Después de décadas de someterse con rigor a la política de un único hijo por familia para armonizar un crecimiento demográfico explosivo con posibilidades de alimentar y mejorar la calidad de vida de la población, China corre ahora el riesgo de “envejecer”.
Así quedó de manifiesto en el reciente congreso del Partido Comunista Chino, en cuyo balance negativo se mencionó la baja de la natalidad en los últimos años.
El informe central reforzó la necesidad de que el sistema "aumente las tasas de natalidad y reduzca los costos del embarazo, el parto, la escolarización y la crianza".
La directiva recoge la advertencia de la Comisión Nacional de Sanidad de China que confirmó, el verano pasado, que la población del país experimentará un crecimiento negativo antes de 2025.
En la actualidad, China es el país más poblado del mundo, con algo más de 1.415 millones de habitantes.
Expertos internacionales han vaticinado que la vecina India, con una población de unos 1.380 millones de habitantes en la actualidad, superará a China en un futuro cercano para convertirse en el país más poblado de la Tierra.
Por ello, de ahora en adelante lo que se prevé son medidas que estimulen una suba de la natalidad, informó el diario China Daily, que se edita en Beijing en idioma inglés.
Los expertos citados por el diario creen que lo principal será conseguir que los jóvenes cambien la opinión de que tener hijos "no vale la pena".
El congreso partidario concluyó que las políticas vigentes, como el permiso para tener un tercer hijo, aprobado en 2021, "no han tenido el resultado esperado", destaca el portal alemán DW citando al diario chino en inglés.
Para el profesor Liu Jiehua, docente de sociología de la Universidad de Beijing y citado por el China Daily, las próximas medidas deberán orientarse a "crear una sociedad que favorezca la fertilidad en todos los aspectos”.
El catedrático se refiere a medidas que vayan “desde el apoyo financiero hasta la cultura", así como identificar "medidas regionales" que funcionen, para "elevarlas a nivel nacional".
Citó el ejemplo de la localidad de Panzhihua, una de las primeras en asignar una paga especial a las familias con más de un hijo, de modo que el estímulo a la natalidad sea por la via económica.
Sin embargo, el profesor de demografía Yuan Xin opinó, en declaraciones recogidas por el mismo rotativo, que el aumento de las tasas de fertilidad "es un proceso naturalmente lento".
Yuan exhortó a las autoridades que "investiguen las necesidades y opiniones de las familias y que adapten las políticas a sus demandas".
El diario cita datos según los cuales la tasa de natalidad del gigante asiático cayó por debajo del nivel de reemplazo, pasando de 2,1 en 1992 a 1,3 en 2020.
Tras décadas imponiendo la política de un solo hijo, ampliada a dos hijos como excepción desde 2013 y definitivamente desde 2015, China permite desde el año 2021 a sus ciudadanos tener un tercer hijo sin restricciones.
Pero la decisión no ha sido acogida con gran entusiasmo por la población debido tanto a la carga económica que supone la crianza como a la prioridad que muchas mujeres deciden darle a su carrera laboral o profesional.
El censo nacional chino del 2021 reveló que el año anterior sólo nacieron 12 millones de bebés, lo que representó una caída del 18% respecto a los 14,65 millones nacidos en 2019.
La merma podría ser adjudicada en parte a las fuertes restricciones sanitarias impuestas en el primer año de la pandemia del covid-19.
Pero los demógrafos creen que la caída responde a una tendencia de declive de la población que comenzará a experimentarse en las próximas décadas.
En 2020 sólo hubo 8,5 nacimientos por cada 1.000 personas en China, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas.
Se trata de la cifra más baja no sólo desde que se iniciaron los registros en 1978, sino también desde la fundación de la China comunista en 1949, según datos oficiales.
La tasa de natalidad, que ahora ha caído a un solo dígito, es la última señal preocupante del empeoramiento de la crisis demográfica de China, ya que desde el punto de vista económico el país comienza a perder su “ventaja juvenil”.