Opinión > EDITORIAL

El faro del continente

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12 de diciembre de 2019 a las 05:03

El mundo entero comenta con asombro la presencia de la delegación uruguaya en las ceremonias de traspaso de mando presidencial en Argentina. A los uruguayos nos llena de orgullo el ejemplo que dieron dos de nuestros principales líderes políticos.

El viaje a Buenos Aires del presidente Tabaré Vázquez y del mandatario electo en las últimas elecciones Luis Lacalle Pou para participar en la asunción de Alberto Fernández es un símbolo poderoso del faro de luz que Uruguay está llamado a ser en un continente dividido, crispado y violento.

Las históricas tradiciones republicanas y democráticas del Uruguay salieron de paseo a la vecina orilla y se lucieron ante los ojos del planeta. Ver a Vázquez y Lacalle Pou bajar sonrientes y distendidos del avión que los cruzó el Río de la Plata para la ceremonia de traspaso de la banda presidencial en Argentina es una imagen de la buena uruguayidad en su máxima expresión.

No solo representa el ideal de cualquier democracia; que el cambio de mando y de partidos en el poder sea algo civilizado, educado y hasta normal, sino que además le muestra al resto del continente que la lucha política no tiene que derivar en rencillas personales ni en enfrentamientos violentos que solo perjudican a las naciones y quienes en ella habitan.

El gesto de Tabaré Vázquez lo enaltece como político y como uruguayo. En el ocaso de una de las carreras políticas más brillantes de la historia del Uruguay, aquejado de una enfermedad complicada, tiene la sabiduría de invitar en la delegación oficial al joven e inquieto presidente electo de un partido rival.

Adversarios en el terreno de las ideas y la política sí. Pero más importante aún, unidos por el bien del Uruguay cuando hay que enviar señales claras hacia el exterior y los países vecinos.

El viaje y la comparecencia de Vázquez y Lacalle Pou juntos en Argentina es un triunfo del Uruguay colorado, blanco y frentista. Del batllismo, el herrerismo, el wilsonismo y el seregnismo. El presidente apoyándose naturalmente en el brazo de su sucesor, son de esas imágenes a las que habrá que acudir cuando la nación enfrente tiempos de turbulencia y divisiones. Solo unidos los orientales podremos navegar bien a buenos puertos en un mundo cada vez más complejo y competitivo.

Por lo antedicho entre tanto ruido ensordecedor de manifestaciones, enfrentamientos, violencia, dictaduras, fraudes, discursos de odio hacia el que piensa distinto, niguneo de saludo como del de Cristina a Macri, el gesto de auténtico compromiso republicano de Vázquez y Lacalle Pou es uno de esos que marcan el rumbo bueno en medio de la confusión que vive el continente.

El gesto fue valorado en el exterior como una nueva señal de que la democracia uruguaya y su sistema de partidos políticos se encuentran despegados del resto de América Latina.  Un gesto que debería oficiar de recordatorio permanente para que todos los uruguayos internalicen que el debate político no es una riña de gallos donde uno gana cuando liquida al otro, sino todo lo contrario.

Cuando una nación valora, respeta y jerarquiza al adversario que enfrentó en las urnas, quiere decir que entendió el valor de la democracia y que por lo tanto tiene la imperiosa necesidad de cuidarla y respetarla día a día. Celebramos la lección que dieron Vázquez y Lacalle Pou.

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