¿Qué harán los frigoríficos con la carne que exportaron a China en las últimas semanas, siendo que los adquirentes en ese país aspiran a renegociar su valor para tomarla? Las medidas tomadas por el gobierno del país asiático –con el fin de evitar que el precio de la carne siga subiendo y presionando la inflación– llevaron a que se paralizaran las exportaciones de carne uruguayas (y de otros productos) a ese país.
El gobierno de Xi Jinping cortó el financiamiento que otorgaban grandes importadores del Estado a los agentes privados, que eran quienes habían impulsado una "burbuja" de precios. A su vez, para mitigar los efectos que le provocó la epidemia de la peste porcina africana (que redujo sustancialmente la producción interna), liberó grandes volúmenes de carne (porcina y vacuna) que tienen como reserva para situaciones complejas, como la que se viene atravesando en los últimos meses. También decidió darle una mayor apertura a la carne vacuna que ingresa (vía contrabando) por el denominado "canal gris" de Hong Kong y Vietnam.
La opción para los embarques uruguayos que están en puertos chinos es entre dejarla allí a un valor notoriamente inferior al pactado inicialmente, 30% menos (aunque tal vez más), o redireccionarla a otro comprador. Y eso es lo que varias empresas involucradas en esta adversidad están expectantes de comenzar a decidir.
Algunas empresas la tienen más complicada que otras porque ni siquiera le han planteado rebajar el precio. Directamente no quieren la carne y desean cancelar el compromiso.
Las negociaciones, que se deben realizar caso a caso, empresa por empresa y no las desarrolla Uruguay en forma colectiva porque esto sucede en el ámbito privado, no han podido avanzar por un motivo cultural: en China se está celebrando el Año Nuevo y la actividad comercial es prácticamente nula durante estos días.
Los chinos no atienden los llamados desde hace varias jornadas. Y como rápido, volverán a hacerlo este martes o miércoles, adelantó una fuente.
En ese marco, diversos empresarios uruguayos admitieron a El Observador que enviar esos embarques de carne a otro punto del planeta es prácticamente inviable y solo habría que considerarlo en caso que los chinos definitivamente cancelen las compras. De ahora en más, cuando se encaren nuevos negocios, tendrán que barajar y dar de nuevo, es decir, ver si China seguirá siendo el mercado principal, como ha sucedido en los últimos años y sobre todo en 2019, estimaron las fuentes consultadas.
Mandar esa carne de China a otro mercado no es fácil desde lo operativo y tiene un costo adicional. Considerando eso, puede terminar siendo más ventajoso venderla igual en China, aunque el precio final sea un 30% menor al pactado en diciembre.
El mal menor, creen los empresarios, es admitir la baja propuesta, pasar la página y acostumbrarse, al menos a corto plazo, a encarar nuevos negocios a ese mercado con otro rango de valores o priorizar la venta a otros destinos.
Es complicado redireccionar
Uno de los nuevos destinos, si pese a lo señalado se opta por subir los contenedores a un barco en China y poner proa hacia otro país, puede ser Estados Unidos.
Existen otros mercados importantes, como el israelí, pero no pueden tomar esa producción porque la faena no se desarrolló en el marco del ritual exigido (kosher). Lo mismo debe tenerse en cuenta con relación a mercados musulmanes que exigen la certificación halal, que esta carne no posee.
Un detalle que incide en la decisión es el tamaño y posicionamiento de la empresa que exportó. Porque las multinacionales, como Marfrig o Minerva, disponen de mayores posibilidades que otras de menor porte, considerando que cuentan con una amplia y variada red global para colocar sus productos.
Por lo tanto, la decisión no solo está en manos de los operadores del sector privado, si no que tendrá como base la realidad de cada firma.
La ventaja que tiene Estado Unidos como destino sustituto es que puede tomar volúmenes relevantes, es un mercado al que en mayor o menor medida se lo abastece en forma constante y la carne que va hacia ese destino es en general para elaborar hamburguesas, para lo cual la producción considerada es más que apta.
En el caso de Marfrig, principal proveedor de Arabia Saudita, tiene a mano la posibilidad de enviarla a Medio Oriente, una alternativa que otros no tienen disponible.
Un tema que los empresarios deben considerar, además, es el costo del traslado, es decir el pago de un nuevo flete, por lo cual no es descartable presumir que en algunos casos termine siendo más adecuado dejar la carne en China.
Derivar los productos hacia Estados Unidos plantea una dificultad, dados los etiquetados. Es que China sigue etiquetando y Estados Unidos no lo hace. Por otro lado, el muestreo serológico necesario para ingresar al país norteamericano es diferente al que se hace en China, y eso no es un detalle menor.
Redireccionar esos contenedores no es algo sencillo, en caso que sea la alternativa escogida. Ello considera tiempos e inversiones. Demanda nuevos trámites administrativos, más tiempo para la concreción de nuevos negocios y para la obtención de los certificados pertinentes.
Finalmente, hay otro factor que le quita atractivo al intento de llevar esa carne a otros sitios: los exportadores uruguayos, en un mercado global en el que todo se sabe rápidamente, están en desventaja al tener que negociar con potenciales clientes alternativos.
Casi 35 mil toneladas trancadas
Autoridades del Instituto Nacional de Carnes (INAC) admitieron que la carne involucrada en este “trancazo” y en un proceso de renegociación totaliza casi 35 mil toneladas. Los importadores chinos piden quitas de hasta 30%. Hay, incluso, contenedores literalmente abandonados en puertos. Si se considera una baja de US$ 1.500 por tonelada como promedio, esta adversidad equivaldría a una pérdida del sector industrial de aproximadamente US$ 50 millones. En 2019, China alcanzó un récord de participación como principal destino para las exportaciones de carnes, con la compra del 66% de las colocaciones de carne uruguayas. Por primera vez llevó más de 300 mil toneladas. Y en diciembre llegó a pagar un precio inédito, US$ 4.300 por la tonelada de carne bovina. Para conocer de forma directa el problema, recientemente el gerente de marketing de INAC estuvo en China.
En el mercado local
El Observador supo de la satisfacción que generó entre los productores la actitud que tuvieron las industrias exportadoras de carne tras conocer la contrariedad que surgió en el mercado chino. Es que lejos de aspirar a ajustar los valores de la hacienda que adquirieron en su momento a valores directamente relacionados con los precios que por la producción se obtenían en China, optaron por cumplir lo pactado y pagar la hacienda sin cambios. Eso alcanzó a los negocios ya acordados. De ahora en más, dado el nuevo escenario, se irá conformando un nuevo mercado con ajuste a la baja tanto para el ganado gordo (listo para faena) como para el de la reposición necesaria en los campos.