28 de junio 2012 - 19:42hs

A la luz de lo que pasó, ¿hay que tener protocolos en la salud?
El asunto de los enfermeros no tiene nada que ver con la medicina. Ha dado la casualidad de que ha sido en un hospital, pero asesinos en serie hay desde que el mundo es mundo, constante y continuamente. Son asesinatos y punto.


¿Los protocolos no podrían ayudar a evitar estas situaciones?
No. ¿Cómo vamos a hacer un protocolo de cómo no asesinar a los enfermos?


Pero se pueden regular condiciones laborales, regímenes de horarios, control de medicamentos…
No puedes cerrar con llave el acceso a medicamentos de uso habitual. Es interesante deslindar lo que ha pasado de lo que es la atención a los enfermos.

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¿Usted cree que no hay responsabilidad de los jefes de los enfermeros o de la institución?
Eso lo dirá el juez, que es el que tiene los mil folios, el que pregunta, el que investiga, y con el fiscal dirán si hay responsabilidad allí. Es un asunto estrictamente judicial.


Hay quienes creen que el estrés de los CTI puede haber influido en la conducta de los enfermeros.
Es posible que exista burn out, pero esto sucede en el mundo entero y a nadie le da por asesinar gente. También el juez investigará si estas personas estaban excesivamente cargadas de trabajo, y si eso tiene alguna relación.

El hecho de que hayan sido dos personas, más las denuncias en otras instituciones, lleva a pensar que el sistema puede estar amparando estas situaciones.
Yo entiendo que suene raro, pero repito: el juez dirá. A mí, por lo que se sabe hasta este momento, no me da la impresión de que haya responsabilidad institucional.


¿Hay experiencias similares en el mundo?
Sí, en Austria existieron “las enfermeras de la muerte”, hace bastantes años. Se tomaban la justicia por su cuenta, y cuando ellas consideraban que una persona había vivido suficiente, acababan con ella.


¿Le ha tocado asesorar a instituciones que les haya pasado algo así?
No, no. Es extremadamente raro que un enfermero se ponga a matar pacientes.


El asunto generó un impacto en el sistema de salud. ¿Cómo se sale de esta crisis de confianza?
De esto se sale buscando a los responsables, dejando que la Justicia actúe. Y las autoridades sanitarias deben partirse la garganta explicando que son casos aislados de personas que tienen perturbaciones psicológicas, pero que los profesionales aquí son excelentes.


¿Qué oportunidad ve en esta crisis?
Quizás es un buen momento para replantearse qué se está haciendo con los enfermos al final de la vida. Me consta que se está armando un programa nacional de cuidados paliativos, que es importante para que se sepa que las cosas se hacen de forma transparente y con protocolos concretos, respaldados por las asociaciones científicas y las autoridades. Es el costado bueno de este lamentable episodio.


¿Qué son los cuidados paliativos? ¿Está claro qué es lo que está bien y qué no?
Está bastante delimitado lo que hay que hacer y lo que no. No se puede hacer obstinación terapéutica con un enfermo que no tiene expectativa de vida porque ya han fracasado los tratamientos. En el otro extremo está acabar con los enfermos: la eutanasia. Eso está prohibido por ley y por los códigos de ética. Lo que hay que hacer es respetar la enfermedad y dedicarnos a cuidar al enfermo. Ni matar ni prohibir morir.


¿Usted cree que los médicos deben formarse sobre esto?
Claro. El 90% de los estudiantes de medicina va a atender pacientes en estado terminal. Es un escándalo que no haya en la universidad ninguna formación para ello. Creo que debemos ser muy críticos con una universidad que no contempla los cuidados paliativos en su programa de formación.

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