Agro > ENTREVISTA / GABRIEL CIAPPESONI

"Trabajando con los productores la investigación gana, porque tenemos de primera mano su demanda"

Entrevista a Gabriel Ciappesoni, director del Programa Nacional de Carne y Lana del INIA

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11 de enero de 2019 a las 05:02

En diálogo con El Observador, el director Nacional del Programa de Carne y Lana del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), Gabriel Ciappesoni, señaló que "las demandas no pueden ser todo lo que dice el productor ni el investigador o todo lo que dicen los mercados”. 

A continuación, la entrevista completa.

¿Qué aporta el Consorcio Regional de Innovación de Lana Ultrafina (Crilu) al Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y al Programa de Carne y Lana en particular?   

—El Crilu, como consorcio, es una evolución del proyecto original que fue el de Merino Fino que se inició hace 20 años, una iniciativa del INIA junto al Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL) y la Sociedad de Criadores de Merino Australiano del Uruguay (Scmau). ¿Por qué participamos?  Porque desarrollamos herramientas genéticas y productos tecnológicos en conjunto con el SUL y la Scmau, logrando un animal mejorado con el agregado de valor de años de selección. Desarrollamos investigaciones y productos tecnológicos que son animales que llegan al productor vía carneros o semen y esa mejora genética está empaquetada en ese material. Además, por lo general la genética es algo muy atractivo para los productores y va acompañada de todo un paquete tecnológico en reproducción, sanidad y nutrición que llega añadido a la genética directamente a la casa de los productores. Trabajando directamente con los productores, la investigación gana mucho porque tenemos de primera mano sus demandas y problemáticas y nosotros tratamos de resolverlas desde el punto de vista de la investigación.
 
—¿Y cuáles son los principales problemáticas que plantean? 

—Las encuestas que hemos realizado arrojan siempre uno de los temas principales: la genética. El diferente nivel genético que tenía Uruguay en Merino. Ese diferencial de selección era lo primero que se quería abordar, tener un animal diferente más adaptado a los mercados que se venían con fibras de mayor calidad, más finas e intentando seguir aumentando el peso de cuerpo y de vellón. Esto se ha logrado. Por otra parte, si les preguntamos qué animales quieren tener, los productores siempre mencionan resistentes a parásitos gastrointestinales, esto no sólo en Merino. Atacarlo por el lado de la genética es una de las opciones, como lo es la del manejo, con buenas prácticas como parte de un control integrado de parásitos. Ahora también desde la Merino nos plantean los temas reproductivos, el querer aumentar la señalada. Con medidas de manejo ya se están logrando mejores resultados, pero seguimos apuntando a tener mejores señaladas y que eso redunde en un beneficio económico importante.  
 
—Respecto al Programa Nacional de Carne y Lana, ¿cuántas personas trabajan y en qué actualmente?

—Es difícil decir un número exacto porque a veces son porcentajes de tiempos técnicos, pero al programa reportan 18 investigadores. Atrás de ellos está el personal de apoyo, como técnicos agropecuarios y operarios rurales que son los que trabajan en las estaciones experimentales. Tenemos gente en las estaciones de INIA La Estanzuela, Las Brujas, Treinta y Tres y Tacuarembó trabajando en ganadería vacuna y ovina. Áreas generales en las que trabajamos tanto en vacunos como en ovinos son reproducción, genética, sanidad, manejo y nutrición animal, calidad de productos, bienestar animal, vinculado a sistemas extensivos e intensivos en conjunto con los programas de pasturas y sustentabilidad y la unidad de biotecnología y la plataforma de salud animal, entre otros.

—¿En base a qué investigan? 

—Trabajamos en sistemas y, dentro de éstos, se desarrolló el Plan Estratégico Institucional. Esto se hizo a través de consultas con productores y técnicos referentes, se hicieron talleres externos e internos y se fueron definiendo los grandes problemas que se querían abordar desde los diferentes sistemas. En ganadería se aborda lo que es el sistema ganadero extensivo donde la mayoría de los trabajos entran ahí, pero también participamos del sistema agrícola-ganadero en lo que es la invernada, el engorde vacuno y módulos ovinos más intensivos. También dentro del sistema arroz pasturas y dentro del sistema de agricultura familiar que generalmente aborda temas ganaderos. La mayoría de los proyectos del programa están dentro del ganadero extensivo, donde se definieron grandes metas como aumentar la productividad de forma sostenible, la eficiencia productiva, calidad e inocuidad de productos, gestión de los recursos naturales y de los sistemas de producción. Seguramente los más destacable de este nuevo Plan Estratégico es que se le ha dado un mayor énfasis a los temas ambientales, como la conservación de la biodiversidad, la disminución de los gases de efecto invernadero, el aumento de la eficiencia de los animales y el agregado de valor como otro eje importante. 

—¿En qué medida se tiene en cuenta la realidad productiva del país para investigar ciertos temas? 

—Tenemos diferentes líneas para recibir las demandas. Las demandas no pueden ser todo lo que dice el productor, todo lo que dice el investigador o todo lo que dicen los mercados. Hay que buscar cierto balance donde pensamos qué cosas nos pueden pedir los mercados, focalizarnos en cuáles son nuestros clientes, qué es lo que piden, qué son las cosas que nos pueden aparecer como nuevas restricciones para venderles y también en las necesidades concretas que tienen los productores, es decir, los problemas más locales. Tenemos líneas exclusivas que pueden surgir de una demanda puntual local. También tenemos la línea de proyectos más a largo plazo con unas visión de cinco a 10 años. 

—La investigación que hace a la calidad y a la certificación, ¿le hace la diferencia a Uruguay a la hora de exportarse al mundo?

—Sí. Los mercados cada vez van a ser más exigentes. Generalmente no tienen la necesidad de comprar tu producto. Se van a poner cada vez más exigentes y van a comprarle al que le tengan confianza. Por eso es tan importante el tema de la trazabilidad; vender que somos un país serio, la imagen del país es muy importante y piden que esa confianza esté certificada con ciencia atrás. Ahí entra el rol de INIA. Certificar con esa ciencia o con un artículo científico o un trabajo serio que sea independiente al interés de los mercados. También es vender productos diferenciados. No somos productores de carne, somos productores de alimentos y no producimos una fibra cualquiera. Estos productos dejaron de ser commodities porque le estamos agregando valor, gracias a la investigación y al trabajo en conjunto con otras instituciones.

—¿Qué balance hace el Programa de 2018 y qué se propone para el 2019?  

—Dentro del Plan Estratégico, estamos pensando en el 2030 y hoy ya tenemos dos proyectos que están funcionando – sobre cruzamientos en vacunos y ovinos eficientes y adaptados - y otros tres que se están por aprobar: en ganadería intensiva, en genética, y en ganadería extensiva sostenible. Se están formulando un proyecto sobre manejo reproductivo y otro sobre eficiencia y genómica en Hereford. Además, junto a la plataforma de salud animal tenemos proyectos que tienen el foco en la resistencia a parásitos. Estamos en una etapa de inicio de proyectos, de cerrar los que están concluyendo y pasando raya de lo que se obtuvo. Se vienen varios desafíos porque estamos con alianzas con otros países, como Irlanda, Nueva Zelanda, España y Reino Unido donde queremos jugar al mismo nivel. El desafío es grande, pero nuestros técnicos tienen una formación de primer nivel y pueden jugar responsablemente ese partido.

El perfil

Datos: Su nombre completo es Carlos Gabriel Ciappesoni Scarone y tiene 45 años.

Familia: Se casó con Lucía, de Perú, y tiene dos hijas Andrea (11) y Paola (8).

Profesión: Es ingeniero agrónomo. Estudió veterinaria hasta 4to año y luego hizo el grado y su doctorado en Genética en República Checa, donde conoció a su mujer. 

Hobbies: Es hincha de Peñarol, en fútbol, y de Urupan, en basquetbol. Proviene de Pando y jugó en ese cuadro.

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