24 de septiembre 2021 - 22:25hs

El covid-19 y el cambio climático, a la vez que representan graves acontecimientos que afectan a la humanidad, son tragedias que pueden ayudar a recuperar el papel decisivo del multilateralismo. La gobernanza mundial es la herramienta institucional adecuada para luchar contra los grandes males que aquejan al mundo y su buen uso contribuye a no alimentar a los nacionalismos extremistas, un gran peligro para la paz, el entendimiento y la globalización, sin los cuales es imposible el desarrollo. 

Cada uno a su modo, el presidente estadounidense Joe Biden y el mandatario uruguayo Luis Alberto Lacalle, en sus discursos en la 76° cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno en la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), en Nueva York, esta semana, alentaron una conversación en ese sentido. 

Biden, que habló el martes 21, dijo que las “crisis urgentes”, como la pandemia y el cambio climático, abren “enormes oportunidades” si los países trabajan juntos en la resolución de problemáticas que afectan a todos. 

Para Biden, el mundo se encuentra en “un punto de inflexión en la historia”: está en juego el futuro del planeta. 

Por su parte, el presidente Lacalle Pou, en la misma cumbre, pero el miércoles 22, hizo una fuerte crítica a la comunidad internacional por el fracaso de las acciones conjuntas de la vacunación contra el covid-19, en referencia implícita al mecanismo Covax que, además de “deficitario” ha sido “no equitativo”, un fracaso de la Organización Mundial de la Salud (OMS), especialmente de los países miembros decisivos en la producción de vacunas probadamente eficaces. 

A la importancia de la institucionalidad multilateral en la lucha contra la pandemia (OMS) y el cambio climático (ONU), sumaríamos la necesidad de recuperar y potenciar a la Organización Mundial de Comercio (OMC), que debería tener un papel relevante en la “libertad de comerciar, libertad de competir por excelencia y acceder a mercados”, como reivindicó el presidente uruguayo. 

El talante de Biden y la crítica justa de Lacalle Pou dejaron al descubierto la necesidad de rescatar el multilateralismo, construido tras la segunda guerra mundial, una herramienta de gobernanza imprescindible, pues los desafíos globales requieren de respuestas globales. Y vaya si lo son la pandemia y el calentamiento global, víctimas de la retórica voluntarista de los líderes mundiales que han sido incapaces de involucrarse en políticas compartidas. 

Las lógicas de cooperación son apropiadas no solo porque se trata de problemas en común, sino también porque son cajas de resonancia para los países menos influyentes, que tienen derecho y enriquecen los debates que definen las grandes políticas, como quedó demostrado en la intervención de Lacalle Pou en la ONU.

Además de dotar de una mayor legitimidad política, la gobernanza mundial tiene la ventaja de que se nutre de los aportes de la sociedad civil, de donde provienen las inquietudes de las personas y de las empresas, lo que refuerza los compromisos que asumen los países. Y en un contexto de lazos débiles o rotos entre la política y la ciudadanía, lo que daña la democracia y alienta el populismo. 

El desafío del siglo XXI, pues, es recorrer un camino en común para el desarrollo sustentable, que mira el presente sin desatender el tiempo por venir. 

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