12 de noviembre de 2021 12:00 hs

La transición energética que intenta la humanidad tiene consecuencias diversas, entre ellas una que pega directo en el agro: los precios de los fertilizantes se fueron a las nubes y eso complica al productor.

El precio de los fertilizantes suele acompañar las subas de los granos y de la energía. Y así, los precios se han más que duplicado en dólares en 12 meses y la suba del costo clave de la agricultura genera una incertidumbre que está instalada en todo el mundo

Los factores detrás del aumento persisten: crisis energética en China y Europa con un alto precio de las energías fósiles presionadas por nuevas regulaciones para frenar el calentamiento global que limitan la producción; China que decide dejar de exportar en setiembre y Rusia que adopta igual medida la semana pasada; aumento de áreas sembradas ante la suba de precios de los granos; y retrasos de fletes y encarecimiento de la logística de transporte.

Las subas, incipientes a principios de 2021, se dispararon a partir de agosto; los valores de los insumos se han duplicado y hasta triplicado en algunos casos.

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Y no solo para los fertilizantes. Los glifosatos, por ejemplo, saltaron de US$ 2,50 a US$ 8,50 por litro de glifosato DMA (sal dimetil amina), explicó Alberto Cruces, del departamento de insumos de Zambrano & Cía.

En materia de fertilizantes la situación es más grave en nitrogenados que en fosfatados.

A nivel mundial para los fósforos hay una cierta estabilidad a altos precios y la logística y la restricción de China –que por lo menos no abastecerá hasta junio 2022– agregan presión a la situación.

Y de algunos productos no hay un abastecimiento muy normal.

La urea con una demanda global más fuerte que los fosfatados en esta época del año se mantiene muy alta en precio.

Con estos altos precios los importadores están comprando lo mínimo posible, para no arriesgar a quedar fuera de mercado ante una baja.

En el caso de China, el problema es que tiene un fuerte dominio sobre el mercado de agroquímicos. Aparte está el problema de conseguir barcos y contenedores. Pero las mayores exigencias ambientales de China están pesando.

Si China como en fertilizantes decidiera no exportar agroquímicos, sería un riesgo muy importante. La preocupación actual es el maíz, para la fertilización de gramíneas y para adelante cuando hay que preparar los cultivos de invierno para la preparación de tierras.

La urea está en más de US$ 900 por tonelada y subiendo. Un año atrás estaba por debajo de US$ 400.

La suba es tal que complica la financiación: “Las importaciones de fertilizante por barco implican un volumen altísimo de dinero que incluso complica a las empresas y los bancos”, explicó.

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El jefe de Agroinsumos de la Sociedad de Fomento Rural de Colonia Valdense (Sofoval), Carlos Ramírez, lo muestra en una gráfica de valores previstos a diciembre 2021 puesto en campo: la urea saltó de US$ 400 a US$ 935 la tonelada; el fosfato diamónico de menos de US$ 500 a US$ 841 la tonelada; y el superfosfato de US$ 230 a US$ 400 la tonelada.

Aunque la crisis de 2008 había llevado los insumos a precios aún más altos, “lo que no había pasado era que el nitrógeno (urea) estuviera por arriba del fosfato de amonio”.

Este factor es clave, sobre todo para la próxima zafra de cultivos de invierno.

El responsable de insumos de Sofoval afirma que “hubo cierta capacidad de anticipación. Fuimos pautando compras, pero con sumo cuidado; llegó un momento en que la tendencia era neta y clara de que los precios no dejaban de subir, y se fue comprando”.

La suba de los nitrogenados afecta a los cultivos cerealeros, que son los que más los demandan: “Los paquetes tecnológicos de maíz, de trigo, de cebada, están asociados a usos importantes de urea para alcanzar los potenciales de rendimiento de esos cultivos, tras los cuales vamos”, describió Ramírez.

Por su parte, Jorge Beceiro, gerente de insumos y semillas de Copagran, dijo en el programa Tiempo de Cambio de radio Rural que “la relación de precios amerita seguir sembrando”, porque “son kilos que valen mucho, y tenemos que asegurarnos de que el producto esté”.

“Lo más importante”, considera, “es que el clima acompañe para tener cosechas que permitan concretar esa producción: los insumos son caros, los productos también, las cuentas siguen cerrando en la medida en que esté la cosecha”.

Con fertilizantes caros y riesgo por Niña, igual la agricultura sigue. Es que la campaña de verano “ya está jugada”.

Para 2022, Carlos Ramírez entiende que “va a ser necesario evaluar los costos y optar por menos área, mejor hecha o menores aportes de nitrógeno; o elegir las chacras de mayor potencial y postergar la de un margen menor… algún impacto va a tener”, anticipó.

Incluso, mencionó, “la colza, que usa mucho nitrógeno habrá que evaluar si sostiene el muy alto precio actual, porque en lo que refiere al precio de fertilizantes no hay perspectivas de que en el corto plazo, en seis meses, esto vaya a cambiar”.

Si bien el precio de la colza se despegó a más de US$ 700 la tonelada y “va a bancar cualquier urea”, gran parte de su valor está por la seca en Canadá, no es claro que pueda sostenerse tan alto, “y si el nitrógeno sigue valiendo lo que vale va a impactar los márgenes”.

El clima es otro factor que incide, y entre las soluciones paliativas Ramírez hizo énfasis en que “todos los veranos son particularmente críticos en cuanto a la eficiencia de uso del nitrógeno, por las pérdidas que se dan del nutriente con altas temperaturas”.

Este año, más que nunca, habrá que tener en cuenta “las fuentes nitrogenadas con aditivos que evitan su volatilización, sus pérdidas, y por lo tanto la baja de eficiencia de la utilización de este nutriente”.

“Me parece destacable que hay medidas paliativas para aumentar la eficiencia de uso del nitrógeno en verano en particular y más que nunca debe valorizarse esta tecnología”, indicó.

En la misma dirección, Cruces, de la firma Zambrano y Cía, apunta que “la mayor parte de los productores de toda la vida conocen muy bien los suelos y se puede ajustar y usar las herramientas de los muestreos de suelo, que se han afinado mucho, y permiten ajustar el nivel de fertilizantes, se acude con mayor frecuencia a la asistencia de fertilizantes líquidos sobre los cultivos que permiten cubrir las faltantes de nutrientes y van directo sobre la faltante; esto puede dar una mano en esta situación”.

Nadie parece tener claro si la crisis de los fertilizantes y los insumos en general es transitoria o estructural.

En Estados Unidos, por ejemplo, esperan que la escasez se prolongue durante 2022 para insumos como los herbicidas y que el precio de los fertilizantes puede llegar a ser un factor limitante del área que se siembre con maíz.

Para la agricultura uruguaya significa un riesgo elevado en el comienzo de una siembra de verano que tiene un rendimiento incierto.

Para el mundo es un signo más de que estamos viviendo tiempos muy extraños, en los que todo puede cambiar de formas insospechadas y abastecer a una población que no para de crecer seguirá siendo difícil.

Piqsels La fertilización, un costo inevitable y, ahora, muy caro.

 

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