trabajador de ocho horas.
Durante siglos se entendió que el trabajo estaba asociado al saber hacer. Ahora parece que importa saber qué pedirle a la máquina. ¿Es así?
Definitivamente es así. Muchos trabajadores, no todos, tuvieron un corrimiento en sus tareas. Nos pasa hasta a los académicos que estudiamos esto: cada vez más escribimos sobre lo que nos generó la máquina. Es importante sacar la idea de “inteligencia artificial”. La inteligencia es humana: es quien alimenta a la máquina, quien tiene que saber cómo pedir, qué pedir, cómo darse cuenta si está delirando. Es quien tiene la ética y puede entender a esa máquina como un agente.
¿Eso explica que la brecha en el uso de IA generativa entre trabajadores con educación terciaria y quienes tienen educación básica sea de 37 puntos porcentuales?
Es claro. También reconozco que no esperábamos que la brecha fuera tan grande por todo aquello que se habla de un país muy digitalizado. Ya tenías una brecha de base que estaba vinculada al tipo de tarea y la resolución de problemas. Ahora no solo tenés que ponerte objetivos, sino que tenés que anticiparte a los fallos. La elaboración de las instrucciones que se le da a la IA generativa requiere de una especificación que va más allá de la alfabetización básica. Digamos que, de la noche a la mañana, tuvimos que empezar a pensar como ingenieros: ellos quieren tener certezas y eso implica reducir la complejidad. Los ingenieros suelen estar entrenados para la resolución de un problema, de un proceso, dar una instrucción y que haya certeza. Sin darnos cuenta, nos hemos convertido en pequeños ingenieros por quedar enredados en esa forma de lidiar con el mundo.
Las bromas dicen que las tecnológicas crearon a su propio monstro y ahora enfrentan despidos, acumulación de poder en las grandes corporaciones, la demanda laboral ya no era ese boom de hace unos años…
Es cierto que algunas se canibalizaron un poco, pero me faltan elementos para saber si esos despidos son por la creación tecnológica o responden más a otros procesos como que habitaban una burbuja que explotó.
¿Están diciendo, sin decirlo, que en el fondo siempre se necesita de gente por más tecnología?
Por supuesto. La historia nos muestra eso. Por eso es muy peligroso cuando algunos gurús salen a decir que en el mundo actual no es necesario estudiar, especializarte en nada, que todo sale de un garaje, de una idea y luego todo se aprende en la práctica laboral. El conocimiento nos realiza como humanos, nos diferencia de otras especies. Uno no estudia solo para trabajar. Y lo segundo es que la evidencia no muestra que estemos ante una inestabilidad (y como consecuencia de angustia generalizada) de que el trabajo humano llegó a su fin.
Por consiguiente hay que dejarse de querer inventar la rueda en la educación y en los trabajos cada día…
Lo que se requiere es lo que se sabe hace décadas: las capacidades blandas, el pensamiento crítico, la base lógica, la socialización cara a cara. Hasta la OCDE reconoció que el 99% de los trabajadores no necesita saber programar.
¿Esto lo tienen incorporado los trabajadores que encuestaron?
Hay de todo. Pero hubo algo que me llamó la atención. Muchos veían que hay cosas que "no podemos hacer con la máquina". Y hablaban de “podemos”, en primera persona. En definitiva el cambio es que nos fuimos transformando en una dupla. En cómo vemos a la máquina como una extensión nuestra. En ese binomio lo que más está irrumpiendo es la velocidad. El que te piden algo para ya. El que nada se mastica ni se da el tiempo para digerir.
Con la máquina nos fuimos transformando en una dupla Con la máquina nos fuimos transformando en una dupla
El informe de ustedes deja al descubierto tensiones: “una proporción significativa de personas trabajadoras percibe incremento en las exigencias laborales (38%), formas de vigilancia mediadas por sistemas digitales y procesos de evaluación cuyo funcionamiento no comprende del todo (30%)”.
En trabajos de campo hemos identificado empresas, sobre todo del mundo software, que gestionan los recursos humanos en base a algoritmos. Así ven la capacidad de liderazgos, gente que se aparta de la comunidad, el que “rinde” más o menos de lo esperado. El problema es que esos algoritmos los diseña el humano con errores y no siempre son generalizables. Mucho menos visibles. En el supermercado el pan no tiene el mismo precio todo el día, cambia por un algoritmo según la hora. Eso genera una sensación de que el trabajador se siente amenazado, controlado y no realizado. Y lo más grave es que en algunas decisiones basarse en algoritmos o puras métricas acaba con la vida humana. Literal. Lo vemos en algunos delivery yendo a todo lo que da por la calle porque un algoritmo no entiende que justo se cayó un árbol en la mitad y se va a llegar más tarde. Se lo penaliza al trabajador y así se alimenta un sistema perverso.
Ante este escenario, ¿hay que ir hacia cambios legislativos, regulaciones o por dónde lo piensa?
Lo que sería más deseable son regulaciones a la interna de las organizaciones. Una revisión ética de qué se usa, cómo se usa, para qué se usa.
Pero usted decía que ya no somos siquiera trabajadores de Uruguay, ¿entonces?
La discusión es mundial. España está promoviendo algunos acuerdos globales. Y es interesante porque se rompe con la dicotomía de más estatistas o menos estatistas. Es un mundo inexplorado. Es una discusión donde la centralidad no está en el mercado, no está en el Estado, sino en el ser un ser humano. En una pregunta tan simple como: ¿vamos a dejar que la máquina haga todo hasta el punto de decirnos a quién hay que matar? Por eso insisto en esto de los límites que fijan los creadores, los usuarios, las organizaciones. Los legisladores no tienen tanto para hacer en algo donde ellos mismos están también inmersos y donde no existe el conocimiento suficiente. Es imposible tomar buenas decisiones sin evidencia. Entonces se van a medidas populistas del estilo prohibimos las pantallas o el extremo contrario.
Es una discusión donde la centralidad no está en el mercado, no está en el Estado, sino en el ser un ser humano Es una discusión donde la centralidad no está en el mercado, no está en el Estado, sino en el ser un ser humano
¿Cuál sería la imagen de Tiempos Modernos en su versión 2026?
Es una página de ¿Dónde está Wally? Confluye el caos, el agotamiento, mucha gente diversa haciendo cosas diversas. Gente que no es gente, pero actúa como tal. Empresas que ya no pertenecen a un público concreto, ni siquiera son el lugar para toda la vida. El trabajo es colaborativo, pero acontece en una especie de anonimato o soledad simbólica.
En esta complejidad y heterogeneidad que describís, ¿las instituciones han mutado a la par que sus trabajadores?
Las empresas están globalizadas, son abiertas, cambiaron las jerarquías y las verticalidades. Eso a veces confunde a los políticos que quieren hacer de Uruguay un HUB para todo. Cuando en realidad las fronteras no son tales. No se puede pensar en políticas públicas solo mirando eso, cuando vos tenés que en Estados Unidos ya hay tiendas en que según tu identificación facial saben tu nivel y tipo de consumo y en base a eso conectan oferta y demanda.
Como pasó al comienzo de la primera revolución industrial, ¿estamos cerca de romper a las máquinas?
No creo que se llegue a ese punto, tampoco que sea necesario. Sí notamos cierto hastío. Y ese malestar es contrario a una de las cosas que debería encontrarse en el trabajo: la autorrealización. Por ahora no vemos nada alarmante, pero no se descarta que haya algunos frenos. ¿Por qué? Sin darnos cuenta estamos trabajando hasta cuando pensamos que no estamos trabajando. Ese es el cambio al que nos enfrentamos como pocas veces en la marcha de las sociedades. Desde (casi) siempre la mayoría de trabajadores vivía para trabajar, solo que ahora esto nos fue tomando la cabeza, el conocimiento y hasta las horas de sueño.
Esto nos fue tomando la cabeza, el conocimiento y hasta las horas de sueño Esto nos fue tomando la cabeza, el conocimiento y hasta las horas de sueño