La empresa Braskem, responsable del hundimiento, se dedica a la explotación minera de sal de roca.

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Alerta máxima en Maceió ante el riesgo de colapso en cinco barrios por una mina

La ciudad tiene un millón de habitantes y se hundió dos metros en tres días por los trabajos de la petroquímica Braskem
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02 de diciembre de 2023 a las 08:30

Una parte de Maceió, una ciudad de casi un millón de habitantes en la costa noreste de Brasil, se enfrenta a la posible catástrofe de desaparecer bajo tierra. Los problemas geológicos causados por la petroquímica Braskem, que se arrastran desde hace años, aumentaron en los últimos días e hicieron sonar las alarmas.

Cinco barrios están repletos de minas para la extracción de sal de roca para la fabricación de sosa cáustica y PVC. Hace tiempo que se detectaron infiltraciones, y el suelo se hunde poco a poco, lo que obligó a desalojar a 55.000 habitantes en los últimos años.

Las tranquilas calles de casas con jardín son ahora zona fantasma donde sus pobladores se fueron por peligro inminente. Las autoridades acordonaron la zona: el hundimiento parece inminente.

Defensa Civil del estado de Alagoas informó en una nota la noche del jueves que “estudios muestran que hay riesgo inminente de colapso en una de las minas monitoreadas”. En esta parte de la ciudad hay 35 minas, que son como pozos con una profundidad media de más de 800 metros.

La que preocupa especialmente es la número 18. Está en el barrio de Mutange, muy cerca de una laguna, en la que también se ha prohibido el paso de embarcaciones. La mina se hunde rápidamente, dos metros en los últimos tres días.

En noviembre se detectaron cinco temblores, que agravaron aún más la inestabilidad del subsuelo. La duda ahora ya no es si la superficie de los barrios va a ceder sino cómo y cuándo sucederá. La alcaldía decretó estado de emergencia durante 180 días e instaló un gabinete de crisis.

Defensa Civil dijo que podría formarse un cráter de 300 metros de diámetro. Además de tragarse un pedazo de la ciudad, el desmoronamiento vertería la sal del subsuelo en la laguna colindante, causando una tragedia ambiental en una zona de manglar.

En la zona más crítica no vive nadie desde hace tiempo, pero no muy lejos aún resistían 20 familias, desalojadas después de que una orden judicial colocara sus casas en la zona de riesgo. Los últimos vecinos habían decidido convivir con la posibilidad del desastre porque sus casas aún no estaban incluidas en la lista de indemnizaciones que pagó Braskem en los últimos años.

Un hospital también transfirió a sus pacientes, a pesar de que está a varias manzanas de la mina 18. Según el Ayuntamiento, de momento 83 personas han aceptado trasladarse a centros de acogidas municipales.

Este viernes, los vecinos de las favelas de Flexais cortaron el tráfico quemando neumáticos y ramas de árboles. Los residentes exigían desde hace años que se les reubicara en una zona segura, como a tantos otros vecinos indemnizados, pero siempre escucharon como respuesta que esa zona en concreto no corría peligro.

Para entender la alerta actual hay que remontarse a la década de 1970, cuando la empresa Salgema Industrias Químicas S.A (que luego se transformaría en Braskem) empezó a extraer la sal de roca en esta zona de las afueras de la ciudad, que por aquel entonces empezaba a urbanizarse.

Los problemas más serios empezaron en 2018, cuando las lluvias y un sismo posterior provocaron grietas en miles de casas y cráteres en las calles. Un año después, el Servicio Geológico de Brasil confirmó que la minería era la causa de la inestabilidad del suelo, y se empezaron a emitir las órdenes de evacuación.

Vaciaron más de 14.000 casas y la empresa empezó a cerrar las minas, que en los últimos años se han ido rellenando con arena para intentar dar algo de estabilidad.

El geólogo de la Universidad de San Pablo, Pedro Luiz Cortês dijo en declaraciones al portal UOL: “Esas áreas difícilmente podrán volver a ocuparse. Quizá alguna de ellas, después de vigilarla durante varios años, pueda constatar alguna estabilidad y podrá ser reocupada, pero no veo un futuro muy bueno en el sentido de reocupación y reurbanización. Tendremos una especie de Chernobyl brasileño, una ciudad desocupada por la fuerza de una tragedia y por la dificultad de restablecer la normalidad en el área afectada”.

(Con información de agencias)

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