Por un lado, señaló, han “adoptado nuevas formas de cobro”, como el POS, con el que "le facilitamos la compra al cliente”. Y, a la vez, cuando hay alguna situación inesperada, como el escenario de propagación del covid-19, “rápidamente” instrumentan “las medidas que las autoridades han indicado para cuidar al cliente y cuidarnos nosotros y a los trabajadores de los puestos”.
Al mismo tiempo, no dudó en señalar otra realidad como factor clave para sostener la vigencia del feriante que vende alimentos frescos, básicamente frutas y hortalizas: “La gente ha ido cambiando sus hábitos, quiere comer más sano, hay más conciencia sobre eso y acá tenemos una oferta ideal para satisfacer ese deseo”.
Luego comentó que sin dejar de lado el valor de la experiencia de los mayores, hay nuevas generaciones al frente de los puestos, en muchos casos, lo que ha permitido por ejemplo responder rápidamente a las exigencias legales sobre medios de pago.
Otra actitud valiosa, expresó, está relacionada con la variedad de la oferta. A lo tradicional, lo que se denomina canasta básica donde aparecen papa, tomate, lechuga, boniato, manzana, naranjas, bananas y duraznos, por citar algunos rubros, se le incorporó un amplio abanico de frutas y hortalizas exóticas, como papayas, mangos, paltas y otros productos. “Es lo que pasa si vas a una estación de servicio, donde no hay solo nafta porque hay un pequeño supermercado y hasta un restaurante, la idea es que la gente venga y tenga de todo”.
También mencionó como atractivos ofertas puntuales o combinaciones de productos en una canasta y hasta la recomendación que puede dar el feriante sobre el uso de tal o cual producto.
“La feria es lo más popular y es lo más justo, acá viene gente de todas las clases sociales, con alto poder adquisitivo y gente con muy pocos recursos y para todos hay, y hay ferias en cada barrio”, enfatizó.
Seoane entiende, además, que a diferencia de lo que sucede en otros espacios, “en la feria el cliente puede caminar, sabemos que le gusta ese paseo, y comparar la mercadería y los precios de los feriantes que competimos entre nosotros, una competencia leal que le sirve al cliente porque en la feria nunca se va a dar una especulación de parte del que vende”.
En el tema precios, “los de las ferias son normalmente los mejores, acá la mercadería le llega a la gente de primera mano, con menos intermediarios”. Y destacó el valor de la feria como ámbito regulador de los precios en el mercado y que “algo, seguro, los feriantes le sumamos al PIB”.
Mencionó que un cambio que se profundizó en estos tiempos de coronavirus, en los que se aconseja a la gente a quedarse lo más posible en casa, es la demanda de envíos con delivery. “Eso ha crecido mucho”, indicó, a la vez que informó que “sumamos los cuidados, por ejemplo yo mando la mercadería embolsada y el que la lleva no entra a la casa de la gente”.
En ese sentido, admitió que “en estos días que la gente está más en casa hemos notado que hay algo más de ventas”.
Otro tema que le preocupa al feriante es avanzar en cambiar la imagen que se tiene del puestero, considerando que hay vecinos a los que la presencia de una feria delante de sus hogares no les agrada, “algo en lo que hay que seguir mejorando”.
Finalmente, dejó sobre la mesa un tema que entiende debería ser considerado: extender el horario de las ferias, que se puede comprar luego del mediodía, no solo en la mañana, “adaptándonos a lo que la gente pueda ir prefiriendo”.
Leonardo Carreño
Medidas por coronavirus
La Intendencia de Montevideo extendió el permiso de horario de las ferias vecinales que venden alimentos. Ahora funcionan entre las horas 6 y 14. Y exigió asegurar una distancia de dos metros entre los puestos, evitar aglomeración en colas de clientes, contar con guantes y tapabocas para los comerciantes y que haya alcohol en gel. El área de Convivencia Departamental puede aplicar sanciones si hay incumplimientos.
Desde el gobierno se anunció que habrá vigilancia policial tendiente a que se cumplan las indicaciones. “Vamos a poner un patrullero en cada feria, en la rambla y en las playas”, enfatizó el presidente Luis Lacalle Pou en una de las conferencias que brindó.
En la clásica feria de Tristán Narvaja, desde este domingo 29, solo se podrá expender alimentos y en las cuadras que van desde la 18 de Julio hasta Uruguay.
La cifra
600 feriantes. La Asociación de Feriantes del Uruguay estima que hay unos 600 feriantes dedicados a la venta de frutas y hortalizas y otros alimentos, considerando 22 a 23 ferias que se realizan de martes a domingo en Montevideo.
Los números que les dan valor a las ferias
En Montevideo hay cerca de 150 ferias de expendio de alimentos, administradas en el marco de la gestión de diversas entidades. Se trata de la mayor red nacional de abasto al consumidor con alimentos frescos.
Según la Asociación Uruguaya de Feriantes, el 76% de la población de la capital hace compras en 25 a 45 puestos que hay por feria, los que generan tres a ocho empleos cada uno, con unos 5.000 empleos directos, siendo el medio indirecto de subsistencia de otras 4.000 personas.
En esas ferias se comercializa más del 60% de los productos hortifrutícolas de consumo interno. También se vende pescado, chacinados, flores y plantas, cereales y productos de granja, como huevos, dulces, conservas, mermeladas y quesos.
Entre 60 y 70 cajones de variada mercadería, nacional e importada, son ofrecidos a la venta por puesto. Se venden unos 190 cajones por puesto de martes a viernes y en sábados y domingos las cifras se duplican o triplican. Hay unas 170.000 toneladas de productos hortifrutícolas por año puestos a la venta en las ferias alimentarias, volumen similar al que expenden supermercados y almacenes.
La primera feria
En el sitio de la Asociación de Feriantes del Uruguay en Internet se informa que fue Luis de la Torre quien propuso la creación de ferias semanales agrícolas en el país. El domingo 15 de abril de 1878 fue inaugurada la primera feria semanal, en la Plaza Independencia. Tenía dos características: a la hora 10 un rematador subastaba todos los productos aún no comercializados y existía en la feria una zona para que los agricultores que venían a ofrecer sus frutos pudieran comprar allí insumos para sus labores: semillas, granos, herramientas de trabajo y hasta literatura agrícola.