31 de agosto de 2012 20:09 hs

Agosto parecía acercarse al cierre con un dólar al alza. No era una fuerte suba sino una recuperación lenta del valor al cierre de julio, antes de que la oleada de capitales distorsionara la operativa y amenazara la competitividad del país.

Pero el Central dio batalla y ganó: logró restablecer un funcionamiento del mercado local atado al devenir de la tendencia global. El problema, en los últimos días, fue que esos vaivenes impulsaron el dólar a la baja con la iniciativa del Banco Central de Brasil de bajar su tasa de referencia a mínimos históricos.

Hasta el miércoles, el billete verde acumulaba una suba de 0,59% en los primeros 29 días de agosto. Sin embargo, el mes cerró con una caída de 0,71% con relación a la última operativa de julio, con una cotización de $ 21,405. En solo dos días el billete verde cayó casi 30 centésimos (-1,29%), motivado por un nuevo recorte de la tasa de interés de referencia en Brasil, que torna más atractivas las colocaciones en Uruguay.

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“El diferencial de tasas entre un país y el otro se sigue agrandando y el gobierno uruguayo se está quedando sin herramientas para apuntalar la competitividad”, dijo a El Observador el responsable de la mesa de operaciones de uno de los principales bancos locales.

Mientras que en Brasil la tasa de referencia se ajusta a la baja, en Uruguay los niveles de inflación por encima de la meta oficial impiden al gobierno reaccionar en consecuencia. La diferencia en los rendimientos entre ambos países conduce a una apreciación de la moneda uruguaya en términos relativos.

Durante la primera quincena de agosto, la tendencia del billete verde era marcadamente a la baja. La suba de calificación de Moody’s a la deuda uruguaya –que obtuvo un segundo grado inversor–, no hizo más que alimentar una tendencia ya definida. En poco más de 30 días el dólar cayó 5,8%, casi $ 1,5.

Fue allí que la autoridad monetaria decidió establecer controles para el ingreso de capitales desde el exterior, con la implementación de un encaje a los bancos intermediarios y además, permitió que la compra de títulos soberanos en el mercado local pueda hacerse en dólares, revirtiendo una decisión anterior. Esas dos medidas descongestionaron el mercado de cambios y llevaron a una suba de 4,35% en el precio del billete verde en menos de tres semanas. La medida del gobierno brasileño, de recortar por novena vez consecutiva la tasa Selic, llegó el jueves para cambiar el panorama.

En el fondo, la inflación

El Centro de Investigación Económica (Cinve) identifica una “zona de confort” para las autoridades uruguayas. En un reciente informe, los expertos señalan que las últimas medidas impulsadas por las autoridades evidencian el seguimiento del tipo de cambio por parte del gobierno.

“El BCU habría señalado implícitamente con su reciente accionar que una cotización por debajo de $ 21 podría complicar la competitividad, en especial a nivel regional”, señalan. Pero también establecen una cota superior para la flotación de la moneda, a partir de la agenda oficial: “un dólar por encima de $22 sería riesgoso para el control inflacionario”.

Es por eso que algunos analistas consideran que el dólar dejó de ser una variable que surge de modelos que simulan el comportamiento de los agentes y sus decisiones de oferta y demanda, sino de una ecuación de reacción del gobierno que permite equilibrar un objetivo de inflación, con el alza de precios internacionales y el aumento de los salarios proyectados.

Es el caso del economista Javier de Haedo, que según el estudio realizado por El Observador en función de las previsiones de 11 economistas locales que respondieron mensualmente a las encuestas del BCU, fue quien mejor logró anticipar la evolución del dólar a seis meses durante 2011. El experto espera un dólar de entre $ 21,5 y $ 22 para el cierre de este año.

Competitividad

Al implementar las medidas de control de capitales, el BCU argumentó que, de esa manera, buscaba que la evolución de la moneda reflejara por completo sus fundamentos. Según señalaba, la apreciación de la divisa se debía al ingreso de inversiones especulativas y no a cambios en esos fundamentos.

Según el presidente del BCU, Mario Bergara, esas distorsiones dejaron de estar presentes. “Las oscilaciones del dólar fueron similares a las sucedidas en los países de la región que tienen políticas económicas similares a la nuestra”, dijo el jueves en Maldonado. Y agregó, “los movimientos en el tipo de cambio están determinados con lo que está pasando en la economía global”.

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