El Grand Prix cerró hace 33 años y dejó una muchedumbre de recuerdos. Hace cuatro años, el empresario Martín Daian compró el terreno y después de una inversión total de US$ 450 mil estaba listo para abrirlo, pero tenía que tener un bombero presente en el cine durante las proyecciones hasta que obtuviera la habilitación definitiva. Pero la Dirección Nacional de Bomberos no tenía personal disponible.
Apareció el bombero y hay cine
La historia de una sala de barrio que no podía abrir por falta de disponibilidad de bomberos llegó a un final feliz y mañana el hombre que invirtió su dinero y esfuerzo en ella proyectará los rollos desde el mediodía