En su segundo partido en la historia de los Mundiales, Chile conoció el sinsabor de lo que ocurre cuando no salen las cosas. Esta vez no apareció juego brillante del primer tiempo ante Japón, solo algunos chispazos de talento. Samoa impuso su poderío físico y velocidad, a Chile le costó mucho neutralizar ese tipo de juego y término pagándolo con una ráfaga de cuatro tries en 14 minutos, que sellaron la derrota 43.10.
Nadie podrá decir que a este equipo chlieno le faltó corazón. Pero solo con el corazón no alcanza en un Mundial, donde la exigencia es total. Y por eso hay que decirlo: parte del secreto d este Chile de Lemoine es a autoexigencia. Esta tarde Chile jugó mal, y cuando eso pasa en una copa del mundo, los rivales lo hacen sentir.
La estrategia, según había dicho el DT Pablo Lemoine a El Observador, iba a ser buscar velocidad por afuera y evitar un juego basado en el choque físico. Pero a Los Cóndores les costó imponerse en el primer contacto, por lo que lo rucks fueron lentos y la pelota salió siempre lenta a los backs. Torrealba corrió la base varias veces buscando sorpresa, pero no tuvo tanta actividad de los tres cuartos para acompañarlo, por lo que el recurso dejó de tener efectividad.
Lo mejor de Chile llegó en el arranque: luego de un penal en contra por offside, que Lealiifano aprovechó para e 3-0, apareció la magia de Rodrigo “Yoyo” Fernández, que en una pelota con velocidad por la punta amagó pase a Santiago Videla, que venía en diagonal por el interno, y siguió la carrera para generar el quiebre y el inicio de la jugada que, tras un ar de pick and go, terminó con el try de Matías Dittus y amarilla a Seuteni por cargar contra Videla cuando tiró elkseñuelo en esa jugada de try.
Pero luego el equipo de Lemoine fue muy indisciplinado: penales en el maul, el scrum, en el ruck y por offside. Los chilenos estuvieron un cambio más arriba en intensidad de lo que se necesitaba, y por eso Lealiifano aprovechó con tres penales para pasar 9-7. El scrum fue especialmente complicado en el arranque, pero luego logró ajustar.
Otra jugada en la que Chile le pudo meter ritmo derivó en un penal por offside de Samoa para el 10-9, pero duró poco porque volvió a esa misma lógica de juego en campo propio e indisciplina. Era algo esperable el poco uso del pie, como adelantó Lemoine: no querían darle oportunidad de contraataque a los rapidísimos backs samoanos. Encima, su mejor pateador, Santiago Videla, debió irse a los 22’ por una conmoción cerebral tras encuadrar mal un tackle y golpearse la cabeza.
El 10-9 era muy buen negocio, pero en la última del primer tiempo, tras un knock on chileno en una posesión lenta, Samoa abrió, Manu usó el pie y se abrió el espacio para un rápido try de una fase de Pala’aua.
Chile podía remontar, pero necesitaba tener la pelota, cortar la indisciplina y ganar el contacto ofensivo para darle ritmo al juego. Sin embargo, el segundo tiempo fue demoledor: un try a los 2 minutos, con una liberación rápida y mayoría por afuera, para jugar en el contacto y llegar a ltry de Taumateine. Y a los 46’, tras otro penal, un fácil try de maul para el 29-10. Al equipo de Lemoine se le apagaron las luces en ese momento, y Samoa aprovechó: otro penal y otro try de maul para el 36-10.
A esa altura estaba claro que solo yendo al golpe era imposible que Chile quebrara a Samoa. Le faltaban piernas, no ganaba los duelos y tampoco le quedaba confianza para buscar pases en el contacto que le permitieran desarmar a la defensa rival. Lo bueno es que en ese lapso la defensa logró hacer pie, y además Samoa bajó el ritmo. El juego se alejó de las 22, en un contexto en el que Los Cóndores nunca pudieron generar quiebres, mientras siguieron acumulando indisciplinas que le costaron 2 amarillas, a Escobar e Inostroza, y hasta jugar con 13 unos minitos. Pero al menos lograron que la diferencia no siguiera creciendo, hasta que en el último minuto, Samoa llegó a otro try de maul para el 43-10 final.
Está claro: para Chile todo es aprendizaje en este Mundial. Y que haya estado peleando de igual a igual por 40 minutos ante Samoa ya es un logro enorme, inesperado hace un año. Queda construir a partir de esto, para recortar las distancias lógicas que hay con Samoa, y que este sábado se vieron en el estadio de Bordeaux.