8 de febrero de 2012 12:31 hs
Pablo Sosa y su esposa, Andrea Fava, son uruguayos y viven en laguna Garzón desde 2010. En 2005 comenzaron los trámites para la edificación de un hotel flotante sobre la laguna, cuya construcción se inició a fines de 2010. El hotel abrió sus puertas el pasado diciembre y el nivel de visitas “viene siendo muy bueno”, según Sosa.

El proyecto, enmarcado en el ecoturismo, cuenta con 12 habitaciones literalmente sobre la laguna pensadas para personas que buscan descansar en contacto con la naturaleza.

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El segundo proyecto de la pareja es un hotel de campo (Miradores de Laguna Garzón) que solo cuenta con cuatro habitaciones con el propósito de hacer del hotel “casi un hogar”, dijo el empresario.

Si bien Sosa es ingeniero agrónomo, gran parte de su vida trabajó como asesor de proyectos para la ONU y el BID, entre otros.

Cansado de la burocracia, decidió tomarse un año sabático y embarcarse con su mujer en la aventura de navegar por varios lugares del mundo como tripulación de distintos barcos. Siempre fue amante de la náutica, deporte que practica desde joven.

Más tarde, volvió a Uruguay y montó sus proyectos. El hotel flotante es una sociedad que lleva adelante junto a su hermano Fernando Sosa, y los actuales propietarios de Café Misterio (Roberto Behrens y Juan Pablo Clérici).

Sosa asegura que gerenciar estos proyectos es cumplir su sueño. Define su estilo de vida como un slow life al que no está dispuesto a renunciar.

¿Qué particularidades tienen estos proyectos?

Son complementarios dentro de un mismo concepto de ecoturismo. La idea es que las personas puedan pasar el día en Miradores y después descansar en el hotel flotante. En ambos lugares la atención es personalizada y los huéspedes se sienten como si estuvieran en su propia casa con amigos. Acá no usamos reloj y tampoco toleramos el malhumor.
Nos ha pasado que mucha gente, después de visitarnos, queda tan conforme que regala a sus amigos una estadía en el hotel.Otra particularidad es que el proyecto integró a la comunidad local. La mayoría de los que trabajan en el hotel son de la zona. Cualquier proyecto debe ser amigable con el medio ambiente, debe incluir a los trabajadores locales.

¿Cómo definiría el modelo de negocio del hotel flotante?

Es como un joint venture. Somos cuatro socios y mi mujer, que es mi mano derecha. Para los negocios únicamente nos vinculamos con gente de confianza, que tenga la misma filosofía de vida que nosotros.
Entendemos que esto es un estilo de vida –yo lo denomino slow life–, algo que nos divierte y que, si bien tiene que tener una línea de retorno, no es lo más relevante. No hemos hecho publicidad de ningún tipo: el hotel se fue conociendo por el boca a boca. Las ventas se han generado por nuestra página web y por las agencias de viaje internacionales que presentan nuestro hotel como un destino de ecoturismo. Hasta ahora la respuesta de los clientes ha sido muy buena, teniendo en cuenta que abrimos hace un mes.

¿A qué público apuntan los proyectos?

A turistas extranjeros, principalmente europeos y norteamericanos. Hay un público creciente de alto poder adquisitivo; profesionales exitosos de entre 30 y 35 años que viajan todos los años y buscan este tipo de propuestas innovadoras con un toque hogareño. Lo curioso fue que el primer cliente fue un uruguayo con su esposa que se quería dar el gusto de pasar una noche en el Lodge. Queremos que también nos visiten uruguayos, aunque sabemos que prefieren esperar la baja temporada para tener precios más accesibles.

¿Qué percepción tienen los extranjeros de Uruguay?

Realmente están fascinados. Cada vez más extranjeros quieren tener su segunda casa en Uruguay. Piden por inversiones en terrenos, chacras y campos. Uruguay está muy bien posicionado en el mundo. Hasta el momento hemos recibido 80% de extranjeros en el Lodge, por ejemplo.

¿Qué es lo que más disfruta de su trabajo?

Disfruto todo. Antes que nada trabajar con amigos y, salvo pocas excepciones, para personas que a la larga se van a convertir en amigos. Acá estoy con mi mujer, con mis hijas que me vienen a visitar cuando quieren y muy cerca de la laguna donde al final termino haciendo lo que más me gusta: navegar. En definitiva, siento que vivo mi propio sueño.

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