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 Estados Unidos distiende su vínculo con Nicolás Maduro

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El dilema de Biden con Venezuela: entre la democracia y el petróleo

Con el crudo a más de 100 dólares el barril, Estados Unidos distiende su vínculo con Nicolás Maduro

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02 de junio de 2022 a las 05:04

El gobierno de Joe Biden dio un gesto al de Nicolás Maduro al dar un paso para que la petrolera Chevron continúe sus operaciones en Venezuela con la posibilidad de ampliar el estricto protocolo vigente como consecuencia de las duras sanciones comerciales que Donald Trump aumentó sobre ese país. 

El petróleo, producto de la guerra en Ucrania, tuvo aumentos significativos. El último día de mayo el barril de crudo WTI -West Texas Intermediate, que se utiliza en Estados Unidos- cotizó a US$ 115 mientras que el Brent —que se explota en el mar del Norte— valía US$ 123. 

Si bien Venezuela vive una profunda crisis económica y política, encabeza la nómina de países con reservas petroleras probadas. En este rubro se diferencian reservas probables (2P) de reservas probadas (1P) que son las que pueden ser explotadas y enviadas al mercado de acuerdo a las condiciones técnicas y económicas. 

Venezuela tiene reservas por 300 mil millones de barriles de petróleo. El segundo en la lista es Arabia Saudita con 260 mil millones de barriles. El tercero es Canadá con 170 mil millones. La nómina es extensa pero con solo ver la distancia entre el primero y el tercero, alcanza para ponderar el valor comercial y geopolítico de Venezuela.  

Esto más allá de las consideraciones sobre el gobierno de Maduro. 

O, en todo caso, para entender por qué Biden abrió a través de Chevron una vía para restablecer mecanismos de diálogo entre Maduro y la oposición venezolana con la velada promesa de distender las sanciones comerciales que impiden que el petróleo venezolano juegue en las grandes ligas como lo hizo históricamente. Es más, el principal cliente —aún con Hugo Chávez en el poder— de ese crudo era precisamente Estados Unidos. 

Un elemento adicional a un todavía eventual diálogo entre oficialismo y oposición venezolanos en tierra mexicana, es que Juan Guaidó ya no es reconocido como “presidente encargado” por la Unión Europea desde enero de 2021. Gobernaba Donald Trump en Estados Unidos y decidió mantener ese estatus para quien consideraba alguien capaz de moverle el piso a Maduro. Todavía, pese a perder peso dentro de la oposición en su país, Guaidó mantiene esa categoría.  

Cabe consignar que los republicanos y muchos demócratas, incluyendo a Biden, se niegan de modo rotundo a modificar la relación con las autoridades venezolanas a las que consideran “una dictadura”. 

Una vez más retomar el diálogo  

La mesa de diálogo en México entre representantes de Maduro y opositores venezolanos funcionó en 2021 con la supervisión de un equipo de negociadores de Noruega. Este año, en caso de reanudarse, deberán encontrar el país que cumpla ese papel. Venezuela tiene previstas elecciones presidenciales en 2024, y para Estados Unidos sería muy importante la estabilidad política en el país para esa fecha.  

Por su cercanía geográfica, por ser frontera con Colombia y, sobre todo, por el petróleo. 

Ante un estrés financiero y comercial mundial, ante el hecho de que las sanciones contra Rusia incluyen el petróleo, el crudo venezolano se cotiza no solo en precio de barril sino en política pura y dura. 

Chevron y los posibles cambios  

En concreto, la norteamericana Chevron nunca dejó de operar en Venezuela. Y siempre lo hizo en los estrictos términos que le fija el Departamento del Tesoro norteamericano. La compañía tiene varios contratos con la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) tanto para petróleo como para gas. 

A la compañía y a otros productores extranjeros, en el medio de estrictas sanciones, se les permitió extraer, procesar y exportar petróleo venezolano para “recuperar dividendos y deudas” de empresas conjuntas con PDVSA. Muy por debajo del potencial del país. 

Hasta mediados de 2020 las cosas eran así: Chevron comercializaba entre uno y dos millones de barriles mensuales de crudo venezolano. Todo cambió cuando Donald Trump endureció las sanciones contra Maduro. Por entonces, el entonces presidente creía posible que Juan Guaidó dejara de ser “presidente designado” para liderar un cambio radical en la política venezolana. 

Las cosas no cambiaron, la enorme movilización contra el chavismo decreció y, en paralelo, Chevron perdió la posibilidad de exportar y sus finanzas flaquearon. La asunción de Biden llevó a que Chevron tuviera reuniones al más alto nivel con representantes del presidente norteamericano con la mira puesta en operar en Venezuela a mayor volumen.  

En caso de aumentar las operaciones, la compañía podría cobrarse las deudas que el gobierno de Maduro tiene con esa petrolera. 

El Departamento del Tesoro —el que otorga las licencias— sigue día a día este culebrón y prolonga de modo automático la licencia de Chevrón así como de las empresas que brindan servicios esenciales para esa industria. Tal el caso de las poderosas Halliburton y Schumberger. Sin esos servicios ni Chevron ni otras empresas –como la española Repsol- podrían operar yacimientos venezolanos. 

El rol de la oposición y la flexibilidad de Maduro 

Para profundizar la distensión de las sanciones, la administración Biden se vale de un argumento que lleva puertas afuera de Estados Unidos el debate. En concreto, sostiene que son los líderes de la oposición venezolana quienes piden que el tema petrolero esté presente en las eventuales negociaciones a retomarse este año en México. 

En efecto, la Plataforma Unitaria liderada por Guaidó y otras expresiones opositoras venezolanas se sentaron en 2021 con representantes del chavismo en Ciudad de México. Ni siquiera los expertos mediadores noruegos lograron encausar un entendimiento. 

Sin embargo, más allá de eso, quedaron puentes abiertos. Y la llegada de Biden aumentó las expectativas. El elemento adicional ahora es que Estados Unidos necesitaría de ese petróleo: tras la invasión a Ucrania, esa potencia bloqueó las importaciones de oro negro ruso que representan el 8% del total del petróleo importado. 

No solo importa que Biden se hace eco —al menos en lo argumental— del pedido de los opositores a Maduro. Importa que el presidente venezolano tiene en carpeta un giro muy grande en su política. 

Dos datos significativos. Maduro se reunió con el sector bancario para proponer a los tenedores de bonos para “honrar” la abultada deuda externa. En sintonía con eso buscaría modificar tanto la ley de Hidrocarburos bolivariana como la de Inversiones Extranjeras.  

En ambos casos permitirían el ingreso de compañías extranjeras para operar en Venezuela. 

Las ideas de Maduro para romper el bloqueo podrían traerle conflictos al interior del gobierno. Por eso, por ahora, hay un secretismo muy alto respecto de esos eventuales cambios. El presidente venezolano necesita un consenso interno para lanzarse en ese rumbo. 

De concretarse esos cambios, la política exterior daría un giro copernicano. Le permitiría a Maduro retomar relaciones con Estados Unidos y la Unión Europea y, al romper el bloqueo, también podría aumentar el coeficiente de importaciones que, hasta ahora, son un factor clave del desabastecimiento y la inflación. Permitiría también las inversiones extranjeras en un país sin industria propia.  

¿Sería un camino que lleve a la Venezuela previa a Hugo Chávez y la Revolución Bolivariana? Difícil tener respuestas en una coyuntura donde el mundo tiene casi nada más que preguntas.  

La oposición buscaría en México “una Venezuela liberal”. Pero el gobierno de Maduro mira las elecciones de 2024 con la idea de que una estabilidad económica y la ampliación de sus vínculos con “el mundo occidental” podrían llevar agua a su molino. Básicamente porque el petróleo se fue a las nubes y nadie puede predecir si algún día bajará. 

Por último, la Cumbre de las Américas que empieza el 4 de junio en Los Ángeles no contaría –salvo decisiones impensadas de último momento- con los mandatarios de Venezuela, Nicaragua y Cuba. Fue una exigencia de Andrés Manuel López Obrador y de otros mandatarios del continente. Pero, si vale la metáfora, las cumbres pasan y el petróleo queda. Así es la política en la profundidad de las decisiones.  

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