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Flavio Perchman

Fútbol > HISTORIAS: FLAVIO PERCHMAN

Perchman, el empresario que tiene la fórmula del éxito, sueña con ser presidente de Nacional

Perchman siempre dijo que iba a vivir del fútbol, pero no supo en qué lugar hasta sus 34 años; se consolidó como empresario, sacó campeón a Aguada, a Rentistas, llevó a su primer jugador a Barcelona y se quiere despedir como presidente tricolor

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07 de noviembre de 2020 a las 05:03

A los 20 años estaba convencido que iba a vivir del fútbol, aunque desconocía en qué lugar se iba a desarrollar. Había comenzado a estudiar Ciencias Económicas y a sus 22, en segundo año, decidió dejar la carrera. Se lo tenía que decir a sus padres. “Lo decidí. No sigo estudiando. Lo mío va por otro lado”. Sus padres, que lo escuchaban atentamente, lo miraron y le hicieron la pregunta lógica, “¿Por dónde?”. La respuesta de Flavio Perchman los dejó sin palabras: “No sé, pero lo único que tengo claro es que voy a ir al Mundial de Italia”. Lejos de sentir alivio, se cargaron de preocupación y no tardó la respuesta de su padre: “¡Mirá qué lindo! Dejás de estudiar, no tenés trabajo y vas a ir al Mundial de Italia…”.

Flavio Perchman con Platiní

Fue a Italia 1990. Descubrió un mundo nuevo y al regreso montó su primer negocio. Una pizzería en Monte Caseros y Garibaldi. Apenas le daba para salvar los gastos.

Flavio Perchman en el Mundial de Italia 1990

En el camino, tuvo un equipo de fútbol de salón al que subió de Tercera a Primera sin presupuesto ni recursos, solo gestionando a un grupo de amigos.

Soñaba con ser periodista deportivo, y lo más cerca como comunicador fue escribir algunas líneas desde el Mundial de Italia para el diario La República.

En 1993, ganó el concurso Martini Pregunta por $ 30.000 (que equivalía a unos US$ 8.000), de canal 12, respondiendo preguntas de los clásicos entre 1977 y 1992. El fútbol le había dado su primer dinero, pero no era suficiente.

Recién a los 34, en 1999, definitivamente descubrió su lugar en el fútbol: la gestión deportiva como empresario. De todas formas, antes de empezar a descubrir los lugares regados por éxito, la pasó mal. No tenía dinero ni para pagar el teléfono, y salió a buscar trabajo para completar los ingresos en su casa, porque no les alcanzaba. Ya tenía a sus dos hijos.

A partir de 2002, su vida tuvo otro rumbo. Se consolidó en el mundo empresarial. Actualmente  maneja a casi 40 jugadores y a Martín Lasarte. Gestionó Racing, fue presidente de Aguada y lo sacó campeón de la Liga Uruguaya de Básquetbol después de 36 años, llevó a su primer jugador a Barcelona (Ronald Araújo) y el mes pasado logró su primer título en el fútbol uruguayo con Rentistas, que gestiona a través de una SAD que integra junto a otras seis personas.

A los 55 años, con un respaldo económico que lo salva para el resto de su vida, y la de de su familia, siente haber cumplido todos los sueños y solo espera alcanzar el último: ser presidente de Nacional.

El estreno en la gestión deportiva: Latinoamericano, el equipo de fútbol de salón

La primera vez que empezó a expresar su veta en la gestión deportiva fue con el equipo de fútbol de salón del colegio Latinoamericano, en el que estudio.

Fue un experimento muy particular. Al colegio le pidió el nombre, para inscribirlo en la Federación, se nutrió de los jugadores de la Asociación Cristiana de Jóvenes y completó las exigencias de divisiones formativas con los equipos sub 14 y sub 16 de Crandon y Sagrada Familia. Presupuesto: cero.

Flavio Perchman con el equipo de futsal

“Era el jugador 11 o 12 del plantel, y lo dirigía, pero compartía con aquel grupo todo el año en la ACJ, donde había buen nivel en el fútbol social, así que armé una especie de selección, y con los que más teníamos afinidad. Y nos federamos para ver qué pasaba. Empezamos a competir y el primer año jugamos la final contra Trouville. Perdíamos 5-2, y ganamos 6-5 en la hora. Así conseguimos el ascenso a Segunda. En el segundo nivel del fútbol de salón ya no podía ser ni el jugador 12, así que dirigía y organizaba. Al segundo año en Segunda, fuimos campeones invictos y en 1990 estábamos en Primera”, explica Perchaman, mientras entra en detalles de aquella experiencia que muestra su ojo para descubrir el talento en el deporte y canalizarlo para llegar a los éxitos.

“Subimos y la situación fue muy rara porque en Primera estaban Hebraica, Náutico, Nacional, Peñarol, Bohemios, Platense, Rowing, IASA, todos equipos históricos, y Latinoamericano. Sí, Latinoamericano. Era raro. Tan raro que antes del comienzo de la temporada el presidente de la Federación me preguntó cuánto tiempo más íbamos a seguir, porque los demás equipos tenían cancha y nosotros no, los demás tenían inferiores y nosotros habíamos conseguido dos categorías juveniles prestadas. A mitad de temporada el presidente volvió con otro mensaje: ‘Flavio, no hay mucho margen para que sigan, pero tampoco los puedo sacar’. El asunto fue que nos mantuvimos en Primera ese año, y le ganamos a Nacional, que fue campeón, y al concluir la temporada nos fuimos. Estuvimos cuatro años, nos sacamos el gusto. Fue una etapa cumplida”.

Así es la vida de Perchman, trazar objetivos, alcanzarlos y tomar otro rumbo.

“A mí, me sucedió mucho eso de cumplir etapas y largar. A todo lo que me va tocando vivir le tengo mucho aprecio, lo recuerdo con afecto, y se transforma en sostén para cosas posteriores, pero no tengo ningún problema en soltarlo. Cuando tuve pizzería, en el fútbol, cuando dejé Aguada. No tengo inconvenientes en soltar. No me apego indefinidamente”, expresa.

El año que ganó respondiendo sobre fútbol

Año 1993. Martini Pregunta por $ 30.000. Giacosa en la conducción y 60 candidatos a responder sobre temas de fútbol. Buscó un tema que tuviera “gancho”, dice, “y del que sabía”: los clásicos.

Flavio Perchman en Martini Pregunta

“Si bien siempre fui muy hincha de Nacional y socio, también siempre tuve la objetividad de ver el fútbol más allá de la camiseta. En el concurso quedamos dos, de 60 candidatos. Uno de fórmula 1 y yo, con los clásicos de 1977 a 1992. Eran 84 clásico. Yo había visto 70, pero tenía que saber todo, absolutamente todo”, dice.

En ese momento armó el plan para conseguir la información que le faltaba. “Pensé, ¿con quién prepararme? Elegí a Eduardo Rivas, porque entendía que era el que más sabía y sabe de fútbol en Uruguay, y que tiene mucha memoria. Lo contacté, y a raíz de eso quedó un vínculo hasta estos días. La preparación fue muy difícil porque prácticamente no había bibliografía. La información estaba en los diarios y en lo que recordabas. Tenía que intuir preguntas, porque nadie te iba a preguntar quién remató un córners, si esa jugada no tuvo consecuencias. En base a eso inicié el camino de Martini Pregunta. De todas formas, el primer día que estaba en el panel de Teledoce decía para adentro, ‘¿Qué hago acá?’. Cuando escuché la música del inicio del programa me entró un poco de cosa, porque no quería perder en los primeros programas, conocía a mucha gente y vendrían las gastadas. Al final, salió perfecto. Salvo dos preguntas difíciles, no tuve problemas. Una, la más difícil, fue un clásico en el Campeonato Colombes que daba puntaje para la Liguilla, que terminó 0-0 en los 90, 0-0 en alargue, y se definió por penales. Habían errado tres en Nacional y dos en Peñarol. En aquel equipo de Nacional habían jugado muchos juveniles, y siempre tuve una duda, pero ante la duda respondí que había errado Washington Castañero, que finalmente fue la respuesta correcta. Fue ese tiro que pega en el palo y entra, o ese que da vuelta en el aro y cae en la red. Al programa siguiente gané todo el premio”, recordó.

Con Tabárez forjó una amistad a través de aquella participación en Martini Pregunta.

"Necesitaba saber quién había sido el capitán el 8 contra 11, porque tenía una duda. Lo llamé para confirmar la información, así como llamé a un montón de jugadores y entrenadores para corroborar datos. A partir de allí se generó una gran relación y después de cada programa me llamaba. Años después, cuando fue a Milan, me invitó a ir, pero había nacido mi hija y no pude viajar. ¿Vos sabías que en un clásico Morena jugó con la 16? En aquel momento tuve que llamarlo para confirmar ese dato. De la misma forma que con Hugo de León hablé mucho mientras me preparaba para el concurso”, recuerda.

Su primer amor en el fútbol: Racing

Cuenta que su primera historia en el fútbol comienza con Racing. “Es un vínculo que lleva 20 años. Si tengo que definirlo te diría que es una pareja con altos y bajos, en donde se forjaron amistades que hasta el día de hoy son fuertes. La más importante con Raúl Rodríguez, pero también con Rossana Tarullo, Alejandro Beisso, ahora Nico Núñez. En algún momento tuve diferencias en el tema deportivo y eso hizo que estuviera un poco más alejado”.

¿Qué papel cumplió en el equipo de Sayago? “Me integré como colaborador. Hicimos un pool. Fue un éxito. Clasificamos a Copa Libertadores por primera vez. Vendimos jugadores. Manejé la parte deportiva y comercial, con Raúl al lado. Dio muchos frutos y eso se mantuvo hasta 2010, cuando Raúl se fue a la AUF”.

El segundo desafío: Rentistas

Cuando se alejó parcialmente de Racing, se abrió una puerta en Aguada y en Rentistas.

Sucedió casi en paralelo. Era el sueño como hincha de llegar a la presidencia del club de básquetbol, y el segundo desafío en el fútbol con los rojos.

Flavio Perchman

Se acercó en 2012, impulsado por Wilmar Valdez y luego de acordar su llegada con el presidente Mario Bursztyn. Rentistas estaba en la B, lo llevaron a Primera y lo clasificaron a la Copa Sudamericana. Luego llegó la historia conocida, el histórico título de octubre tras vencer en la final del Apertura a Nacional.

“Me gustan los clubes con poca gente, porque valoran más lo que hacés. Además, Rentistas te brinda mucha institucionalidad. En este camino no fueron todas buenas, porque tuvimos que malvender a Ronald Araújo para mantener el quiosco abierto, sino Rentistas no seguía jugando. Eso sí, el título del Apertura fue el corolario de hacer las cosas bien, que se sumara Nico López, Pino (Marciano), Bursztyn, Alvarito Rivero. Vino gente de afuera a poner dinero, pero hay un apoyo institucional desde adentro. Se mejoró la infraestructura. Nico López le dio orden al club. Ahí está el secreto”.

Los jugadores que marcaron su carrera

Su primer pase fue el de Daniel Gutiérrez a Aucas. Eso ocurrió en julio 1999. Luego ingresó en una larga espera, hasta 2002, cuando abrió la puerta del mercado mexicano y dio un salto económico.

Flavio Perchman

También dice que hay una serie de jugadores que fueron muy importantes en su comienzo: Sergio “Loco” Navarro, Rodrigo Lemos, “porque me respaldó en un momento que era muy difícil, y en 2002 lo llevé a México, y todo eso fue un cambio grande en su carrera y en la mía”. Luego vino el Bola Álvaro González, Marcelo Tejera, Máximo Lucas, todos con Eduardo Acevedo.

Pero hay otros, que se transformaron en íconos de su recorrido en el fútbol.

“Tengo 19 años con Juan Manuel Olivera, y 17 con Lamas y Seba Fernández. Si me pedís que te defina con una palabra el secreto de tantos años con los mismos jugadores, te diría credibilidad, que es lo que te da el resto de las cosas. Ser creíbles, no mentir nunca a los jugadores y plantear las cosas como son. Con el Zurdo tengo una relación espectacular, pero hace un mes tuvimos una discusión sobre un tema de Defensor, por cómo jugaba el equipo y lo veíamos distinto. Porque no estoy palmeándole la espalda todo el tiempo. Digo lo que pienso. Por ejemplo, en 2019 le dije a Seba Fernández: ‘Nos queda un último año de un muy buen contrato en Nacional, después se vienen otros tiempos y será distinto’. Y fue distinto. Hablar de todo eso con el jugador puede resultar difícil, porque no es lo que quieren escuchar, pero es lo que siento debo hacer. O que hoy esté hablando con Juan Manuel sobre el día después, porque ya tiene 39 años”, resume.

Perchman dice que hasta que por asuntos legales de las nuevas disposiciones no fue obligatorio firmar contratos, jamás firmó algo sobre asuntos de representación con sus jugadores. “Tengo un vínculo de palabra. La palabra fue la base de todo”.

¿Técnicos? Unos solo. Martín Lasarte. “Represento solo a Lasarte. Tengo infinidad de técnicos con los que mantengo amistad, me considero muy amigo de Gregorio Pérez, con Tabárez empezó un vínculo desde la época de Martini Pregunta, hace 27 años y no importa cuánto tiempo dejemos de hablar, cuando volvemos a retomar el diálogo es como si nunca se hubiese suspendido”.

El día que conoció a Roca

En 1990 abrió su primera pizzería y luego, en 1994, la segunda, con amigos, en Franzini y 21 de Setiembre. Uno de sus socios fue Álvaro Tito, y en la clientela mucha gente del básquetbol, incluido el empresario Carlos Roca, quien vivía a una cuadra.

“Con Carlos entablamos un vínculo bárbaro y en un momento le dije por qué no incursionábamos en el fútbol. Fue así que a fines de 1998 empezamos una sociedad en el fútbol que duró hasta 2001, porque los veranos para Carlos en Aguas Dulces eran sagrados, estaba acostumbrado a trabajar en el básquetbol muy fuerte dos meses al año, y el fútbol requería otras cosas”, recordó.

"Es más fácil decir lo que una piensa, que andar con rodeos. Pero está todo tan mediatizado que al final lo entreveran. El otro día dije que Lores tiene el ADN de Nacional y Falcón el de Peñarol, y lo digo porque lo creo así. Sin embargo, parecía que había dicho algo explosivo, cuando es algo tan simple como que cada uno tiene una identificación, su historia e idiosincrasia. Las cosas me parecen más simple de lo que las quieren hacer ver"

Luego llegó el desprendimiento de Roca y otra vez repecho en la vida. Enfrentó sus años económicos más difíciles porque tenía dos hijos, “poca solidez económica en la familia y Ana era el sostén firme porque es analista programadora en UTE y era el ingreso fijo que había. Lo mío con las pizzerías iba y venía. Pero tenía el convencimiento muy claro que mi camino iba a ir por el lado del fútbol. Recuerdo que en esa época le dije a Ana, en un momento complicado de la pareja, una frase que quedó grabada: ‘El Gallito Luis o yo, porque 8 horas no voy a hacer’. Porque iba a ir por el camino del fútbol. Nunca imaginé que luego se abrirían tantas puertas”.

En 2001 fui uno de los pocos que viajó a la Copa América de Colombia, en aquella edición en la que se bajó Argentina por un tema de seguridad. En aquel equipo tenía dos jugadores, Rodrigo Lemos y el Colo Curbelo.

“Era una oportunidad. Fui a Medellín y a la vuelta gasté todo el teléfono que tenía en llamadas. Estuve a punto de meter al Colo en Gimnasia, con Edgard “Pito” Golarte. Se había ido Cufré y Griguol dijo, 'si la plata de Cufré no va para Estancia Chica yo me voy del club'. Cuando leí esa frase, sentí que me clavaban una espada, porque lo que decía Griguol se cumplía. Imaginate lo que significó aquello: implicaba aguantar de julio a diciembre de 2001, sin un peso, sin un pase (el pase era el de Curbelo a Gimnasia), sin nada y con cuentas por todos lados. Fue eterno aquel semestre. Porque lo que tiene el fútbol es que si no hacés nada en el período de pases de julio, hasta diciembre no pasa nada. No va a pasar nada. Nada de nada. Y eran épocas en que el celular era prohibitivo, por lo que hacía todas las llamadas desde casa. Recuerdo que el primer mes, cuando se cayó el pase y no tenía un peso, viene mi mujer y me dice: ‘Sabés que estamos recibiendo llamadas, pero no están saliendo’. Le respondí enseguida: ‘Dejame averiguar con Antel qué sucedió’. En realidad, sabía cuál era el problema, que no había pago, y que al mes siguiente ya no solo no iban a salir llamadas, sino que ni siquiera iba a recibir. Y así fue. Tuve que salir a buscar otra línea telefónica. Me acuerdo que le pedí a mi madre que fuera a casa para que firmara por otra línea. Luego, cuando las cosas empezaron a ir mejor, pagué las deudas y me quedé con los dos números, uno para el fax y el otro como línea de teléfono. Son anécdotas que hoy la vez de una forma, pero fueron momentos muy complicados. Momentos que te marcan y siempre los tengo a mano. Porque no vivo pendiente de ellos, pero sé muy bien de dónde vengo y le doy mucho valor al tema del dinero, porque todo cuesta”.

"El Mundial de 2010 fue inolvidable porque lo viví con mi familia. Fue un viaje familiar maravilloso. Vivimos de adentro una cosa muy fuerte. En aquella selección tenía dos jugadores, Palito (Pereira) y Seba (Fernández). A Brasil 2014 fuimos con un grupo de 40 amigos, con familia, hijos. Y a Rusia 2018 fuimos 10, llevé a mi padre con 84 y a mis hermanos"

Al siguiente período de pases, abrió la puerta que le cambió la vida. Viajó con Rodrigo Lemos a México. “El 1° de enero de 2002 se abrió un universo distinto y a partir de allí se abrieron puertas grandes”, explica.

De aquella época, la de los grandes sacrificios, recuerda cuando viajaba con 20 videos a un draft a México. “Y pensás, ¿lo va a ver o no lo va a ver? Porque, por ejemplo, llevaba tres copias de Rodrigo Lemos y si cuando dejaba una no la veían, para mí, era un tesoro perdido. Ahora los reenviás en dos minutos por Whatsapp, pero hace 20 años me pasó de decirle a quien le dejaba el video de un jugador: ‘Si no es el jugador que necesitás, devolveme el video porque se lo voy a dar a otro equipo’”.

La presidencia de Aguada

“Fue un desafío muy importante y en un momento dije ‘por qué no’. Ya había sido dirigente a los 25 años, con Carlos Lorenzo, a quien conocí en Italia 1990, y me ofrecían volver a Aguada con la aspiración, después de 36 años sin ganar nada, de conseguir algo. Le dije a Carlos que iba si me acompañaba. De alguna forma lo sacudí porque estaba en otra etapa de su vida. Finalmente vivimos dos años maravilloso. Se sumó el Pelado Rabajda desde un lugar directo. Todo aquello con Aguada fue un espaldarazo muy grande para mí. Aguada es un fenómeno sociológico muy difícil de explicar a nivel deportivo y social, porque cada vez tenía más hinchas y cada vez ganábamos menos. Así que fuimos por el título, gestioné como creí que debíamos hacerlo y cortamos la racha de 36 años sin ser campeones".

El sueño de Nacional

A los 55 años dice que ya consiguió todo. Económicamente está resuelto. Construyó una carrera como empresario que le sigue abriendo puertas. Fue campeón con Aguada. Integra la SAD de Rentistas y gestinó el equipo campeón del Apertura. Colocó a Ronald Araújo en Barcelona. Pero, dice, le falta un último sueño.

“El último gran desafío que me queda a nivel deportivo, que será como una culminación de carrera, por lo que significa Nacional para mí, porque es lo que comparto con mis hermanos, con mi hijo, y con amigos, es poder ser presidente de Nacional. Es un sueño que no tiene fecha, y si se tiene que dar se va a dar. Es seguro que en 2021 no será, porque para estar en ese lugar tengo que dejar mi actividad como empresario. En 2024 veremos. Y si digo esto es porque me siento con capacidad para estar un día al frente de Nacional. ¿Por qué? Porque todo esto que va pasando te va dando herramientas para pensar. Si en Racing y Rentistas pudimos recorrer determinados caminos, con las diferencias que existen entre estos clubes con Nacional, ¿por qué no lo puedo trasladar a Nacional?”

Antes de seguir avanzando en el tema, puntualiza: “Decurnex hizo una gran presidencia y llevó a Nacional a un grado de sensatez que debe ser el del fútbol uruguayo general”.

Consultado acerca de cómo avanzaría como presidente de Nacional, si tuviera esa oportunidad, resume: “Lo primero, un equipo con pocos jugadores importantes y desequilibrantes. Luego, tenemos que intentar cambiar la cabeza de los jugadores jóvenes, algo que de alguna forma procuro con mis jugadores, para que antes que pensar en emigrar, primero piensen en triunfar en Uruguay, porque después viene lo otro. Viene solo. Ese es el gran cambio cultural que hay que tener y que se debe imponer en el fútbol. Que los jóvenes anhelen hacer un gol a estadio lleno en una final o en un clásico. Y no que estén pensando en emigrar, porque no es tan fácil irse tan jóvenes. Son pocos los jugadores que se van jóvenes y triunfan, porque la vida en otro país no es fácil, porque acá no se saben hacer un huevo frito y pasan a vivir en otro lugar del mundo, con otros idiomas y costumbres, en el que tienen que cocinarse, dejan los amigos y los afectos de un día para el otro. Esa construcción lleva su tiempo. Es cierto que después viene Manchester United, pone US$ 10.000.000 y es difícil retener a Pellistri, o que un año tremendo de Matías Viña hace que se vaya a Palmeiras y no lo podés retener. De todas formas busco generar un cambio cultural, que no se aparten de su aspiración de salir al exterior, pero sin la desesperación de irse, sino que apuntar al objetivo de triunfar en Uruguay como para que lo otro venga de la mano”.

Flavio Perchman

¿Cuáles deberían ser las aspiraciones deportivas de Nacional? “Tiene que intentar ser campeón uruguayo todos los años, y a nivel internacional esperar ese golpe de KO que cada tanto aparece y tenés la oportunidad de voltear a un grande, porque no vas a ganar siempre. Nacional y Peñarol están lejos de Flamengo, River, Palmeiras, Boca. Como Rentistas de Nacional. Pero es un día. Y ese día se puede dar, y tenés que estar listo para ganar una copa internacional (Libertadores o Sudamericana)”.

Cómo intenta encauzar a los juveniles

¿Qué le dice al jugador en un fútbol donde todos quieren hacer la diferencia en lo inmediato y emigrar? “Que el dinero no es todo. A los jugadores les mostrás y hablás de experiencias de otros futbolistas, les decís que la felicidad no está en el Iphone ni adentro del BMW cuando lo tengan. Que tienen que ir viendo otros valores, y manejando otras premisas. Algunos se dan cuenta en el camino, otros más tarde y otros nunca consiguen darse cuenta. Es así. Es real. Hay jugadores que piensan que cuando se compren el primer Iphone 10 van a ser felices, y cuando tienen el 10 se dan cuenta que recibe llamadas y que es igual que el Iphone 5. Con el auto es igual. En la medida que les vas planteando determinados temas, empiezan a creer. Y mirá que no es fácil estar en el lugar que están ellos. Mirá por ejemplo la vida de Ronald Araújo. Nació en Rivera y con 17 años se vino a Montevideo a vivir a un apartamento con tres chicos más. ¡Y de un día para el otro se fue a Barcelona! Es todo un cambio, que en le caso de Ronald, que es inteligentísimo, lo maneja, y lo acompañamos en ese crecimiento”.

Perchman tiene la teoría que “todo va pasando”. Y lo reafirma: “Es así, porque todo transcurre a medida que lo vas viviendo. Un día le dije al Flaco Olivera: ‘La gráfica de aquí en más va para abajo’. ‘Me mata que me lo digas, pero si me lo decís es así’, me respondió. Y se lo argumenté: ‘Ya tuviste tres etapas en Peñarol, fuiste campeón del Uruguayo, estuviste en el exterior’. Me pasó con Romario el año pasado en Rentistas, y me va a pasar el año que viene con Malrrechaufe”.

“El gran cambio que hubo en Uruguay es que un cuadro grande les sacaba los jugadores a los cuadros chicos. Hoy no. Hoy está Ugarte, por ejemplo, un jugador tremendo que en cualquier otra etapa estaría en un grande, pero actualmente sigue en Fénix. Se generó una revalorización de los cuadros chicos. Están más fuertes y se hacen valer más. ¿Con qué le sacás un jugador a Liverpool hoy? O fíjate Rentistas hoy, que vende directo al exterior. Hay que lograr que los cuadros chicos crean en los grandes, y para ello los equipos grandes deben dejar de usar a los chicos y tienen que ser realmente socios, para que exista confianza en el negocio y que pueda haber una vitrina en el grande”

Perchman gestiona la carrera de casi 40 jugadores, dice, y a un solo entrenador, Lasarte. Trabaja con su hijo Nicolás, de 22 años, Edinson Mastrángelo, quien se encarga del nexo entre juveniles y Primera, y Daniel Ureta.

Dice que habla mucho con los jugadores y les manifiesta lo que piensa. La semana pasada a Alfonso Trezza, ahora joven revelación en Nacional, le sugirió que buscara en YouTube goles del Manteca Martínez, para mejorar su definición.

Y así sigue transcurriendo la vida de Perchman en el fútbol, aquel que soñaba con ser periodista, que imaginó que la pelota sería su medio de vida y su futuro profesional.

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