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Gonzalo Civila en entrevista con El Observador

Nacional > CANDIDATO A LA PRESIDENCIA DEL FA

Civila: "No compartimos que las grandes decisiones se tomen entre cinco sectores"

El secretario general del Partido Socialista dice que la suya "no es una candidatura alternativa"; afirma que en su postulación "intervinieron direcciones políticas", pero que "hay una diferencia entre eso y las cúpulas"

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25 de septiembre de 2021 a las 05:02

Por Ramiro Pisabarro y Martín Tocar.

Un pizarrón escrito a tiza condensa el espíritu que reina en la Casa del Pueblo. Dice que “la revolución uruguaya pasa por el Frente Amplio aunque aún haya mucho que unir y organizar en el seno de las clases explotadas”. Como la sala y como los libros que completan buena parte de la biblioteca, la cita lleva la firma de Vivian Trías.

El profesor de filosofía y secretario general del Partido Socialista, Gonzalo Civila, recibe allí a El Observador para una entrevista en la que explica los fundamentos de su candidatura a la presidencia del Frente Amplio, se desmarca de las formas en las que se procesó la opción de su competidor Fernando Pereira y argumenta cuáles son los cambios que precisa la coalición de izquierda.

¿Por qué aceptó ser precandidato a la presidencia del Frente Amplio?
Fue en un proceso de consolidación de un espacio político para el FA. El común denominador fue la necesidad de conformar un espacio que tuviera acuerdos en ideas fundamentales, para dar determinadas discusiones y, a partir de ellas, construir síntesis para consensos de mayor calidad. No queríamos anteponer en torno a las ideas un consenso por un nombre.

Gonzalo Civila explicó los fundamentos de su candidatura

Fernando Pereira recogió apoyos de todo el arco político del FA, desde sectores socialdemócratas hasta el Partido Comunista (PCU) y el MPP. Con esos respaldos tan heterogéneos, ¿cuál es el sentido de una candidatura alternativa?
La mía no sería alternativa, sino en todo caso la expresión de una mirada de hacia dónde debe ir el FA. Si tenés una propuesta pero no concretás una opción que la refleje, te terminás yendo al mazo. Vamos a contribuir desde la fraternidad y la convicción, pero asumiendo que el frenteamplismo es movimiento, no un acuerdo entre sectores. Tenemos diferencias relevantes con cómo se viene conduciendo el FA desde hace tiempo. Los grupos del espacio creen, como muchos frenteamplistas que no están sectorizados, que se necesita abrir mucho más la participación genuina. 

Este espacio ha planteado sus cuestionamientos a las “negociaciones de cúpulas”. ¿La candidatura de Pereira responde a esa lógica?
No me gustaría calificar el proceso de construcción de otra candidatura. Sí creo que el FA tiene que desburocratizarse y construir con todas las voces. Hay una demanda muy fuerte por la construcción de una democracia paritaria, por un intercambio generacional, por equilibrios territoriales y no pensar solo desde lo metropolitano. Una opción es que venga un salvador, un hombre o mujer síntesis, que haga realidad todas las demandas. Y otra es que todas las voces que construyen luchas cotidianamente, ganen espacio. 

Usted se identifica con esa segunda opción. La primera parece decirlo por la candidatura de Pereira.
No le voy a atribuir eso a él ni a ningún otro. Sí creo que mi misión no es hablar a nombre de las luchas de las mujeres, de “los interiores” (en referencia a que no hay un sólo interior del país), o del recambio generacional. Tengo 36 años y podría agarrar esa bandera, pero hay una cantidad de gurises de 20 años que te dicen que hay un montón de cosas que hay que cambiar. Lo primero es que estén en los lugares donde se toman decisiones.

¿En su candidatura no hubo acuerdo de cúpulas? Son sectores que se ponen de acuerdo para consolidar un espacio...
La media del movimiento del FA está marcando caminos por delante de la dirección. Acá no surgió una candidatura de las entrañas, procesada desde las bases. Las direcciones políticas de estos sectores, que se sienten más identificados con las demandas del movimiento de bases, nos vimos en la disyuntiva de qué hacer. ¿Nos plegamos a otras opciones existentes, tratamos de construir algo que lo exprese de una forma genuina, o esperamos que surja desde abajo? Decantó la opción por tratar de plasmar en ideas los acuerdos. Obviamente que intervinieron direcciones políticas, pero hay una diferencia entre eso y cúpula. La práctica cupular se despega de la base y de la dinámica colectiva.

¿Por qué esto fue distinto?
Porque hay mucha sintonía entre bases que demandan cambios y dirigencias que tratan de expresar algo similar. Pero no estoy planteando una medición de dónde están las lógicas cupulares. Nos atraviesan. Ciertamente, hemos tenido muchas discrepancias con estilos de conducción y lógicas que vienen imperando desde hace tiempo. No compartimos que las grandes decisiones se tomen entre cinco o seis sectores.

Gonzalo Civila es diputado y secretario general del Partido Socialista

¿Cómo se congenia eso con la problemática de la fragmentación, con sectores casi que unipersonales en el FA?
Sin diversidad no hay unidad de verdad. Implica una construcción trabajosa donde nos reconocemos en nuestra identidad y no nos ninguneamos.

¿Hay treinta identidades frenteamplistas?
No. La fragmentación es enemiga de la diversidad genuina. Es un problema grande y por eso nuestro esfuerzo por construir un espacio político. Somos siete grupos, pero podría estar cada uno por su lado.

En este espacio conformado para su candidatura, ¿en qué lugar queda el PCU, que va desmarcado de los sectores con los que hoy comparte la alianza que llevó a Carolina Cosse a la Intendencia de Montevideo?
No me voy a tomar el atrevimiento de hablar a nombre del PCU. Tomaron una decisión y nosotros otra distinta. Seguiremos con coincidencias y discrepancias como siempre. El espacio creado es abierto y queremos que permanezca en el tiempo. Pero no está cerrado en sí mismo y va a seguir dialogando con otros sectores.

Va a quedar después de la elección. ¿Significa un distanciamiento del PCU, tras un acercamiento de parte de la actual dirección del PS?
Significa que tomó una decisión diferente, y que entendió que la prioridad no estaba en construir el espacio.

¿Es un espacio que piensa en 2024?
Decididamente no. Obviamente que es muy importante, porque se va a estar jugando si se profundiza o mantiene una política que no compartimos y que está generando un drama social tremendo en el país. Pero en lo inmediato busca contribuir a un debate en la interna, para seguir en un proceso de construcción de una alternativa. Y con algunos con plazos más extensos, cuando uno se plantea transformar de raíz injusticias estructurales, habla claramente de lo que puede hacer desde el gobierno. 

Son sectores alineados detrás de Cosse. El espacio cuenta con su apoyo, que es una candidata natural. ¿No hay una mirada de ir con ella en 2024?
Ni lo hemos discutido, ni está planteado en el espacio.

¿Qué aprendizaje deja la presidencia de Javier Miranda para quien lo suceda en el cargo?
Para cambiar cosas en el FA, el de las bases es un apoyo fundamental e irrenunciable. Se necesita construir legitimidad con el movimiento, y no solo con los sectores. 

Si fuera presidente del FA, ¿cómo designaría una vicepresidencia?
No lo haría yo, lo haría el Plenario Nacional. En todo caso, el presidente puede hacer una propuesta, pero va a tener que conversar con todos los sectores.

¿Está de acuerdo con Pereira en apostar por una vicepresidenta joven, de unos 40 años?
No pondría requisitos a priori para ver quién es la compañera que ocupe el lugar. Creo que hay que conversar con todos los actores para ver cómo se construye la mejor conducción colectiva. Tendría una especial lectura y escucha de la lucha de las mujeres frenteamplistas, que hace mucho trabajan por la paridad.

En el lanzamiento de su candidatura planteaste que entre otras cosas se presentaban “por las muchas desigualdades e injusticias" en el país a raíz de un "gobierno de minorías que estafando el voto de las mayorías está llevando a cabo una política absolutamente antipopular”. ¿En qué sentido cree que se estafó el voto de las mayorías?
Si vos accedés al gobierno con el voto de las mayorías, y gobernás para beneficiar a unos pocos y perjudicás a esas mayorías, en el fondo hay una gran estafa electoral. 

¿Qué incluye entre lo que están haciendo que no dijeron?
Aumentaron tarifas, están desmantelando empresas públicas, llevaron adelante a través de la LUC un montón de medidas que no estaban anunciadas. De muchas cosas de la LUC no hablaron en campaña, porque son absolutamente impopulares. Hay ahora  una política sistemática de ajuste sobre los trabajadores, de reducción del gasto público en áreas sociales sensibles y de caída del salario real.

Para eso último, el gobierno señala que no se puede ignorar que hubo una pandemia.
No es la pandemia la que dictó las pautas salariales, la que recortó en 12% el gasto en vivienda, el gasto educativo, el gasto en salud en medio de una pandemia. Nadie gana una elección diciendo: ‘te voy a recortar el salario, voy a hacer recortes en áreas sensibles, voy a desmantelar servicios públicos’. 

¿Cree que a raíz de la presentación de casi 800 mil firmas para derogar 135 artículos de la LUC cambió la relación del gobierno con el FA?​​​​​​
Es probable que sí, como lo que pasó con el anuncio del TLC con China. Pero no es un cambio profundo. Es un gobierno muy soberbio que no ha tomado prácticamente en cuenta ninguna de las propuestas que el FA hizo en contextos difíciles.

Su candidatura se lanzó en simultáneo con la conformación de un espacio político

¿El logro de las firmas terminó de orientar al FA en su rol opositor?
Sí. Es una demostración de que el abajo puede transformar las cosas, y lo puede hacer de forma sustantiva. Cambió mucho el escenario y el FA tiene posiciones menos vacilantes que las que tenía.

"Correr el centro a la izquierda" ha sido una de las líneas que ha orientado su discurso. ¿Dónde ubica hoy al FA en esa posición?
El FA es una fuerza transformadora que, si conecta adecuadamente con sus raíces, hace transformaciones profundas. Politológicamente, muchos le llaman izquierda. Creo que desde hace un tiempo al FA le está costando poner sobre la mesa ideas audaces, que realmente se la jueguen por mover el estado de cosas. Ha ganado mucho terreno en la política el posibilismo, y eso es asumir que hay un montón de cosas que no se pueden hacer. 

Es una retórica parecida al debate que hubo en el Partido Socialista, donde desde su corriente planteaban que el partido había quedado en un perfil desdibujado. Esa visión generó conflictos muy visibles. ¿Puede pasar que plantear estos mismos asuntos en el FA genere lo mismo que en el PS?
Las fisuras en el PS preexistían a la elección, con un proceso de larga data de miradas diferentes y dificultades para tomar determinadas decisiones. Luego vino un ciclo electoral y perspectivas distintas respecto de cómo encararlo. En el FA los debates tienen lugar y hay que darlos en profundidad, pero hay muchas opciones electorales para que todos convivamos en un mismo paraguas. Es muy distinto a un partido donde hay muchas miradas y el partido tiene que ir por una opción, sin un espacio para que todos puedan sentirse reflejados.

El PS tuvo distanciamientos de dirigentes de larga data como Daisy Tourné, Eduardo de León, Álvaro García. ¿Cómo está hoy esa situación en cuanto a hacer parte a los dirigentes de la estructura?
El Partido Socialista ha ido procesando sus debates en la orgánica, con toda la información arriba de la mesa. Ha hecho opciones dentro del marco del FA diferentes a las que venía haciendo.

¿No hay una autocrítica respecto a no haber retenido a todos esos dirigentes?
Se generó una comisión para trabajar en una lectura en clave de proceso histórico, de muchos años de alejamiento de compañeros. Allí seguro van a surgir reflexiones autocríticas.

Hoy hay dos candidatos cristianos en la carrera, en un partido donde no abundan figuras que reivindiquen su fe cristiana de izquierda. ¿Cómo ve esa coincidencia y el rol de la fe en la fuerza política?
Hay mucha gente en la izquierda que nació a la militancia a partir de un compromiso comunitario con una fe liberadora. Más allá de que pasé distintos momentos en mi vida en relación a la fe, siento una coherencia entre esos valores y las opciones tomadas. Obviamente que (la agenda del FA) te enfrenta con una religiosidad conservadora. Si concebís lo cristiano desde una teología conservadora, patriarcal... Pero existe la teología feminista, queer, un montón de propuestas liberadoras.

¿Se siente católico?
(Piensa) T
odas las comunidades a las que he pertenecido son católicas. Lo que más me define es el compromiso cristiano y la espiritualidad franciscana.

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