Tres días después de que Uruguay enfrente a Bolivia por la Copa América, y unas horas antes de que juegue contra Estados Unidos, el último domingo de junio, los uruguayos estarán llamados a las urnas. Pero no obligados. Del estado del tiempo en esa jornada de un invierno que recién estará comenzando, de la capacidad de los partidos políticos para movilizar a sus correligionarios, y hasta del humor del momento dependerá la participación ciudadana. Una instancia electoral que, salvo en 1999, jamás convocó a más de la mitad de los habilitados para votar.
Entre las colectividades políticas con representación en ambas cámaras parlamentarias, el Partido Nacional es el menos proclive a que las internas —o primarias, como les llaman en otros países— sean obligatorias: el 58% está en contra.
No es casualidad. Los blancos son, desde hace tres elecciones consecutivas, los que más convocan en esa instancia. Sucede que del resultado de estos comicios se desprende el orden de diputados en las listas que competirán en las nacionales, al tiempo que las conformaciones de las convenciones son clave para la definición de los candidatos a intendente de cada departamento.
Cabildo Abierto, donde todavía no ha aparecido nadie que desafíe el liderazgo de Guido Manini Ríos, también tiene una mayoría opositora a la obligatoriedad de los comicios (solo un diputado manifestó su acuerdo).
En cambio, en el Frente Amplio y el Partido Colorado están más afín a exigir la obligatoriedad del voto en las internas.
La interna del partido de coalición de izquierda se caracteriza por el peso del voto de la estructura militante y la tracción de las listas más históricas. Tal es el caso del buen desempeño que suelen registrar las listas de los centenarios Partido Socialista y Partido Comunista, mientras que el MPP, que es desde hace varias elecciones la lista más votada del país en octubre —aventajando por varias bancas a adversarios y compañeros— no logra reflejar la proporción de su peso electoral en las internas.
Esa realidad ha signado en los últimos meses la discusión estratégica entre quienes respaldan a Yamandú Orsi, más afines a dirigir la campaña hacia un electorado más amplio, y quienes apoyan a Carolina Cosse, alineados en capitalizar del mejor modo posible a la militancia frenteamplista, dejando para una segunda etapa la campaña en busca de un voto prestado de colorados y blancos.
De todos modos, los resultados de la encuesta de El Observador hacia todos los legisladores no muestran un sesgo en clave de candidatura respecto a si están o no de acuerdo con que las internas pasen a ser obligatorias. A nivel global, algo más de la mitad de los legisladores frenteamplistas se manifestaron a favor de que así sea.
En el Partido Colorado esa adhesión es todavía mayor (67%), aunque pueden existir dos sesgos: es la colectividad en que menos legisladores respondieron y el universo de diputados y senadores es más pequeño que otros partidos.
“La piedra en el zapato”
Las elecciones internas son el dolor de cabeza de las consultoras de opinión pública. Tienen que estimar cómo se va a comportar la ciudadanía en una instancia en que no es obligatoria su participación, con el agravante que, “por vergüenza”, muchos encuestados responden que irán a votar y no lo hacen. De ahí que las politólogas Rosario Queirolo y María Fernanda Boidi digan que se trata de “la piedra en el zapato” de las encuestas electorales: No s precisas al "estimar tanto los niveles de participación como la proporción de votantes que sufragaría en la interna de cada partido político”.
La obligatoriedad del voto en las internas les ahorraría a las consultoras ese dolor de cabeza. También les quitaría a los partidos políticos la responsabilidad de movilizar a su militancia. Pero, advierten los académicos, podría entorpecer el resto del ciclo electoral.
Como ejemplo, suelen citar el caso argentino; donde la sigla PASO cuenta con la letra “o” de obligatorias. Es una especie de termómetro casi exacto de cómo se plantará el electorado en la instancia general, haciendo que, si el oficialismo vota muy mal, el gobierno queda en un jaque durante los meses que separan una instancia electoral de la otra.
No solo eso: el mismo votante que se queja de un ciclo electoral “largo” (incluyendo nacional, balotaje y departamentales), tiene que sumar al calendario otra cita obligatoria (lo que puede redundar en un cansancio cívico).
Pero el “argumento más fuerte de quienes están en contra de la obligatoriedad es que las internas son un momento en que se definen los candidatos de cada partido, por tanto tienen que votar los más involucrados, los de casa”, explica Queirolo.
Las internas en simultáneo, en que solo se puede votar una vez y dentro de un solo partido, con la organización de la Corte Electoral existe desde la reforma de 1997 (y se aplicó por primera vez en 1999).
Antes hubo un “experimento” que nació por necesidad de la dictadura. Cuando los militares perdieron el plebiscito de 1980, tuvieron que negociar cómo era la salida del régimen. Pero, ¿con quién negociar? La mayoría de los líderes de los partidos estaban proscriptos y, encima, las cúpulas militares no confiaban en su legitimidad representativa. Por tanto, decidieron convocar a internas simultáneas (para que los ciudadanos no influyan en las decisiones de otros partidos) y con el aval de un organismo estatal de contralor.
"(Soy) absolutamente firme defensor de las internas obligatorias. Creo que cometimos un error los uruguayos cuando hicimos la última reforma electoral al proponer o al establecer elecciones internas optativas y nacionales obligatorias", había dicho el fallecido Danilo Astori (Frente Amplio) tras la magra participación de las últimas elecciones internas.
Pablo Mieres, del Partido Independiente, opinó lo opuesto: “Muchísima gente no tiene adscripción partidaria, entonces, ¿por qué lo vas a obligar a decidir en un partido si él no pertenece a ningún partido? Está bien que sean voluntarias. Lo que debería ser es que cada partido pudiera definir de qué manera elige sus autoridades y su candidato”.
¿Cómo lo hicimos?
El Observador encuestó, mediante un formulario de Google, a los senadores y diputados actuantes durante la mayor parte de la legislatura en 2023. El relevamiento, realizado entre el 29 de agosto de 2023 y el 16 de enero de 2024, contó con las respuestas de 123 de 130 legisladores.
No respondieron la encuesta porque se opusieron a la misma: Carmen Asiaín (Partido Nacional, quien fue sustituida por su suplente Jorge Saravia), Carmen Sanguinetti (Partido Colorado), Raúl Batlle (Partido Colorado), Silvana Pérez Bonavita (Cabildo Abierto). No contestaron porque, tras sucesivos intentos de comunicación, nunca respondieron: Óscar Andrade (Frente Amplio), Álvaro Lima (Frente Amplio), Wilman Caballero (Cabildo Abierto), y Valentina Dos Santos (Partido Nacional).
El cuestionario incluyó nueve preguntas de opinión con múltiple opción y 12 consultas de perfil sociodemográfico y caracterización. Este trabajo fue iniciativa de un equipo periodístico de El Observador integrado por: Diego Cayota, Ramiro Pisabarro, Martín Prato y Tomer Urwicz.