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"Yo he nacido para hacer esta bella durmiente"

La diseñadora Ágatha Ruiz de la Prada diseñó los trajes de la nueva producción del Ballet Nacional del Sodre

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17 de marzo de 2018 a las 05:00

La mujer de los corazones –en los zapatos, la cartera, la blusa–, los labios de un rojo furioso y los ojos maquillados no siempre fue así. Durante la década de 1980, en Madrid, Ágatha Ruiz de la Prada era una veinteañera que llevaba el pelo cortísimo, se pintaba la cara de blanco, tenía una estética andrógina y era algo así como una versión femenina de Mick Jagger.

Eran los años de la movida madrileña, la época pos Franco. La capital española estaba en un estado de ebullición único. Ruiz de la Prada dice hoy, con los ojos nostálgicos, que ese era el lugar para estar. "Fue un sueño vivirlo. Como haber estado en París en los años '30 o en Nueva York en los '70. O haber vivido en Viena en el 1900 cuando era la capital cultural del mundo. Entonces, estar ahí, en Madrid fue una suerte. Se vivía libertad, creatividad, era un momento mágico", cuenta.

Ágatha Ruiz de la Prada, la mujer detrás de la marca española, dio vida a su personalidad creativa en esos años. Aunque, dice, los colores y las artes estuvieron siempre.
Ruiz de la Prada –57 años, premio nacional de Diseño de Moda en España en 2017, enemiga declarada del negro para la vestimenta, responsable del vestido que usó Miley Cyrus en los MTV Video Music Awards de 2015– ahora está sentada al lado de la cafetería del Auditorio Nacional Adela Reta.

Llegó hace unos días para terminar de afinar los detalles del vestuario que creó especialmente para la producción nacional de La bella durmiente, la primera puesta del Ballet Nacional (BNS) en la era de Igor Yebra como director artístico. Es la primera vez que diseña para una pieza de artes escénicas en América Latina. La idea nació en un programa de televisión, en 2016, cuando visitó Uruguay y conoció a Julio Bocca.

La diseñadora repite, una y otra vez, que quiere sacar esta producción y llevarla a los teatros más relevantes del mundo. Habla de París, Nueva York, Milán.

Sus creaciones de colores potentes y de formas estructurales se reprodujeron en los trajes que los bailarines llevan. En buena parte de los casos el vestuario recurre a colores plenos. "Ahora están muy de moda los vestidos de un único color. Lo puso de moda Balenciaga, incluso Letizia Ortiz el otro día estaba vestida toda de rojo", dice. Pero el sello del vestuario de La bella durmiente son las pelotas –también muy propias de la creadora– que inundan los distintos vestidos, bodies o capas de los artistas arriba del escenario.

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En pleno romance con su vestuario, Ruiz de la Prada –siempre muy franca y con poca pose– cuenta que casi no pudo sacar fotos de los bailarines con los trajes. "Yo soy muy instagramer y pensaba inundar mi cuenta de bolitas y no pude hacerlo. Desde España me piden fotos y no tengo. Temo que no me crean que semejante trabajo lo hice yo", confiesa.

¿En qué momento de su carrera decidió empezar a colaborar con las artes escénicas?
Lo hago desde siempre. Porque me encanta ir a espectáculos, me chifla, me parece fundamental. De hecho estoy un poco fastidiada de haberme perdido el estreno de Aida en Madrid. Voy a ver si puedo ir el domingo que llego. Cuando vivíamos en Barcelona, mi familia tenía un palco en el Liceu y me acuerdo que nadie quería ir, pero yo sí. Mi padre me llevaba también al Teatro Real de Madrid que, en aquella época, se hacía más zarzuela que ópera. A mis hijos, por ejemplo, los empecé a llevar al ballet a los dos años.

¿Qué sucede cuando ve un vestido, una falda sobre un escenario? ¿Cuál es la diferencia con el hábitat natural de la moda que es la pasarela?
El movimiento –los saltos, los pasos, la mezcla con otros bailarines- nunca te lo da la pasarela. Además en los desfiles lo que sucede es que ves tus diseños en una televisión en el backstage. Yo debo hacer entre 600 y 700 desfiles en mi vida y debo haber visto en primera fila solo dos. A La bella durmiente ya la vi dos veces. La primera vez solo presté atención a los trajes. La segunda vi miles de cosas que no había visto en la primera oportunidad. Y el día del estreno si no estoy llorando toda la noche, seguro veo más detalles. Ese nivel de emoción es mucho menor en un desfile.

Sus creaciones de moda, de hecho, suelen tener algo de teatral.
Creo que he nacido para hacer vestuario de ópera y ballet. Creo que he hecho menos vestuarios de los que debería. Para mí este vestuario ha quedado redondo. Yo he nacido para hacer esta bella durmiente.

Julio Bocca, exdirector del Ballet Nacional del Sodre le ofreció hace unos años que hiciera el vestuario de esta obra. ¿Cómo es la historia?
Lo conocí a Julio en un programa de televisión (Puglia invita) y empezamos: "Como me gusta tu trabajo", "A mí el tuyo", "A ver cuándo hacemos algo juntos". Y así me dijo: "¿Por qué no hacemos La bella durmiente?". Por momentos pensé que no lo íbamos a lograr. Cuando vine a ver Romeo y Julieta y después vi en Madrid Coppélia encontré que era una compañía muy clásica. Bocca es un genio, un artista total, pero es muy clásico. Y ese vestuario no lo es. Entonces pensé que se podía asustar, pero como él es un hombre de palabra lo hicimos. Creo que este vestuario ayuda muchísimo a que la obra sea más rápida, a que no te aburras nunca. Por lo menos para mí. Hace tiempo que no disfrutaba tanto un espectáculo.

Siempre se discute mucho sobre el vínculo entre la moda y las artes. Desde hace décadas la moda ingresa a los museos más prestigiosos del mundo y un traje de Valentino se exhibe como una obra de arte igual que una de Picasso. ¿Cuál es su opinión sobre esa relación entre ambas disciplinas?
He sido pionera. Mi padre era coleccionista. Cuando yo empecé, en mi familia no había ninguna relación con lo textil. Entonces varias de mis primeras presentaciones fueron en galerías de arte. En el 2015 hice 15 exposiciones individuales y 30 colectivas. Siempre estoy muy metida en los museos, tengo una fundación para guardar mis trajes.

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¿Cuáles son esos trajes de los que no se querría desprender jamás?
Pasó algo y es que cuando llegué a Uruguay me encontré con Francesco Ventriglia, el adjunto de Yebra, con el que había trabajado hace años en Florencia. Él creó una coreografía y un diseño mío terminó allí, no sé bien cómo, era un traje que había dado muchas vueltas y se ve que nos lo pidieron. Y ahora me dijo: "Aquel traje rojo, largo, lo tengo yo". Lo que sobra de todo lo que vendemos y prestamos me lo quedo yo. Cuando hago mis desfiles tengo una amiga mía que siempre se elige los tres mejores diseños. Así que yo me quedo con el que no quiere nadie y sobró de las rebajas. Pero así lo prefiero. Que mis creaciones las use una mujer cojonuda o que esté en la ópera tal o en un museo.

¿Con qué se quedaría de La bella durmiente?
Con la reina, sin dudarlo. Es el más bonito. Pero son muy sexies los tutús. Han quedado súper Ágatha y tienen un movimiento extraordinario. También me gusta el del cardenal y los monaguillos.

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