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El drama de los desaparecidos en democracia

La búsqueda de José Ignacio Susaeta genera conciencia sobre las personas ausentes; este año aumentaron las denuncias

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04 de julio de 2015 a las 05:00

La cadera y las piernas de una persona aparecieron el jueves flotando en el arroyo de Rocha. Mientras que la Policía de Rocha, Policía Científica y Bomberos buscan el resto del cuerpo, el Instituto Técnico Forense intenta extraer el ADN para cotejarlo con la base genética de las personas ausentes. Cada vez que un cadáver no revela su identidad se reactiva la angustia de los familiares que, de dedos cruzados, buscan a sus desaparecidos con la esperanza de que el examen de ADN no de positivo, con la ilusión de que un día llegará el reencuentro.

Cientos de uruguayos desaparecieron en democracia y nunca más nadie supo nada de ellos. Setenta y dos rostros se amontonan en la página web del Ministerio del Interior. Los familiares de estas 72 personas dieron la autorización para que se difundiera su fotografía. Pero son muchos más los buscados, aunque las autoridades prefieren por varios motivos no revelar la cantidad.

La ausencia de los desaparecidos en democracia se tornó más notoria desde enero de este año, cuando José Ignacio Susaeta, de 23 años, se fue de su casa y nunca más regresó. Dejó una carta y dos días después apareció en Lagomar el auto Chevrolet Spark en el que había salido de su casa. Su familia decidió divulgar su fotografía y pedir colaboración en redes sociales. El miércoles, realizaron una marcha por la avenida 18 de julio para divulgar su búsqueda.

El años pasado, hubo 700 denuncias que llegaron a la sección Registro y Búsqueda de Personas Ausentes de la Dirección General de Lucha contra el Crimen Organizado e Interpol. Este año ya se han registrado 560 denuncias, informó el director de Interpol, Carlos Del Puerto, a El Observador. Las autoridades estiman que este año se superarán las 1.000 denuncias.

Del Puerto explica este incremento por la difusión de las búsquedas de personas concretas. En ese sentido, advierte que las marchas, como la realizada el jueves por 18 de Julio, sirven para "concientizar" a la población.

De todas maneras, la tarea de buscar a los que nunca regresaron es tan compleja como diversa.
"Papá, papá", le dijo una mujer a un hombre en una plaza del interior del país. Lo agarró de los hombros, lo miró a los ojos, vio en el hombre a su padre, pero no era. "Hasta la misma hija confundió a su padre con una persona parecida", contó uno de los investigadores que integra la sección para ejemplificar sobre lo dificultoso que puede resultar una búsqueda.

Más de la mitad de las personas buscadas se ausentaron antes de 2010. En poco se pueden parecer estos ausentes a la fotografía que de ellos se tiene. Pero la búsqueda solo se abandona cuando aparece la persona, con o sin vida. Mientras exista la duda, habrá búsqueda.

En los cinco últimos años, la Policía logró aclarar entre el 90% y el 95% de las desapariciones y la mayoría la persona aparece con vida, como sucedió este miércoles con un adolescente de 16 años que había salido de su casa en ciudad de Canelones el 26 de junio.

"La droga, la indigencia, los problemas familiares y la violencia doméstica inciden en las desapariciones; entonces, se trata de un problema social", explica el director de Interpol. En muchos casos, un hombre o una mujer denuncian la desaparición de su pareja, pero en realidad la ausencia busca escapar de una situación de violencia doméstica. O está impulsada por una infidelidad. En esos casos, la Policía busca al ausente y, cuando lo encuentra, consulta a la persona si desea regresar. En caso de que la respuesta sea negativa, la Policía se limita a informarle a quien busca que la ausencia es intencional y, de esa manera, finaliza la búsqueda.

Los adultos suelen ausentarse de una vez y para siempre. La situación de los adolescentes generalmente es diferente. "Muchas veces vemos un alejamiento paulatino del o la menor de la zona en que está y vemos que toman cada vez más riesgos", informó uno de los investigadores. Los adolescentes, a diferencia de los mayores, suelen ser reincidentes en su ausencia. "La incidencia de Facebook y de las redes sociales inciden brutalmente. A los menores y a todos se les abre una puerta para conocer gente que no saben quiénes son", agregó.

Entre los 72 ausentes que miran desde la página del Ministerio del Interior, hay dos niños: Karen Martínez, que desaparició el 2 de junio de 1997 a los 7 años, y Juan Ignacio Pertusatti, ausente desde el 25 de mayo de 1994, cuando tenía 9 años. A sus padres nadie les quita la esperanza.

El año pasado, la sección de Registro y Búsqueda de Personas Ausentes recibió una llamada desde Nicaragua. Un hombre en situación indigencia decía en una ciudad nicaragüense que había nacido en Montevideo y nombraba a una mujer. Desde Nicaragua, enviaron su fotografía. A pesar de que enviaron una fotografía del hombre, se parecía muy poco a quien podía ser. Pero era. Debajo del hombre barbudo, flaco, de pelo largo, se escondía el de la fotografía, el que había desaparecido hace tres años. Su familia trabaja hoy para que regrese al país.

Las historias se suceden. "El ejemplo de Páez Vilaró, lo que puede ser un padre buscando a un hijo, convencido que está con vida, es el mejor ejemplo de lo que se puede hacer", advierte Del Puerto.
El pintor pudo abrazar a su hijo, caído en la cordillera andina. Otros padres siguen anhelando ese abrazo imposible. Y así viven, con la ausencia y en la búsqueda.


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