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El discurso del rey

"La pobreza es una indignidad que no deben tolerar las sociedades"

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25 de septiembre de 2020 a las 22:32

Por Pablo Carrasco, especial para El Observador

El ingeniero agrónomo Gabriel Capurro, presidente de la Asociación Rural del Uruguay (ARU), nos sorprendió el domingo pasado con un discurso profundo y filosófico, cuando todos esperábamos un rosario de demandas al estilo milenario de estos eventos. Un regalo inesperado para aquellos que disfrutamos las discusiones que aportan a nuestro aprendizaje.

Su valentía permitió colocar en la agenda la posibilidad de desafiar una vaca sagrada de lo políticamente correcto y, en este sentido, mi columna de agradecimiento quiere recoger ese guante.

El socialismo real destruido junto al muro en 1989 dejó, como en una saga de Netflix, alguna pista para la próxima temporada. Detrás de la idolatrada igualdad se encuentran dos de los enunciados marxistas sobrevivientes: a) Los pobres son pobres porque los ricos son ricos; y b) Los individuos no son capaces de tomar las mejores decisiones en relación a su propio bienestar.

La discusión es extremadamente difícil, porque desata un tsunami de prejuicios por parte de los predicadores igualitarios.

En primer lugar, mientras los liberales queremos desmitificar la idea de la igualdad, nos responden hablando de la pobreza como si fueran lo mismo.

La pobreza es una indignidad que no deben tolerar las sociedades y no son objeto de esta discusión para los liberales. Nadie puede privarse de las necesidades básicas y debe ser temporariamente protegido por los demás para salir de esa situación. Pero en esta categoría podemos colocar a una estrecha minoría, y quiero referirme a todos los demás.

En segundo lugar, parece que no se entiende que ni el talento ni el esfuerzo en sí mismos son suficientes para alcanzar mejores ingresos.

Es el mercado quien premia o castiga y el mercado es el agrado o desagrado de una comunidad con lo que cada ciudadano le está ofreciendo.

Es por eso que una estrella del fútbol masculino gana 100 veces lo que una estrella del fútbol femenino, y los que discrepan con esta “injusticia” no deberían perderse un partido de fútbol femenino para aumentarle el sueldo a sus ídolos.

Los ingresos son los premios del mercado acordes al nivel de satisfacción que cada uno brinda a los que les rodean.

La utopía igualitaria es una entelequia que nos reconforta porque difícilmente nos sentimos aludidos. Enseguida se nos viene a la cabeza la lista de candidatos a despojar y nunca nos encontramos en ella. Jamás vimos a dirigentes de instituciones proponer un único ingreso para todos los individuos incluido ellos mismos. Nunca se les ha escuchado salir de la enunciación, para poner en práctica la tan deseada igualdad.

Por último, la puesta en práctica de la igualdad en aras de conseguir justicia social y la distribución de la riqueza implica sin excepciones un ataque a la libertad, a la propiedad privada y un único resultado: igualar hacia abajo.

Los impuestos que los estados cobran con este fin son un acto de violencia, y no integra las funciones por las que sí o sí los estados deban existir. Los más premiados por el mercado están afectados en el uso de sus ingresos porque algún funcionario público lo señaló como culpable de los menores ingresos de sus pares. Su propiedad privada atacada y su libertad cercenada.

Los ingresos de las personas no son una ecuación de suma cero. Culpar al que le va bien de lo que le ocurre al que le va mal, tiene viejas raíces en el Uruguay y revela la convicción de que la riqueza es un bien finito, como el cinco de oro, donde cuantos más ganen el premio peor me irá como ganador. Pero nada más falso, la riqueza se crea.

Creemos que la generación de riqueza y su distribución es el fruto de las personas intentando cumplir sus sueños y cuando pedimos achicar el Estado buscamos ir a las personas para devolverles su dinero porque creemos que, para pararse sobre su pies, nadie lo administrará como él.

En fin, tal vez sea más útil citar a Milton Friedman con su maravillosa frase: “Yo estoy de tu lado, pero tu no”. 

 

A continuación, el discurso completo de Gabriel Capurro:

Prado-2020 by Juan Samuelle

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