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Daniel "Coquito" Rodríguez fue campeón de América y del mundo con solo 16 años

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Bailó a Koeman y a Paco Casal, jugaba con zapatos prestados y se entregó al evangelio: la vida de Coquito Rodríguez

Jugaba con zapatos prestados, cazaba pájaros en Los Aromos, fue campeón de América y del mundo con 16 años, su hijo juega en Real Madrid, y hoy sale a evangelizar a la gente

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02 de octubre de 2021 a las 05:00

El barrio Buceo lo vio crecer ahí, casi al lado del cementerio. Eran ocho hermanos y Daniel “Coquito” Rodríguez, el menor de todos. “Éramos pobres, pero nunca nos faltó un plato de comida”, le comentó el campeón de América y del mundo en 1982 con Peñarol a Referí.

Tiene un buen recuerdo de su infancia, con las carencias “de un gurí chico”. Iba a la escuela Dinamarca y luego hizo la UTU en Flor de Maroñas para estudiar mecánico tornero. Se levantaba a las 4 de la madrugada porque entraba a las 7 y vivía lejos. Pero a los 12 años lo había contratado Peñarol luego de dejar el baby en el club Terremoto, y a los 14 empezó a entrenar con la Primera de Peñarol, por lo que no pudo hacer las dos cosas.

“Mi padre era basurero y mi madre limpiadora en casas. Además, mi mamá, Doña María, le vendía comida a los militares en el Batallón Florida -uno de los bastiones de aquella época que fue demolido con el advenimiento de la democracia en 1985- en plena dictadura. Vendía por el fondo porque no la dejaban pasar. Los militares se subían al muro y ella le vendía”, recuerda. A su vez, uno de sus hermanos lo llevaba en la bicicleta a repartir bizcochos “y yo le comía el dulce del relleno mientras lo esperaba que hiciera una entrega”.

El exjugador con un amigo en su casa cerca de la Curva de Maroñas

Un vecino, el Bocha Vienés quien era el tío de los Franco que jugaban en Huracán Buceo, fue su “mentor y mi segundo padre. Me llevaba a ver a Peñarol a la Olímpica y ahí miraba la Tercera y vi cuando jugaba Diogo y luego lo tuve en la habitación. Las vueltas de la vida”.

Todos sus compañeros de Terremoto se iban a jugar a Huracán Buceo, pero él prefirió esperar para ver si salía lo de Peñarol. “Al padre de Mario Picún le dije que no quería ir a Huracán Buceo, que quería ir a Peñarol”.

Le decían Nano y sus amigos más íntimos hasta hoy lo conocen por ese apodo y no por Coquito. “Era chueco y los enanos caminan chuecos, por eso me pusieron ese sobrenombre”.

Coquito Rodríguez jugando en baby fútbol en Terremoto; a su lado, Mario Picún, exarquero de Huracán Buceo y las selecciones juveniles, entre otros

De Nacional fueron 10 veces a buscarlo a su casa y él se escondía porque quería jugar en Peñarol. “’Daniel, te vinieron a buscar’, le decía siempre su padre, y él contestaba: ‘Decí que no estoy’”.

Llegó finalmente la oportunidad y en Las Acacias le hicieron una prueba un domingo de mañana y no durmió la noche anterior. El Bocha, su vecino y amigo, le dijo que estuviera a las 8 de la mañana en la puerta de su casa que él lo llevaba. “A las 6 y media de la mañana me paré en la puerta. Tenía una ansiedad tremenda”. Lo probaron en la Tercera con Lucho Borges, Hugo Vera, César Pereira, Elio Rodríguez quien después fue su compañero en Mandiyú de Corrientes. “Tenían unos lomos enormes, pensé que no quedaba. Hice un gol y me empecé a sentir bien, y luego erré un penal. Terminó el partido y Walter Santolo que era el técnico le dijo al Bocha que yo me quedaba ahí, porque tenía que ir al Palacio para que me ficharan. Cuando lo dijo, se me cayeron las lágrimas. Cuando llegué a casa, me estaban esperando todos los vecinos, fue lo más bonito que me pasó”, dice.

Daniel "Coquito" Rodríguez en sus primeros pasos en Peñarol, al cual llegó a los 12 años y debutó con 14 en Primera división

Con 14 años, Luis Cubilla lo hizo debutar en Primera ante Fénix. Se lesionó el Tato Ortiz y lo llamaron para concentrar. El Maño Ruiz lo fue a buscar al Buceo. “¿Qué tengo que llevar, papá?”, le consultó Daniel a su padre. “Lleva un calzoncillo y la ropa que tengas. Andate solo al Palacio, tenés que hacerte grande, es tu vida”, le contestó.

Y añade: “Eso me ‘pegó’ en ese momento, pero se lo agradezco hasta hoy porque me hizo crecer. Me tomé el ómnibus y llegué al Palacio y de ahí salía otro para la práctica. Llegué una hora antes. Pensaba ‘¿quién estará ahí?’. Cuando llegué estaban Bossio, Saúl Rivero, el Lagarto Morales y Miguel Peirano”.

En aquel debut contra Fénix con solo 14 años, estuvo a punto de convertir un gol “que hubiera sido un golazo”.

Con el paso de los años se enteró quién fue el que lo marcó aquella tarde como lateral derecho. “Un día me encontré con Paco Casal y me preguntó: ‘¿Sabés quién te marcaba el día de tu debut? Yo. No te podía agarrar ni loco’”, le dijo el actual empresario futbolístico y televisivo.

Coquito contó muchas anécdotas de su vida dentro y fuera del fútbol

Los primeros zapatos se los prestó un amigo, Jorge Cola, quien jugaba en River. “Los míos eran muy viejos y él tenía unos Sacachispas. Él jugaba normalmente los sábados en Tercera y yo los domingos. Ahora mi hijo tiene siete pares de zapatos”.

Elio Rodríguez, el padre de Déborah y Ángel -exjugador aurinegro- fue quien le puso Coquito. Es que su padre lo rapaba pese a que a él no le gustaba, en la misma peluquería a la que concurría una gloria aurinegra como Juan Joya. Elio, la primera vez que lo vio en Las Acacias dijo: “Tiene la bocha como un coco”.

Toda la juventud de Coquito Rodríguez a sus 16 años jugando la final de la Copa Libertadores en 1982 contra Cobreloa

Jugó dos Sudamericanos juveniles con Uruguay y las dos veces se fracturó el peroné.

Jugaban un amistoso en Cochabamba, Bolivia, y cuando pasaron el himno de Uruguay “se me empezaron a caer las lágrimas, no sé por qué. Cinco minutos después, seguía llorando. Un sentimiento que fue increíble. Me fracturé el peroné en el debut contra Chile”. En ese equipo que dirigía el Pepe Etchegoyen, jugaban, entre otros el Pato Aguilera, Ruben Sosa y Gerardo Miranda.

La segunda vez se fracturó en el Sudamericano de 1985 en Paraguay. “Me habían llamado de Peñarol que llegábamos y nos íbamos para una gira a Italia. Inter de Milán estaba detrás de mí y por eso se hacía la gira. (Lothar) Mattheus y (Karl-Heinz) Rummenigge jugaban entonces allí. Pero no pude ir por la lesión y en mi lugar fue el Cabeza Zalazar”. En esos días, Peñarol había traído a prueba a Eduardo “Dito” Da Silva que vivía en la pensión del club, y Coquito se lo llevó a vivir a su casa. “Lo hice porque lo quería Nacional y yo no quería que se lo llevara”, cuenta.

Admite que su “asignatura pendiente fue la selección. Esperemos ver si mi hijo cumple mi sueño frustrado”.

Daniel Rodríguez hoy trabaja como captador de futbolistas para el hijo del Bomba Cáceres que es representante

Es que su hijo Álvaro tiene 17 años y mide 1,92, y actualmente, luego de haber defendido a Girona, juega en el juvenil B de Real Madrid y el fin de semana pasado marcó un gol. “Estoy muy feliz por él. Lo sigo más ahora que cuando estábamos allí. Yo soy hincha del Madrid y lo veía con él. El Señor es una cosa increíble”.

Cuenta que Fernando Morena fue su “padre futbolístico, me guió, me enseñó cómo moverme en el fútbol y fuera de él. Lo primero que me dijo fue: ‘Coquito, cuando tengas un pesito, lo primero que tenés que hacer es comprar una casa, nada de coches. No solo a mí, a Bossio y a otros”.

Coquito Rodríguez y Fernando Morena festejan el título de la Copa Libertadores 1982

Juan Carlos, su padre, había comprado un terreno, y el chiquilín que había ganado sus primeros pesos importantes con solo 15 años, le dio el gusto a su mamá, Doña María y le construyó allí la casa.

“Ella era de Melo y quería tener terreno. Allí tenía limonero, naranjero, uvas, gallinas, pájaros. Le cumplí el sueño. En aquella época no me daba cuenta de lo que significaba eso, de más grande me sí lo hice y me da una alegría enorme. Me di cuenta de lo feliz que fue. No pude estar en su fallecimiento porque estaba en España. Mi papá también disfrutó de la casa. Le encantaban los pájaros y yo en Los Aromos iba con jaulas y le cazaba algunos. Llegó a tener entre 200 y 300”.

Daniel "Coquito" Rodríguez celebrando en el ómnibus que los trasladaba desde el estadio al hotel de Santiago de Chile, al lado del Tato Ortiz y del presidente Washington Cataldi la obtención de la Libertadores 1982; aparece en la foto gran parte del plantel como Bossio, Peirano, el Tano Gutiérrez, Jair, Diogo, Juan Vicente Morales y Morena

Daniel es sobrino de Climaco Rodríguez, un emblema de Defensor, quien luego de jugar en la Tercera de Peñarol jugó allí y logró el primer título violeta en el profesionalismo: la Copa Artigas de 1960.

“Hugo Bagnulo lo hizo famoso cuando ganaron esa copa y luego me tuvo a mí. El Hugo me adoraba por mi tío y siempre fue como un segundo padre”, explica.

Salvo él, no hay nadie que haya sido campeón de América y del mundo con 16 años.

Coquito vivió más de 20 años en España antes de regresar al país en 2016

Así recuerda aquellos momentos: “A esa edad, es difícil darte cuenta de las cosas que estás viviendo. Hicimos la pretemporada en La Paloma con el profe Kistenmacher que era un fenómeno. Me decía que tenía que comer para fortalecerme. Un día estábamos todos sentados y el Indio (Olivera) dijo: ‘Si somos campeones este año de la Copa, va a ser recordado para toda la vida y nos vamos a dar cuenta después de viejos. Ya van a ver que no nos vamos a enterar’. Y es verdad, no me di cuenta de lo importante que habíamos logrado hasta cinco o seis años después. ¡Qué razón tenía el Indio!”.

Jugó el clásico de los ocho contra 11 en que Peñarol venció 2-1 a Nacional. Aquella noche, Diego Aguirre entró por él a los 65 minutos.

Coquito Rodríguez besa la Copa Intercontinental ganada en 1982, al lado del capitán, el Indio Olivera

“Me agarré una calentura bárbara porque el Maestro (Tabárez) me sacó. Él siempre fue para adelante, no especulaba. Puso a Diego y no tenía nada que ver conmigo, él era ‘9’ y ahí te das cuenta que quería ganar con su mentalidad. Y le salió bien”, dice.

Y agrega: “El clásico es la vida. En Peñarol siempre me inculcaron, es lo más importante, es el momento que se para el país, o te hundís dentro de tu casa o salís con una sonrisa por el barrio como si fueras un héroe. Con Nacional no perdí ni en inferiores, ni en Primera división. Es el partido que tenés que reír o llorar, es un sentimiento, eso es lo que me enseñaron en Peñarol. Ganarle a Nacional es más que un campeonato”.

Pablo Bengoechea, cuando jugaba en Wanderers, se estrecha la mano con Coquito Rodríguez

En 1987 sostiene “me separé de Tabárez. Era titular indiscutido. Como en 1982, hicimos la pretemporada en La Paloma, me preparé como nunca para esa Copa Libertadores y jugábamos yo, Diego (Aguirre) y (Jorge) Cabrera. El Chueco, Da Silva y Matosas en el medio. Cometí un error que fue grave y el Maestro es muy rígido. Antes de la última práctica para viajar a Lima (para enfrentar a Alianza Lima y San Agustín), me fui a la casa de unos amigos en el Prado, y se me hizo tarde. El ómnibus salía como a las 2 de la tarde. Mis amigos me dijeron que me llevara un coche, y lo dejara en el Palacio. Y justó allí se me rompió. Llamé a Manolo Facal para que avisara que llegaría tarde a Los Aromos porque no podía dejar el auto de un amigo. Llamé a un mecánico y esperé a que llegara y lo arreglara. Cuando terminó, me tomé un taxi hasta Los Aromos que me costó una fortuna, pero llegué y había terminado el entrenamiento”.

Daniel "Coquito" Rodríguez con un amigo, Ruben Silva, quien por entonces defendía a Huracán Buceo

¿Cómo continuó todo? “El Maestro me preguntó qué pasó y le expliqué y me dijo que debía haber dejado el coche para estar en el entrenamiento. Me sacó del equipo y puso al Zurdo Viera. Yo igual viajé a Lima y estuve en el banco de suplentes, pero estaba recaliente. El Maestro me quería mucho y confiaba en mí, pero también quedó caliente conmigo. Yo era el ídolo de su señora y un día ella me lo dijo. “Me encanta cómo jugás”, me indicó un día después de un partido”. En ese contexto y desde el punto de vista estadístico, se puede decir que Coquito Rodríguez ganó entonces dos veces la Copa Libertadores, porque también integró el plantel de 1987, aunque no jugó.

Días después lo llamó el Bomba Cáceres que fue otro hermano futbolístico en su vida, “un pilar, porque hasta ahora me sigue aconsejando en todo”. Cáceres le comentó que jugaba en Mandiyú y Coquito le preguntó: “¡Eso qué es?”. Y allí le explicó que era un club de Argentina que buscaba ascender y que había seis uruguayos: además del Bomba, estaban Daniel Martínez, Elio Rodríguez, Daniel Oddine, Pedro Barrios, Servando Marrero. Y me fui de Peñarol de jugar Copa Libertadores a la B Nacional argentina. Era una patriada y salió bien porque ascendimos”.

En Mandiyú de Corrientes, Daniel Rodríguez jugó con seis uruguayos más: Pedro Barrios, Elio Rodríguez, el Bomba Cáceres, Daniel Martínez, Daniel Oddine y Servando Marrero

Volvió a Peñarol y en 1988 se fue de gira a Europa. Jugaron el Trofeo Joan Gamper que organiza Barcelona y enfrentaron al local y por el tercer puesto, a PSV Eindhoven de Holanda. “Fui goleador con tres goles, ya que anoté uno contra Barcelona, y pese a que me marcó (Ronald) Koeman, le hice dos goles. Ese día me salió todo. Pocos días después, (Johan) Cruyff le pidió a los dirigentes de Barcelona que compraran a Koeman y formó el gran equipo. Álvez me dijo: ‘Coco, si no te venden ahora, no te venden nunca más’. Me quería Barcelona, pero (José Pedro) Damiani no me había querido vender, había pedido mucho dinero. Barcelona ofreció US$ 500 mil y Damiani pidió US$ 800 mil, me dijo Minguella, mi contratista que era el de Guardiola y de todos los de Barcelona”.

Entonces lo llevó a Rapid de Viena de Austria a través del tremendo goleador Hans Krankl, quien había jugado en Barcelona. “Me hice muy amigo de él”, cuenta.

Como no jugaba demasiado en su nuevo club, le pidió a su contratista cambiar de aires. Así, lo llevó a Palamós que estaba en la Segunda de España. Situado a 100 kilómetros de Barcelona, se trata de una ciudad turística.

El pasaje de Coquito Rodríguez por Palamós en la Segunda división española

“Pepe Costa que anda todo el día al lado de Messi, y es la mano derecha de él, es uno de mis mejores amigos, jugaba conmigo en Palamós. Jugamos Copa Catalunya contra Barcelona de Cruyff, perdimos y yo le hice dos goles. Ellos tenían, entre otros a Bakero, Beguiristain, Stoitchkov y le hice dos a Zubizarreta. Me quedé a vivir más de 20 años”, recuerda.

Uno de los arqueros más emblemáticos del fútbol argentino, el Loco Gatti, quien jugó en River y en Boca, lo invitó a su partido despedida.

Así lo explica: “Erré un penal medio condicionado con él. Me hicieron el penal y él empezó a gritarme Coquito, tirámelo para la derecha así nos reímos un rato, y Alonso no quería. Era loco de River y me decía ‘matalo’. Se lo tiré despacio a ese palo y Alonso estaba malísimo conmigo. Jugaron Ruben Paz, Olarticoechea, Brindisi, Ortega Sánchez, uno de los técnicos era Griguol. Ahí me salió el pase a Atlético Tucumán”.

Tras jugar en ese equipo y luego en Chaco For Ever, llegó a Deportivo Morón, en donde vivió peripecias complicadas con la barra brava.

Tuvo la posibilidad de jugar en equipos importantes de Europa como Barcelona e Inter de Milán, pero por distintas causas, los pases no se dieron

Allí se retiró del fútbol porque por más que fuera el goleador, los barras “iban a la tribuna en las prácticas con armas y el primer día que llegué se me aparecieron dos en la puerta del estadio. ‘¿Vos sos Coquito?’. Me pidieron plata. ‘No sé si te hablaron de la cuota’, insistieron. Fui a hablar con el capitán y me dijo que todos los jugadores ponían. Todos los meses tuve que poner. Nunca me asusté porque no se metieron nunca conmigo. Cadena era uno de los capos me acuerdo y yo lo trataba de calmar”.

Coquito hoy trabaja en el fútbol. Lo hace con Pablo, el hijo del Bomba Cáceres, que es representante de jugadores en Argentina y es uno de los dueños de Sud América. “Yo lo ayudo en la captación de futbolistas. Lo vi nacer y lo quiero como si fuera mi hijo”, explica.

Álvaro, el hijo de Coquito Rodríguez, hoy defiende la camiseta de Real Madrid

Su vida ha cambiado radicalmente. Va tres veces por semana a la iglesia universal, y sale a evangelizar a la gente.

“Me han aconsejado muy bien y me llevan muy bien, me han hecho ver la realidad de la vida. Yo nunca había ido a la iglesia, no sabía lo que era una biblia y lo lindo que es la vida y lo complicado que la hacemos. Leo la Biblia todos los días. El significado de la vida. Me hicieron ver las cosas simples de la vida, no las complicadas. Antes pensaba más en lo natural, ahora pienso más en la persona. Cada vez que voy es un motivo de palabras para adelante, con cordura, me hablaron con la realidad y con la verdad. Voy tres veces a la semana, salgo a evangelizar y explico el evangelio a la gente”, sostuvo.

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