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Woo, una abogada extraordinaria sigue a una abogada con autismo

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De Rain Man a la abogada Woo: el autismo en la ficción entre errores y visibilización

En los últimos años se ha incrementado la cantidad de personajes protagónicos con TEA, con La extraordinaria abogada Woo, The Good Doctor y Atypical como algunos ejemplos destacados

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10 de septiembre de 2022 a las 05:03

En marzo de 1989, dos semanas antes de que ganara el Oscar a Mejor película y otras tres estatuillas en una ceremonia a la que llegó como la película con más nominaciones, los espectadores uruguayos comenzaron a inundar las salas de cine para ver Rain Man. Esta película de Barry Levinson estaba protagonizada por un Tom Cruise en la cresta de la ola y un Dustin Hoffman que también sería oscarizado por interpretar a Raymond Babbit, un hombre con autismo que es secuestrado por su hermano Charlie, y usado para ganar dinero, apelando a sus talentos matemáticos para ganar en los casinos.

La historia de estos dos hermanos que entre estas “aventuras” entablan un entrañable vínculo filial fue un éxito, incluso en Uruguay, donde ese año fue la segunda película más vista, según consigna la base de datos Cinestrenos, que indica que solo fue superada en la taquilla local por Las aventuras de Chatrán.

Dustin Hoffman en Rain Man

Duelos con gatitos japoneses aparte, Rain Man fue una película histórica porque logró poner en el tapete como no había ocurrido hasta ese momento al autismo. El diario británico The Guardian citaba en 2018 al psiquiatra Darold Treffert, quien aseguraba que el filme había sido “lo mejor que le había pasado al autismo”.

Las razones de tamaña declaración de este médico, que había trabajado como consultor en la película de Levinson, eran que había logrado llamar la atención sobre el tema, al punto que en ese mismo texto, el guionista de la película Barry Morrow explicaba que el financiamiento de estudios y de investigaciones se habían disparado luego del estreno, lo que se combinó con formas más eficaces de diagnosticar estos trastornos para incrementar la percepción pública sobre los Trastornos del Espectro Autista (TEA).

Pese a sus méritos, con más de tres décadas de por medio, el personaje de Raymond Babbit ya no se sostiene tanto como en el momento de su estreno, un cambio propiciado por el mayor conocimiento que hay sobre estos trastornos. Morrow jamás uso la palabra “autismo” en su guion. Aunque se había inspirado en personas que conoció durante su vida, no conocía prácticamente nada sobre el tema, y tampoco le preocupó mucho saberlo.

El legado de Rain Man fue complicado, porque por una parte retrató de una forma casi inédita a una persona con autismo, eliminando algunos preconceptos y resaltando los problemas en el cuidado y en la atención. Pero también generó un cierto estereotipo de la persona autista como un super genio con habilidades matemáticas y una inteligencia fuera de lo común para determinadas tareas.

Y eso sin entrar en la discusión de si los actores que no están dentro del espectro deberían interpretar a personajes que sí lo están, como el caso de Hoffman (una práctica que era más común en Hollywood hasta hace poco tiempo; hoy las reglas de lo políticamente correcto han cambiado y este elemento se escruta con más detalle), o como el caso de Park Eun-bin, la actriz surcoreana que protagoniza la serie Woo, una abogada extraordinaria.

Esta ficción (cuyo título original es La rara abogada Woo, un término menos amable) acaba de estrenar su último capítulo en Netflix, donde desde hace semanas es uno de los contenidos más vistos de la plataforma. Tiene ya una segunda temporada confirmada que se prevé que se estrene en 2024, y se maneja la posibilidad de crear remakes en distintos países.

La serie se centra en Woo Young-woo, una abogada se convierte en la primera letrada autista de Corea del Sur, y que utiliza su memoria fotográfica y su inteligencia para resolver casos que sus colegas no pueden, mientras que la serie también retrata el aislamiento y la discriminación que enfrenta, incluso de parte de sus propios colegas y superiores. Woo también tiene ciertos “rituales”, como frases y juegos de palabras que repite para presentarse o para saludar a su mejor amiga (algo que se denomina "ecolalia"), que también han llamado la atención, pero que se cuentan entre algunos de los signos más visibles de este tipo de trastornos, al igual que su obsesión con las ballenas y demás animales marinos.

Woo, una abogada extraordinaria sigue a una abogada con autismo

La producción demoró un año en convencer a Park Eun-bin de que aceptara el papel de Woo Young-woo. Es que la intérprete no estaba segura de querer meterse en una cuestión que en Corea es aún más polémica, como el rol de las personas con TEA en la sociedad y las oportunidades laborales con las que cuentan. "Sentí que tenía una responsabilidad moral como actriz", dijo la actriz a la agencia AFP. "Sabía que la serie iba tener inevitablemente una influencia en las personas autistas y sus familias", explicó.

Como en su momento pasó con Rain Man, la serie coreana que emite Netflix fue tan aplaudida como criticada. "La sensibilización del público al autismo de alto nivel y su comprensión están muy limitados en Corea del Sur", comentó la profesora de psiquiatría Kim Hee-jin en ese mismo artículo de la agencia, por lo que uno de los méritos señalados a Woo, una abogada extraordinaria, es haber traído el tema a colación en un país donde el tabú y la vergüenza son mucho más penetrantes.

La mentalidad oriental, donde el colectivo prima por encima del individuo, y donde salirse de la norma es mirado con muchísimo más recelo que en occidente, pone un estigma más grande en los trastornos. En un artículo del sitio Polygon del pasado agosto, Son Da-eun, una activista surcoreana e integrante de una organización social dedicada a la ayuda de personas con TEA, explicó que “hay una mayor sensación de vergüenza, no solo para las personas con discapacidades sino también para sus familias. A pesar de la prevalencia del autismo en Corea, raramente se interactúa con personas que lo padecen en la vida cotidiana. Históricamente, a las personas con autismo se las deja en casa, escondidas del mundo”.

Los gestos, las frases repetidas y ciertos comportamientos del personaje son algunos de los síntomas que muestra el personaje en la serie

Así como se reconoce que la serie hace un buen trabajo al empezar con Woo complicada para encontrar trabajo a causa de su trastorno, y en los síntomas que se muestran, también se ha criticado que genera una narrativa irreal de aceptación total y un cierto “lavado” del autismo. “El hecho de que a la mayoría de los personajes con autismo en los medios se los muestra como que tuvieran superpoderes, o que el autismo es en realidad una bendición escondida ensucia la cancha y puede confundir al público sobre lo que realmente es”, comentó Da-eun en ese artículo.

Lo que es innegable es que la serie se inscribe dentro de una tendencia reciente, que es la de poner a personajes autistas al frente de distintas historias que han conquistado al público, algo que hasta hace algunos años era casi imposible de ver. Los personajes dentro del espectro eran más bien secundarios: o eran personas de las que los protagonistas tenían que hacerse cargo, o tenían una cualidad casi “mágica” dentro de las historias. En un contexto en el que se intenta que la ficción refleje el mundo real de forma más correcta, con su diversidad y su variedad de experiencias vitales, este cambio no sorprende, pero resta ver si es un retrato correcto o sigue planteando ciertas fantasías o errores.

El incremento

Atypical, de Netflix, duró cuatro temporadas

Así como Rain Man jugó lo suyo para cambiar percepciones (y también asentar otras), el 2017 fue un año significativo para la presencia de personajes con autismo en pantalla.

Ese año fue el del debut de otra serie de Netflix, Atypical, que terminó en 2021 con su cuarta entrega. Keir Gilchrist fue el encargado de interpretar a Sam Gardner, un adolescente con TEA cuyas aventuras cotidianas son el eje de la historia, que a lo largo de sus temporadas fue incorporando a otros personajes que exploraron distintas facetas del tema.

Mientras que la primera temporada recibió críticas por el personaje de Sam, y por la ausencia de actores autistas, la serie revirtió eso en sus subsiguientes temporadas y cambió las quejas por aplausos.

Ese mismo año se estrenó la serie animada británica Pablo, escrita y protagonizada por personas dentro del espectro que contaron la historia de un niño de cinco años y sus amigos animales imaginarios. En esa misma línea, el longevo programa infantil Plaza Sésamo incorporó a su elenco de marionetas al personaje de Julia, una niña de cuatro años con autismo.

Y se estrenó también una de las series más exitosas de esta lista, The good doctor. Esta serie estadounidense es en realidad un remake de una serie surcoreana, pero ambas plantean la misma premisa: un joven cirujano autista –que tiene lo que se conoce como síndrome del sabio, como la abogada Woo o Raymond Babbit– comienza a trabajar en un nuevo hospital, donde aplicará su memoria fotográfica y su extenso conocimiento médico para tratar a pacientes de todo tipo, a la vez que dividirá aguas entre los responsables del sanatorio.

The good doctor lleva seis temporadas

La serie estrenará una sexta temporada en este 2022, y también ha generado otras versiones a nivel internacional, con la turca Doctor Milagro, que se pudo ver en la televisión uruguaya, como otra de las más exitosas y populares.

Andrea Crosa, psicóloga, fundadora y directiva de la institución educativa para niños, adolescentes y adultos con TEA Florecer, explicó a El Observador que este tipo de series “ayudan”, pero también instalan algunas ideas erróneas.

“Sirven para que se conozca que existe otro tipo de funcionamiento cerebral, y ya por eso son valiosas. Pero no dejan de ser ficción, entonces hay algunas cuestiones exageradas, o muestran ciertos tipos de autismo por encima de lo que son realmente”, consideró.

Para Crosa, la ficción cede ante la tentación del autismo leve y del autista “superdotado”, que no es la norma en estos casos, aunque claro, como personajes son atractivos. “Eso es algo que existe, porque tienen intereses restringidos, entonces por ejemplo les gusta la medicina y se saben todo. En el caso de Good Doctor, por ejemplo, muestran muy bien cómo piensan con imágenes, como elementos como los dibujos les quedan grabados”.

También considera que las ficciones retratan bien los problemas de relacionamiento social que tienen las personas con TEA, sus dificultades para ponerse en el lugar del otro o para comunicarse. “Pero falta resaltar cuestiones como lo difícil que puede ser para una familia convivir con ellos, porque hay que entenderlos. O a las personas con Asperger o con autismo severo, que son más dependientes. Hay otros elementos que sí se muestran bien, pero pueden generar esa noción de que son todos genios, y lo cierto es que hay personas con autismo con un intelecto normal, que no destacan en nada en particular, pero también existen”.

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