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11 de abril 2024 - 5:03hs

“El que se precipita, se precipita”, dijo la frenteamplista Carolina Cosse echando mano a una frase de José Batlle y Ordoñez que no quiere decir otra cosa que el que se apura, se despeña.

La precandidata y exintendenta de Montevideo explica así su postergada definición acerca del plebiscito que impulsa el PIT-CNT para suprimir las AFAP, equiparar las jubilaciones mínimas al salario mínimo, y demoler el corazón de la reforma votada por el oficialismo en el Parlamento que subió la edad de retiro de 60 a 65 años.

Pero en el Frente Amplio, tanto desde el entorno de su postulación como del lado de su rival interno Yamandú Orsi, coinciden en que esa demora tiene que ver menos con la necesidad de estudiar a fondo una iniciativa que ya ha sido bastante analizada, y más con una estrategia política destinada a contentar y tranquilizar a futuros votantes.

La cosa es así: el plebiscito planteado por el PIT-CNT supone, según han advertido desde el ala moderada del sindicalismo y por parte de economistas independientes, un riesgo para las finanzas del Banco de Previsión Social (BPS), para el Estado por las demandas que provendrán de las AFAP y una mayor carga tributaria para las futuras generaciones.

Es por esta razón que, prontamente, Orsi se despegó del PIT-CNT señalando que la propuesta significaba un “profundo error que complica a cualquier gobierno”, y el Frente Amplio dejó en libertad de acción a sus dirigentes ante la emergencia.

En la coalición oficialista celebran la iniciativa de la central sindical porque consideran que abre en la izquierda un flanco débil donde pegar hasta el cansancio. “Ah, va a ser un debate maravilloso, estoy con ganas de firmarles para ver si llegan”, llegó a decir el senador blanco Jorge Gandini.

Y, ante ese estado de cosas, Cosse quedó embretada. Sus principales respaldos en la interna son los partidos Comunista y Socialista que coinciden con el plebiscito planteado por el PIT-CNT y por eso firmó para habilitar la consulta popular que, de conseguirse las 270 mil rúbricas necesarias, será resuelta junto a las próximas elecciones nacionales.

La exintendenta necesita del respaldo sin fisuras de esos grupos radicales –de los más militantes de la izquierda- para disputarle con chance la interna a Orsi.

No obstante, una vez vadeada la interna, los sectores moderados de la sociedad uruguaya podrían negarse a votar a una candidata embanderada con una reforma que, según afirman sus detractores, supone riesgos para el sistema previsional.

Entonces, es muy pero muy probable que con miras a octubre –si es elegida candidata- la exintendenta se pronuncie en contra de un plebiscito que –si decidiera apoyarlo- la obligará a defender, entre otras cosas, la eliminación de las AFAP que el Frente Amplio mantuvo en pie en sus 15 años de administración.

Por eso Cosse no quiere precipitarse, en ninguna de las dos acepciones del dicho de Batlle y Ordóñez. Porque así gana un tiempo vital que le evitará confrontar con sus compañeros de ruta a corto plazo sin enemistarse con los moderados en octubre.

“Tengo equipos grandes y cuando me preparan un documento sobre algo, pregunto, repregunto, me informo muy bien; me lleva tiempo tomar posición, voy a esperar que llegue el momento para expresarme y mientras tanto estaré estudiando. Como todos los uruguayos, las cosas a su tiempo. El que se precipita, se precipita”, dijo la líder frenteamplista para explicar una aparente parsimonia en sus tiempos de decisión.

Es decir, Cosse esperará a que se confirme si se alcanzan o no la firmas para plebiscitar la reforma. El PIT-CNT tiene plazo hasta fines de abril para juntar las rúbricas pero, según anuncian desde la Corte Electoral, el conteo terminará luego de las internas de junio.

De esta forma, la exintendenta evitará expedirse antes de esa instancia electoral en contra de la polémica reforma, lo que colisionaría con sus aliados comunistas y socialistas.

Porque, como fue dicho, si gana las internas, Cosse deberá ampliar el electorado con miras hacia octubre y, ya librada del compromiso con el PC y el PS, podrá moverse con mayor libertad tratando de convencer a aquellos que desconfían de ella y de sus aliados radicales.

La estrategia luce evidente. Resta saber si los frenteamplistas primero y, eventualmente, todos los uruguayos después, la premiarán por la táctica elegida o la penalizarán por haber zigzagueado para no despeñarse.

 

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