Estos son días apropiados para salir de los barquinazos que este gobierno de improvisados nos propina y ver un poco más allá sobre el futuro uruguayo que por muchos años seguirá siendo el futuro de su sector agropecuario.
El aumento del valor de la tierra en 1.000% en los 10 últimos años no puede dejar incambiada la forma de producir en los diferentes rubros ganaderos y es interesante reflexionar sobre los más probables cambios en cada uno de ellos.
Sería muy bueno contar con la ayuda del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) en esta tarea para retribuir lo que los productores aportan en dinero pero como se nos tiene acostumbrados el silencio será la más probable respuesta y curros varios de burocracia internacional vendrán para “validar” lo que los actores privados hagan a su propio riesgo.
Si comenzamos por el rubro ovino no es difícil predecir un cambio importante en el protocolo de producción dados los valores de la lana y carne ovina y de la necesidad de optimizar ambos rubros. El golpe de gracia para nuestra principal raza Corriedale y el auge que veremos en la razas Merino y afines es el despegue de valor de la lana fina, la disminución del peso mínimo exigido hoy para producir corderos pesados y la tecnología de terminación a grano de alta rentabilidad para esta especie. Las amenazas que enfrenta son básicamente los problemas de resistencia de los parásitos y la mecanización del manejo frente al grave problema de la mano de obra en este rubro. No vemos en absoluto al rubro ovino compitiendo con éxito en campos de buena productividad vacuna.
En lechería, la ecuación económica de la producción y las dificultades de expansión territorial o de escala nos hacen pensar con un alto grado de certeza en los sistemas lecheros en confinamiento. Desde el punto de vista biológico el nombre del juego es la nutrición de la vaca y la eficiencia del uso de la energía del alimento. Los gastos en caminar, cosechar forraje o defenderse del calor son lujos que en breve no se podrán tolerar. Desde el punto de vista económico y en comparación con la ganadería de carne es totalmente lógico pensar en mantener el alto costo de alimentación para un animal que puede producir US$ 4.000 por año en contraste con un animal productor de carne que con estos precios récord solo es capaz de facturar US$ 900 en confinamiento. En este rubro las amenazas vienen por el mismo lado y por lo tanto más que la mecanización el futuro traerá la robotización del manejo lechero afectado por la misma escasez de personal que la producción ovina. Otro desafío será la implantación del riego de pasturas para la construcción del imprescindible segundo piso del campo en los tambos.
Finalmente para la ganadería de carne mi pronóstico es conocido, no creemos en el confinamiento simplemente por no ser un buen negocio. Se trata de una fase de la ganadería a la que renuncia el productor y adquiere el industrial porque justamente el corral no es ganadería sino un proceso industrial. Por otro lado la carne, a pesar de las apariencias no es en absoluto un commodity y se equivocan quienes van por ese camino. La producción estará basada en la producción eficiente de pasturas y el valor por kilo será la llave del negocio además de las cantidades físicas producidas. Las razas que destacan por su gran peso o tolerantes a garrapatas así como las prácticas que producen gran volumen del producto (hormonas, antibióticos, confinamientos) no conducirán a buen puerto. La mira puesta en la calidad de carne, terneza, marmoreado y una crianza como el consumidor con dinero aspira, es una respuesta mucho más adecuada para producir el caviar del futuro.
Puede parecer un poco soberbio mostrar tanta seguridad en los pronósticos pero si provocan la respuesta de algún actor con autoridad tendré la recompensa a mis pensamientos de verano.