Yanina Olivera, AFP. Quien se convirtió en el primer uruguayo en cruzar el océano en solitario publicó su diario de viaje, "Hasta donde me lleve el viento", que acaba de sacar una tercera edición en España.
Se fue a México. Luego a Canadá. En 1978 hizo un viaje por tierra por América Latina, y fue allí cuando decidió que iba a ser un vagabundo.
"Cuando descubrí el mar, pensaba que navegar en un velero era algo bellísimo: romántico ser llevado por el viento y además tenía algo de épico si lograbas cruzarlo", dice Rejduch, cuyos ojos azules lanzan destellos de picardía en la brumosa mañana del invierno montevideano.
Al "Charrúa" lo encontró "abandonado en una marina en Toronto (Canadá), todo lleno de maderas y trastos viejos, y lo primero que hice fue pintarle unos ojitos en la proa. Cuando él pestañó le dije: ¿me llevás a cruzar el Océano?", relata Rejduch, sentado en la cubierta de su velero, al que describe "como una ventana al más allá".
"Para mí sería la aventura más grande de mi vida", asevera quien se convirtió en el primer uruguayo en cruzar el océano en solitario, quien además dio la vuelta al mundo y recorrió sus confines.
Siempre tuvo la veta de escritor: "Me daba por la poesía, componía canciones y versos, y cuentos pequeñitos. Cuando hice la primera travesía en el 80, empecé a escribir para revistas náuticas españolas y argentinas".
Confiesa que el mayor premio de su vida de navegante bohemio "es la sorpresa y el asombro, y también todas las vidas que podés volver a empezar sin estar cargando ni pasado ni fortuna".
Para Rejduch, el "Charrúa es muchísimo". Para explicarlo evoca lo que sintió durante su primera tormenta -"parecía una guerra entre el cielo y el mar"- en el Atlático Norte.
"Y empiezo a sentir un poco lo que el Charrúa sentía. Yo ya no sabía más qué hacer, era el Charrúa el que me estaba salvando, era él el que estaba luchando (...) Eso que sentí me llevó a una fidelidad, que lo tengo hasta ahora al Charrúa, después de veintipico de años", dice Rejduch, quien en cualquier momento puede lanzarse nuevamente al mar.