7 de octubre de 2011 19:01 hs

Cuando Victoria va a un restaurante, su acompañante tiene que leerle el menú. Su ceguera, pero sobre todo el hecho de que no haya ninguna carta en braille le impiden algo tan sencillo, cotidiano y hasta imperceptible para quien lo tiene incorporado, como leer las opciones de comidas y bebidas y elegir con tranquilidad lo que quiere. A Roberto le pasa lo mismo, pero él necesitaría un menú con la letra grande y en negrita.

Miles de uruguayos –según la Unión Nacional de Ciegos (UNCU) hay aproximadamente 10.000 personas ciegas y 40.000 con baja visión en el país– se enfrentan a situaciones semejantes cada vez que van a tomar algo o intentan disfrutar de una propuesta artística. Su exclusión se extiende al ámbito cultural y social.

Desde el martes 20, la incorporación de menús accesibles para personas con discapacidad visual en Pizza Blas de Punta Carretas Shopping, La Pasiva de Punta Carretas Shopping, La Gayola de Punta Carretas Shopping, La Cigale, el Oro del Rhin, Bonafide, Costa Azul, La Claraboya de Montevideo Shopping, La Pasiva de Portones Shopping, Porto Vanila, Don Peperone, Hotel Sheraton Punta Carretas y en Il Mondo della Pizza le permite al individuo ciego o con baja visión optar entre diferentes opciones donde puede leer la carta y elegir, por sí mismo, lo que quiere consumir.

Estas empresas incorporaron menús en braille y en macrotipos (letra grande para personas con baja visión), que se realizaron en el Instituto ALEH de Israel. Es que este proyecto, que se enmarca en el programa “Compromiso de Accesibilidad” que desarrollan las intendencias de Montevideo, Canelones y Maldonado, surge de una iniciativa de la Embajada de Israel con el apoyo de la B’nai B’rith y el compromiso de dichos comercios.

Sin embargo, estas impresiones podrían haberse hecho en Uruguay, donde funciona una imprenta en braille reconocida en el exterior, pero que sigue teniendo dificultades para difundir su labor en el país.

“No imprimimos en Uruguay porque en realidad no teníamos conocimiento hasta ahora de que hubiese una imprenta en braille en el país, por eso decidimos hacerlo en Israel donde recurrimos a una fundación llamada ALEH de personas no videntes y allí realizaron la impresión de los menús”, afirmó la administradora de la Embajada de Israel en Uruguay, Silvia Edelstein.

“Ahora que sabemos que existe esa posibilidad estamos aconsejando a los propietarios de los restaurantes que a la hora de realizar cambios de menú, ya sea de precios como de opciones de comida, se contacten con la Fundación Braille del Uruguay (FBU) para la impresión”, agregó.

Braille en Uruguay
La única imprenta en braille uruguaya se encuentra en la FBU, una institución que se creó en 1978. Sin embargo, el encargado de producción, Alejandro Schinca, aseguró que la imprenta “existía desde mucho antes” pero “en aquel momento, imprimía únicamente braille”.
Hoy también producen material en tinta y en audio desde el año 1985 cuando realizaron el primer libro hablado. Desde ese entonces, la fundación ha generado una biblioteca de libros grabados con más de 3700 títulos.

En su origen eran cassettes y se prestaban, pero desde 2006 están grabando en formato digital, lo que les permite también prestar CDs. En la actualidad, en la imprenta están trabajando en la recuperación del material analógico, una tarea que, según Schinca, tomará “varios años”.

Mientras surgieron esas novedades, también se popularizaron las impresoras braille en países que no tenían una imprenta. Tal como sucedió con la impresora de tinta, la de braille le permitió a la gente realizar tirajes cortos. Pero aunque esto puede ser positivo pues “resuelve el tema del material inmediato de bajo tiraje”, “no permite hacer un libro porque llevaría muchísimo tiempo de producción”, sostuvo el experto.

Es que imprimir en braille requiere, además de la traducción del texto, que se puede hacer de modo automático, su adaptación. Schinca advierte que la edición y diagramación es clave para la comprensión del libro. Un proceso que requiere más tiempo cuando se trata de una publicación infantil con dibujos que agregan sentido al texto.

El desafío de esta tarea también radica en jerarquizar la información. Y para eso “no tenés negrita, itálica, subrayado ni colores”, explicó Schinca, quien sin estos recursos debe “diagramar de una determinada manera para diferenciar, por ejemplo, un título de un subtítulo”.

Más allá de las dificultades la imprenta, donde hoy trabajan nueve personas, sigue produciendo en cantidad. “Mayoritariamente cuando imprimimos es para Uruguay pero también para todos los países de habla hispana. Cuando hacemos libros, a veces realizamos 500, 1000, 1500 o 2000 ejemplares”.

Un límite: el dinero
“El límite de la producción es el dinero”, sostuvo Schinca al explicar que si tuviera personal, horario y materiales podría producir “mucho más” de lo que la imprenta genera hoy, “que es poco para la potencialidad que tenemos”.

Pero esto no significa que imprimir braille sea caro. “No es costoso comparado con la tinta”, afirmó. “Es caro porque los tirajes son bajos con respecto al resto de la población”. Esto justificaba que cuando recibían pedidos del exterior produjeran para toda América Latina.
Schinca aseguró que ahora están generando muy pocos materiales por cuestiones económicas.

“Cambió la fuente de divisas para producir. Hasta hace muy poco los proyectos eran del extranjero. Europa nos financiaba porque nosotros podíamos producir en cantidad y cubrir América Latina. Pero estos países ya no son prioritarios para las ayudas europeas. Ese dinero se ha reorientado”, explicó.

Estos cambios llevaron a la imprenta a un proceso de reconversión para empezar a trabajar dentro de Uruguay, por ejemplo, y como ya lo ha hecho, para organismos del gobierno.
¿Falta de materiales o de hábito de lectura?

El hecho de que haya incontables textos inaccesibles para las personas ciegas y con baja visión puede generar desmotivación e impedir la creación de un hábito de lectura.
Sin embargo, la presidenta de la FBU, Antonia Irazábal, aseguró que como el material braille es cada vez más reducido a nivel mundial, “no sabemos qué está primero: si las personas ciegas no leemos braille o si no leemos porque no hay qué leer”.

Se ha producido un desfasaje muy perverso en el sentido de que los niños uruguayos reciben libros de la fundación -en la medida que nosotros podamos hacer proyectos para dárselos- pero no hay una política que implique que cada libro infantil pueda tener una versión accesible, ni siquiera los escolares”.

Por eso señaló que no sabe si la desmotivación de la persona ciega para leer braille tiene que ver con el deseo y con el gusto de la lectura o con el nivel reducido de la propuesta que tienen. En su opinión, “la disponibilidad también atenta contra el gusto por la lectura”. En este sentido, Irazábal sostiene que “tenemos que apostar a poder pensar que el eje para revertir esta situación tiene que estar en cambiar la mirada desde donde partimos. Ya no podemos partir de cuántos son y cuántos libros se necesitan. Hay que cambiar la mirada de la necesidad hacia el derecho”.

Por eso cree que las iniciativas como la de la Embajada de Israel de incluir menús para ciegos y personas con baja visión en restaurantes, “son muy positivas no solo por el material en sí, que va a ser un servicio diferencial y va a posibilitar que nos sintamos más cómodos dentro de un ámbito público, pero sobre todo porque son señales que empiezan a poner este tema sobre la mesa”.

Según dijo, “no podemos tomar como dato exclusivamente cuántas personas son las destinatarias sino que tenemos que hacernos cargo de que el 100% de la población necesita equidad en el acceso a la información que se difunde y equiparar los derechos en el acceso a la cultura, que es un derecho humano”.

Irazábal está convencida de que en este sentido, el material braille “es un derecho de la ciudadanía y del que toda la sociedad se tiene que hacer cargo. Tendría que ser una regularidad que todos los materiales que se editan de interés público estuviesen en versiones accesibles para toda la población, incluyendo el braille y el audio”, concluyó.

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