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Barry es una de las mejores (y más oscuras) series cómicas del año

Estrenada en HBO a principios de año, la serie sigue a un sicario (Bill Hader) que encuentra su verdadera pasión en el teatro

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08 de julio de 2018 a las 06:00

Todo gira en torno al propósito. Cuando está, la vida se hace más fácil, se convierte en un camino de ida sin demasiadas curvas y con un destino puntual. Se puede demorar más o menos en llegar, pero se llega. Cuando el propósito no está, cuando el descarrilamiento está latente y la contención al costado del camino no es lo suficientemente fuerte, es probable que el viaje tenga turbulencias. Estas dependerán de cada viajero, de cada persona, pero seguramente sacudirán un trayecto que no tiene meta ni por qué. Si no hay propósito, casi que no hay nada por lo que valga la pena levantarse cada día. Y Barry no tiene propósito.

En su momento puede que haya sido matar a la mayor cantidad de insurgentes terroristas en Afganistán o Irak o donde sea que haya hecho el servicio con los marines. En aquellos momentos, su propósito podría haber sido servir a su país. Pero ahora está perdido. Descarrilado emocionalmente. O anestesiado, en stand by. No es un problema de plata, tampoco es que no tenga nada que hacer. De hecho, siempre tiene algo que hacer. Un objetivo nuevo, un activo que tiene que eliminar.

Barry, ahora, es un sicario. Va adonde su empleador le diga, carga el arma, apunta y mata. Pero eso no es un propósito. No, no lo es. Barry mata personas con el mismo interés con el que juega al playstation. Limpia cadáveres con el mismo reparo con el que junta sus calzoncillos del suelo. Su cuerpo parece ser una cáscara vacía que se mueve al ritmo de un titiritero invisible, que lo empuña como un arma infalible a favor del que le pague mejor. Es efectivo, sabe disparar y no deja rastros. Es, tal vez, el mejor asesino a sueldo que hay en la vuelta de Cleveland. Pero nada de aquello lo emociona. Nada le da un motivo para levantarse al otro día.

Un trabajo distinto lo lleva a Los Ángeles. Tiene que matar a un tipo normal que se metió con la mafia chechena. La cosa es diferente; aquel objetivo no es un mafioso, ni un delincuente, ni un insurgente, ni nada parecido a todo lo que ha muerto bajo su cañón humeante. Pero sigue. Es su trabajo. No lo cuestiona.

Resulta que el hombre es un actor de teatro amateur. Y sin entender muy bien cómo, Barry pasa de perseguirlo con el arma cargada, a audicionar ante un estrafalario grupo de actores fracasados, dirigidos por un todavía más fracasado director. Y mientras repite las líneas de un guion que le ponen en las manos, mientras recibe consejos sobre cómo respirar y memorizar y al mismo tiempo que siente los tímidos aplausos de sus ahora nuevos compañeros de elenco, Barry comienza a sentir algo nuevo en el pecho. Es una presión distinta, no duele, no lo incomoda. Lo reconforta. No recuerda la última vez que se sintió así. Y su boca, desacostumbrada a sonreír, comienza a estirarse. Lo encontró. Es su propósito. Al fin. Su vida está allí, en el teatro.

De lo mejor del año

Barry es otra prueba de que HBO también rinde a toda máquina cuando tiene solo media hora para desarrollar una serie. Ya probó antes con las comedias Veep y Silicon Valley, y ahora con Barry despeja cualquier duda. La serie –que tiene ocho capítulos y que se pueden ver todos en la plataforma HBO Go y varias de las de los operadores de cable– es una nueva producción de Alec Berg, escritor y productor que de comedia sabe mucho: estuvo detrás de series como Seinfeld, el show de Larry David y la mencionada Silicon Valley. Pero la realización también tiene otro nombre clave detrás y delante de cámaras: Bill Hader.

Conocido principalmente por sus sketches en Saturday Night Live, Hader se encarga de dar vida al personaje de Barry, de la producción, de la escritura de sus episodios y de la dirección de tres de ellos. En resumen, es el todoterreno que impulsa a la ficción.


Pero además, desde el punto de vista actoral, Hader destaca como nunca lo hizo. La cantidad de roles –en general, secundarios– en los que se ha metido a lo largo de su carrera dificultan la siguiente aseveración, pero este rol seguramente termine siendo uno de los mejores de su carrera.

Alto, tristón y torpe para relacionarse, Barry es un hombre que no puede optar entre matar y actuar porque su contexto le recuerda permanentemente que él es un asesino y nada más, pero tampoco puede continuar viviendo la vida entre dos mundos incompatibles que se rechazan y repelen. Las dudas, la pena y la culpa lo carcomen cuando estos dos universos chocan y las secuelas comienzan a desplegarse. Y allí es cuando surge lo mejor de Hader y la serie. En la dualidad entre el asesino y el actor. Entre el monstruo sin sangre y el hombre de carne y hueso. En la triste lucha interna de un alma casi perdida.

Hader –que tiene 40 años y que estará en la secuela de It– lidera, entonces, una historia oscura y llena de matices, con un personaje todavía más oscuro y profundo, pero que se balancea a la perfección con toques de comedia ácida y certera. Estos momentos más satíricos empardan el dramatismo del resto de la serie, que no escatima en acción, tiroteos y muertos.

Las sonrisas, entonces, están; al fin y al cabo, es una comedia. La mayoría de ellas –contadas pero significativas– aparecen sobre todo por el personaje de NoHo Hank (Anthony Carrigan) –un mafioso checheno que se roba cada una de sus escenas–, y en los intentos del personaje de Barry de parecer un tipo corriente.

Tal vez lo más interesante de Barry es la transformación de sus personajes a medida que avanza la serie y que escapa a todos los clichés característicos de este tipo de producciones. No los hay en la historia romántica que tiene Barry con una pasional actriz de teatro; tampoco están en la investigación policial que atraviesa a la trama; menos aún, aparecen en el arco del personaje de Hader.

Con un ritmo que avanza sin pausa y un elenco donde todos brillan aunque sea unos minutos, Barry apareció a principios de año como una de las apuestas de HBO para 2018. Con la mitad del año terminada, sigue siendo de los estrenos más destacados en materia de series y una de las mejores comedias que hayan salido de la pantalla de HBO en los últimos años. El nombre de Hader ya empezó a sonar fuerte entre los candidatos al Emmy, y quien escribe desea de todo corazón que eso pase. Sería un premio justo para alguien que encontró su propósito en la comedia hace tiempo y que regaló una de las mejores producciones de la televisión de 2018.

Top 3 de la serie

Bill Hader

Conocido por sus participaciones en el histórico Saturday Night Live, Hader demuestra en Barry que puede liderar una ficción propia sin ningún problema y con una de las mejores interpretaciones del 2018 en la TV.

Anthony Carrigan

Carrigan interpeta a NoHo Hank, el ayudante del capo de la mafia chechena en Los Ángeles. Refinado y con un sentido del humor muy positivo y exaltado, su personaje se cuenta entre los puntos altos de la serie.

Henry Winkler

Es el profesor Gene Cousineau, el fracasado director del teatro al que cae Barry. Sin embargo, y pese a una frustrada carrera en el cine y las tablas, Cousineau está convencido de ser el mejor. Es uno de los personajes más divertidos y tristes de la serie.

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