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Al filo de la democracia: la película de Netflix que muestra la debacle política brasileña

El documental retrata los escándalos y la crisis política del Brasil reciente desde cerca

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29 de junio de 2019 a las 05:01

Las cámaras se nos vienen encima. Pegan contra el vidrio del auto. Los fotógrafos se empujan, se abalanzan y se gritan. Al final el vehículo acelera y se pierde entre la multitud. Una marea humana rodea la sede del sindicato metalúrgico brasileño. Ahí adentro, como un héroe que marcha al sacrificio, Luiz Inácio Lula da Silva se despide de sus seguidores en el camino a la cárcel. 

Lula abraza a sus correligionarios. Todo tiene aroma de despedida. El expresidente le pide a los demás que no lloren.  Su heredera política, Dilma Rousseff, recorre el edificio buscándolo. La cámara va pegada a los dos. Tan cerca como es posible. La multitud, afuera, grita “¡no se va! ¡no se va!”. 

Otra multitud, en otra parte de Brasil, grita “¡Fuera el PT!”, en referencia al Partido de los Trabajadores, al que pertenecen Lula y Rousseff, y que fue gobierno desde 2003 hasta 2014. A las dos agrupaciones las vemos bien de cerca. En detalle. Divididas, pero parte del mismo país. 
Bien de al lado, y con acceso a todas las partes es como se cuenta esta historia, que es tanto la de una persona como la de toda una nación en crisis. 

“La democracia brasileña y yo tenemos casi la misma edad”, dice la documentalista Petra Costa, responsable de Al filo de la democracia. “Y pensaba que a los 30 y pico de años, ibamos a estar pisando terreno más firme”, comenta en referencia a la restauración democrática del país, ocurrida en 1985. 

Nieta de empresarios que apoyaron el golpe militar de 1964, e hija de militantes marxistas que pasaron la década de 1970 en la clandestinidad (su madre pasó por la misma cárcel que Dilma Rousseff en ese período), Costa tiene en su árbol genealógico ramas que apuntan a los dos lados del espectro político, aunque en su caso todo decanta más hacia la izquierda. 

Con una remera roja (el color del PT), Petra Costa es acompañada por sus padres a votar por primera vez en 2002, el año en el que Lula es electo. Y ahí empieza definitivamente el relato. 

Lula y Rousseff son los coprotagonistas de esta historia, pero aunque hay una afinidad, Costa no hace un documental proselitista, sino que deja que el material sea evaluado por cada espectador, tanto el capturado por ella misma, que incluye entrevistas a los dos exmandatarios y un seguimiento desde cerca durante el período de investigación y enjuciamiento de ambos por cargos de corrupción, así como por el archivo de imágenes de los últimos 30 años de vida política brasileña. 

Costa funciona como guía y como hilo conductor de la historia (no deja de ser su conexión con los vaivenes electorales y políticos de su país) pero ejerce también como ojo neutral, que participa pero no se mete en la historia de los presidentes, jueces, senadores y generales que llevan adelante la historia.

Del triunfo a la decepción

Más allá de su neutralidad, Costa no se cuida en el hecho de revelar su postura. El primer triunfo de Lula, que marcó la llegada de la izquierda por primera vez a la presidencia, llegó en un contexto de conciliación, ya que el mandatario electo llegó al gobierno con un discurso más moderado que en sus tres postulaciones anteriores, pero también de descontento con los partidos de centro y de derecha que venían gobernando hasta entonces.

La llegada del exsindicalista a la presidencia hace pensar en una nueva era para Brasil, y a pesar de los logros que se le reconocen, como la reducción de la pobreza, la aplicación de planes de asistencia social, y una mejora económica en el contexto mundial de crísis económica posterior a 2008, muy pronto también aparece la decepción. 

Costa lo plantea así en el documental: “Voté por Lula porque tenía la esperanza de que reformaría el sistema político con ética, y allí estaba, repitiendo las prácticas que siempre había criticado”, en referencia al escándalo Mensalao, vinculado a la compra de votos parlamentarios de parte de políticos del PT, que no contaba con mayoría en las cámaras del Congreso. 

Allí se establece la coalición junto al PMDB liderado por Michel Temer, que cobraría mayor importancia más adelante en la línea temporal de la historia brasileña reciente. 

Mientras se estrecha la mano con Barack Obama y Brasil encuentra una nueva plataforma petrolera que luego se convertirá en uno de los grandes focos de escándalo político, va emergiendo la corrupción, y la balanza se va inclinando hacia el otro extremo del espectro.

Y de a poco Costa nos introduce en el Brasil actual, dueño de una “grieta”, tan extrema y profunda como la que se ve en Argentina y que con menor intensidad se ve en el Uruguay que actualmente atraviesa un nuevo período electoral. 

De Lula a Bolsonaro, Al filo de la democracia pone ante los ojos del espectador menos familiarizado con los entresijos de la política brasileña, de una forma ordenada y clara los vaivenes de ese país. 

Pero también lo hace desde un punto de vista individual y personal -como marca el encuentro entre la madre de Costa y Rousseff- que ayuda a bajar a tierra algunos conceptos y a poner en perspectiva como ve el “pueblo” lo que sucede en las altas esferas. 

Costa está preocupada por Brasil. Le preocupa la emergencia de Bolsonaro y de figuras similares en otros puntos del mundo. Le preocupa que figuras como el diputado Jean Wyllys renunciara a su cargo y abandonara Brasil luego de recibir amenazas de muerte. Le preocupa que la corrupción sin importar partido haya llevado a los ciudadanos a rechazar a los partidos y a la política democrática y a volver a coquetear con el militarismo. Entre traiciones, sobornos, impeachments y escándalos, la de este documental es una historia removedora sobre la fragilidad de los sistemas, la ambición, y el vínculo entre los políticos y aquellos a quienes gobiernan.

Más de Costa
Otro de los documentales de la directora de Al filo de la democracia es Elena, estrenado en 2012. Relata su búsqueda de su hermana mayor, que se fue a Nueva York cuando ella tenía 7 años con la intención de convertirse en actríz, y desapareció para siempre.
Más del escándalo
Netflix ya encaró los dilemas políticos brasileños desde la ficción con la serie El Mecanismo, estrenada en 2018, y que este año estrenó su segunda temporada. Inspirada por el escándalo Lava Jato, aunque utiliza nombres y entidades ficticias.
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