19 de enero de 2018 19:12 hs

Conocí a Claudio Paolillo un día de principios de 1985 en una casona decrépita de la calle Uruguay, que entonces servía como sede del semanario Búsqueda. Yo era su joven jefe de redacción pero él, todavía más joven, tenía más prosapia. Era hijo del minuano Dorbal Paolillo, un periodista que llegó a ser jefe de información del diario El Día, y que murió con apenas 39 años, en 1975, afectado por un encarcelamiento y la confiscación de un libro suyo por los militares.

Claudio —quien entonces era militante del Partido Socialista— ya había escrito para el diario El Día, para varios semanarios y para la Agence France Presse (AFP). También había contribuido a crear el programa radial "En Perspectiva", junto a Emiliano Cotelo y Enrique Alonso Fernández, en una emisora de FM.

Entonces nos unían la pasión, cierta idea del periodismo y una oportunidad laboral histórica. Creíamos estar cambiando el mundo, o al menos sacudiendo seriamente sus cimientos. ¿De qué otra forma se puede hacer periodismo?

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El semanario Búsqueda había comenzado a construir su leyenda en los primeros años de la década de 1980, durante la apertura democrática. Una pequeña legión joven e idealista, que Danilo Arbilla reunió y formó con paciencia infinita, marcó una era en el periodismo nacional. Ayudó a construir de nuevo, con nuevas reglas, de resuelta raigambre liberal, sobre una tierra arrasada por el autoritarismo. Luego, a partir de la década de 1990, aquel equipo comenzó a dispersarse para dirigir buena parte de los medios de comunicación uruguayos, por los que esparció su estilo e influencia. Algunos miembros han muerto, como Claudio hoy, y antes Gabriel Recarte, Alejandro Nogueira o Lincoln Maiztegui. Pero la mayoría permanece en los medios, pues todavía son jóvenes, y lleva como un blasón el haber pertenecido a la guardia original.

Paolillo fue uno de los que permanecieron en Búsqueda, y fue su director hasta 2017. Él contribuyó a formar nuevas generaciones de periodistas y escribió un par de libros, entre ellos "Con los días contados", un trepidante relato de la crisis de 2002 vista desde las entrañas del gobierno. Ese texto magistral, publicado en 2004, fue de los más leídos otra vez el año pasado, cuando se lo reeditó.

En los últimos meses intercambiamos mensajes, de un cuidado cinismo, en un pequeño grupo de periodistas de diversos medios, separados por mil diferencias y excedidos en carácter, pero firmemente unidos por aquella solidaridad fundacional. Compartimos alguna cena y lo hicimos rabiar. Él se mostró como siempre: frontal, medio bestia, a veces pícaro y otras ingenuo y bueno.

La muerte de Claudio Paolillo nos recuerda, otra vez, que el amor, como el odio, se cultiva cuando hay algo muy fuerte en común.

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