En agosto la Asociación Nacional de Rematadores, Tasadores y Corredores Inmobiliarios del Uruguay homenajeó a Abayubá Valdez por sus 50 años de socio de la gremial. Pero su carrera como martillero comenzó algunos años antes. En esta entrevista con El Observador Agropecuario el rematador tacuaremboense contó cómo transcurrió más de medio siglo a puro martillo, al frente de una empresa que en 2016 cumplirá 100 años. Además analizó la realidad del sector agropecuario y del país.
¿Cuánto hace que es rematador?
Hace 56 años.
¿Cómo comenzó?
Estaba estudiando veterinaria y mi padre sufrió un infarto, mi hermano mayor no remataba y me llamaron para rematar.
El escritorio ya tiene casi 100 años ¿no?
Exacto, lo fundó mi padre en 1916.
¿Siempre en Tacuarembó?
Sí, en Tacuarembó y en el norte. En esos tiempos se remataba en Artigas, en Rivera, se vendían toros en Río Grande del Sur. Nuestra vinculación con el norte uruguayo y sur de Brasil es de toda la vida.
Entonces tuvo que abandonar la carrera de veterinaria.
En realidad no era un estudiante muy aplicado, pero me gustaba la carrera. Después empecé a rematar, sin mucho entusiasmo, pero comprometido con lo que hacía, para mantener el negocio de la familia.
En todo este tiempo pasó por varias crisis.
Las inundaciones de 1958 y 1959 fueron terribles. Hubo una mortandad de ganado que fue muy grande y después la ganadería se empezó a recuperar. Sufrimos muchas crisis. En aquel momento los remates no eran administrados por los bancos, después los bancos se incorporaron y entonces hubo grandes perjuicios porque la gente no sabía administrar los créditos y mucha gente se fundió utilizando los créditos que le ofrecían los bancos.
¿Y cómo sobrevivió la empresa frente a todas estas crisis?
Con mucho esfuerzo, trabajo, austeridad y tratando de pagar las cuentas lo antes posible. Hicimos acuerdos con los bancos. La crisis que le tocó a mi padre fue la de 1929, a mí me tocó en los años de 1950, la crisis de la tablita a comienzo de la década de 1980. Fuimos negociando con los bancos para pagar las cuentas. La crisis de 2002 fue distinta porque fue una crisis muy corta, las anteriores fueron mucho más largas. La seca de 1942 fue otra gran crisis, porque en ese momento no había petróleo, no habían camiones, no habían formas de trasladar forraje, además el poco forraje que había estaba en Canelones.
Hace poco le hicieron un reconocimiento por los 50 años de socio de la Asociación Nacional de Rematadores.
Sí, así es. En Tacuarembó también tenemos una asociación de rematadores, que la fundamos con Julio César Fuentes, Juan Carlos Menéndez, Héctor Fuentes y muchos otros colegas, gente de muy buenas costumbres, sana y trabajadora, que ya no está y la recordamos con cariño.
¿Cuáles fueron los principales cambios que hubo en los remates en todo este tiempo?
Mi padre remataba a caballo, yo parado arriba de un casillero de cerveza, porque en aquel tiempo no había micrófono. Hoy los remates se hacen por pantalla, se transmiten por internet y la gente los puede ver en su teléfono. La transformación ha sido total. En la actualidad el dinamismo de los negocios se hace con una velocidad tremenda y a uno le cuesta adaptarse. Hoy los negocios hay que definirlos rápidamente.
En el agro los cambios también fueron muy importantes.
Los campos ganaderos pasaron a la agricultura, la oveja se mantiene en los campos de basalto y se va defendiendo. La vaca ha tenido que evolucionar para convivir con la agricultura. Se ha progresado mucho y gracias a la lechería, que ha superado todos los márgenes de alimentación, de suplementación estratégica, destete precoz, son una cantidad de herramientas que hoy se manejan en la ganadería de carne, porque hoy la ganadería se tiene que desarrollar en menor espacio.
¿Cuál es su papel hoy en el escritorio José A. Valdez y Cía?
Remato para despuntar el vicio. Inicio los remates, porque el físico no me da para rematar más de una hora. Después sigue Nano (Alejandro Núñez) con los remates. Siempre estoy ahí al pie del cañón.
¿Cómo está viendo al país?
Con preocupación, porque no se supo aprovechar este período de años de bonanza y se dilapidó una enorme cantidad de dinero en cosas improductivas como estas políticas sociales que premian con dinero a la gente sin pedir una contrapartida. Eso acostumbra mal a la gente y no contribuye al espíritu de sacrificio para poder progresar.
¿Cómo ve la situación de la exportación de ganado en pie?
Ahora esa actividad está parada, porque los precios internacionales no son correlativos a nuestros precios. Es probable que el atraso fiscal esté incidiendo pero también los costos uruguayos se han incrementado enormemente. Esos mercados de gran agilidad comercial se van a comprar ganado a otros países.
¿Qué expectativas tiene para la zafra de toros que comenzó?
Espero que el tiempo siga siendo generoso en las precipitaciones. Creo que tendremos una muy buena zafra de toros porque habrá muchas vacas paridas para entorar, así que se tendrá que invertir en toros y apostar a la monta natural.