Fútbol > EL TAPADO DE LA FECHA

El goleador que vivió en una pensión y quiere ser contador

Joaquín Zeballos le anotó un triplete a Defensor, jugó con Jorge García en Huracán del Paso de la Arena y hoy mezcla el fútbol con la facultad

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12 de marzo de 2019 a las 05:04

Joaquín Zeballos viene de anotarle tres goles a Defensor Sporting el día más feliz de Juventud en lo que va del año, tras haberlo goleado 4-1.

Uno de sus lugares preferidos en el mundo es Cabo Polonio. Es que sus abuelos vivieron allí y años después, su madre Mariela y su tío también.

Cuenta que su abuelo Claudio –a quien todos conocían por Toto–, falleció hace un tiempo, pero que allá en el cabo, trabajaba en la venta de aceite y cuero de lobos marinos cuando esta labor aún no estaba prohibida.

“Mi abuelo trabajaba todos los días en el faro de Cabo Polonio. En aquella época era muy diferente a lo que es hoy, que es un lugar mucho más turístico. Era un pueblo de pescadores”, dice el goleador a Referí.

Entonces habla de su abuela. “Ella vendía empanadas en un mostradorcito a los propios pescadores del lugar. Con el paso del tiempo tuvieron un pequeño restorán y hoy ya lleva 50 años allí. Lo regentean mi madre y mi tío”.

Para ubicarse en la época en la que su mamá y su tío eran niños, el abuelo Toto los llevaba a caballo desde Cabo Polonio entre las dunas.

“Todos los días salían de noche en las primeras horas del día –porque mi madre iba de mañana temprano a estudiar– a caballo seis kilómetros hasta la ruta para ir en ómnibus hasta Castillos donde quedaba la escuela. Mi abuelo hacía seis kilómetros de ida y seis de vuelta y eso solo para cuando los llevaba. Tenía que hacer otro tanto a la vuelta”, indica con orgullo.

Fue ahí, en el cabo, cuando estaba veraneando y sin equipo luego de jugar en Huracán del Paso de la Arena y descender, cuando sonó su celular. Su representante había logrado que su ficha pasara a Juventud de Las Piedras.

“Haber descendido fue un bajón, un golpe tremendo para todos y yo estaba con la incógnita de si podría conseguir club o no. El mercado es chico y hay muchos futbolistas. En pleno verano en el cabo me llamaron para que fuera a entrenar a Juventud”, recuerda.

En ese club fue en el que le fue mejor. El año pasado no solo logró el ascenso con el equipo, sino que terminó como goleador de la Segunda división profesional con 12 tantos.

Por eso en Juventud está “muy contento”, no solo por este presente de goles, si no por lo que significó el ascenso del año pasado.

Joaquín nació en Rocha pero de chico se fue a Castillos y a los 13 se mudó a Maldonado.

Un tío suyo trabajaba en una barraca frente a donde entrenaba Deportivo Maldonado y un día lo llevó y lo ficharon.

Poco tiempo después, el técnico Julio Ribas lo llamó para entrenar con el primer equipo. No conocía a nadie del plantel y justo jugaron un clásico ante Atenas de San Carlos por el Torneo Integración, un partido amistoso y ganaron 1-0 con un gol suyo.

“El festejo del gol fue muy particular. Porque yo no conocía a mis compañeros y salí corriendo en busca de mi familia en la tribuna. Pero los jugadores me dijeron que frenara para que festejara con ellos. Estaba como loco de alegría”, explica.

Con 17 años, el argentino Patricio D’Amico fue el técnico que lo subió al plantel principal de manera definitiva. Así firmó un contrato de tres años. Luego tuvo a Edgardo Arias y más adelante a Nelson Abeijón como técnico.

Si bien estaba todo bien con el DT, el goleador venía de anotar 17 goles y vio que tenía menos chances para jugar. Faltando cuatro meses, rescindió y se vino para la capital a probar suerte en Huracán del Paso de la Arena.

Montevideo cambió todo en su vida, fue una realidad totalmente distinta: de vivir con su madre a hacerlo solo en una pensión que le pagaba su representante.

Estuvo seis meses allí compartiendo cocina, heladera y hasta el baño con los demás huéspedes. Él vivía solo en una habitación que era la más grande y con ventana hacia la calle, pero en otra dimensión distinta a la que conocía.

“Venir a la capital me cambió el estilo de vida. Yo quería independizarme y me topé con otra realidad muy diferente. Vivía alejado de mi familia y me cocinaba yo solo. Y era bastante malo, ahora mejoré. Con el tiempo, me compré un frigobar y un horno eléctrico para no tener que salir de la habitación siempre. Lo hacía solo cuando tenía que ir al baño. ¡Pero tenía todo dentro de un solo dormitorio!”, indicó.

Recuerda que había un ruso en la pensión y de vez en cuando se encontraban y hablaban de una manera muy particular.

“Yo no soy muy bueno en inglés, entonces conversábamos con el traductor a través del celular”.

En Huracán fue compañero de Jorge García, quien había vuelto al fútbol luego de haber estado internado en el Vilardebó acusado de parricidio. Un jugador de gran clase quien llegó a la selección.

“Lo pasaba a buscar todos los días con el auto para llevarlo a entrenar. Con su clase y sus cualidades técnicas daba un plus a la divisional. Fue muy lindo para el grupo tenerlo después de todo lo que le pasó”, subraya.

Y añade: “Sin querer, nos daba una clase de vida porque nos aconsejaba. Tuvo mucha fuerza para levantarse de un momento espantoso, era muy apegado a la fe y nos decía que había cosas peores extrafútbol si alguno se molestaba por no jugar o por alguna tonta razón”.

Cuando estaba en Maldonado, iba al liceo de mañana y de tarde entrenaba. Pero cuando lo subieron al plantel principal, las prácticas pasaron a la tarde. Por eso, cambió para el liceo nocturno al que iba luego de entrenar. Así perdió a todos los amigos y compañeros que conocía desde hacía años.

“Cuando terminé el liceo, no quería dejar de estudiar. Busqué algo para hacer y me anoté en un curso de administración de empresas que aprobé. Como tenía muchas materias de contabilidad, así comencé la carrera de contador en la Facultad de Economía”.

Estuvo preseleccionado por Fabián Coito para la sub 20 que jugó el Sudamericano de Uruguay en 2015 y tuvo como compañeros durante esas tres semanas a Nahitan Nández, Rodrigo Amaral y Gastón Pereiro, entre otros.

“Mientras entrené esos pocos días, justo le tocaba practicar a la selección mayor. Cuando nos tocaban algunos minutos de descanso, me gustaba mirar cómo entrenaban. Estar casi al lado de Suárez, Cavani y lo demás, fue una experiencia increíble”, dice.

Alejandro, su padre, trata de venir a verlo siempre desde Rocha. Y el pasado fin de semana, en el que le anotó un triplete a Defensor, no fue la excepción.

Sus hermanos chicos, Diego y Celina, dos por tres entran con él como mascotas. Y están orgullosos de él.

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