El Observador | Leonardo Pereyra

Por  Leonardo Pereyra

Columnista político
28 de agosto 2023 - 5:00hs

Lapicera y papeleta en mano, militantes del PIT-CNT y de Cabildo Abierto coincidirán en las calles en busca de dos objetivos distintos que tienen la similitud de complicarle la vida a sus aliados. Por un lado, mientras buena parte del Frente Amplio se agarra la cabeza, la central sindical se lanzará a juntar firmas para derogar a través de un plebiscito no solo la reforma del régimen de seguridad social aprobado en el parlamento, sino también el sistema de AFAP que funciona desde hace décadas.

Por el otro, los liderados por el excomandante del Ejército Guido Manini Ríos, contra la opinión de blancos y colorados, lanzaron este martes la campaña para que se decida en las urnas la refinanciación de la deuda de miles de personas que están en el Clearing.

Veamos el primer caso. La decisión de la central sindical fue adoptada el jueves 10 por 16 votos a favor, en tanto que quedaron por el camino otras dos iniciativas con 14 votos cada una (uno de esos bloques se manifestó contra el plebiscito y la otra proponía que la iniciativa se limitara a la reforma aprobada por el gobierno sin tocar las AFAP). El camino elegido, puede romper con una lógica histórica.

Los partidos fundacionales han basado parte de su rechazo a la acción del PIT-CNT bajo la premisa de que la central es el brazo sindical del Frente Amplio y que la coalición de izquierda es la expresión política de los sindicatos. La familiaridad ideológica entre ambos es innegable y los dirigentes que engrosaron las filas del FA tras foguearse en la lucha sindical son multitud. Allí está como ejemplo pleno el presidente de la coalición de  izquierda, Fernando Pereira, quien asumió el cargo tras dejar la presidencia del PIT-CNT.

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Es cierto que muchísimas veces las estrategias entre sindicalistas y políticos marchan a la par, pero en este asunto de la seguridad social los cables se cruzaron y dejaron a los sectores del Frente Amplio en una posición más que incómoda.

La izquierda quedó dividida ante la propuesta del PIT-CNT justo cuando empieza la temporada electoral y es preciso mostrar solidez ante el electorado. Es así que el Movimiento de Participación Popular (MPP) con José Mujica a la cabeza rechazó la oportunidad de intentar una reforma constitucional para bloquear lo votado por el Parlamento. “Si un plebiscito sale y no tenemos gobierno es como afeitarse con un hacha, porque nos joden igual”, dijo Mujica tras advertir que el FA “no puede renunciar” a la victoria electoral en los comicios de 2024.

También el precandidato presidencial Yamandú Orsi se pronunció en contra de recorrer ese camino, y lo mismo hizo la Convocatoria Seregnista Progresistas de Mario Bergara, y la Vertiente Artiguista.

En cambio, el secretario general del Partido Socialista, Gonzalo Civila, dijo que la decisión del PIT-CNT coincide con la de su colectividad. “Se trata de ir a un plebiscito constructivo, no sólo contra la ley del gobierno - a la que nos opusimos radicalmente desde el primer día - sino a favor de cambios estructurales: eliminando las AFAP, estableciendo la no obligatoriedad de trabajar más allá de los 60 años, y mejorando las jubilaciones y pensiones mínimas. Que el movimiento popular tenga propuesta y que la ciudadanía participe es crucial para construir un país justo y solidario”, escribió Civila.

Es cierto que muchísimas veces las estrategias entre sindicalistas y políticos marchan a la par, pero en este asunto de la seguridad social los cables se cruzaron y dejaron a los sectores del Frente Amplio en una posición más que incómoda.

 

El Partido Comunista, en tanto, está de acuerdo con tumbar la reforma del gobierno pero no quiere meterse en el berenjenal de las AFAP. La postura de este partido –que en este caso se ha mostrado prudente-, puede torcer la balanza en la interna del FA debido a su peso en las bases.

Pero el Frente Amplio no tiene cómo salir ganando de este entuerto. ¿O sí? Si decide apoyar el plebiscito se compra un problema para toda la campaña electoral y deberá explicar por qué quiere tirar abajo las AFAP luego de haberlas tolerado en los 15 años de su gobierno. También tendrá que aclarar cómo funcionará el sistema que proyectará con el trasvase de todas las cuentas previsionales al BPS cambiando las reglas de juego y tal vez obligando al Estado a pagar costosas indemnizaciones.

Si deja en libertad de acción a sus sectores, cada uno tirará para su lado y desentonará cada vez que el oficialismo le señale las contradicciones de su interna

En caso de que rechace apoyar la propuesta plebiscitaria, provocará un choque sin precedentes con el PIT-CNT, su aliado histórico. No obstante, si elige ese camino podrá desmentir al menos en parte a aquellos que hablan del brazo sindical y del político. Por estas horas, políticos de izquierda y sindicalistas buscan alguna fórmula que les permita salir de este lío.

Pero, como fue dicho, para entreverar aun más la baraja política, en las calles los  militantes del PIT - CNT se encontrarán con los de Cabildo Abierto quienes intentarán juntar firmas para plebiscitar su propuesta de refinanciar las deudas de miles de uruguayos que están en el clearing.

En todo caso, los socios de Cabildo en el gobierno y los moderados del Frente Amplio en la oposición, pueden encontrar consuelo en la altísima posibilidad de que, al final del camino, ninguna de esas iniciativas prospere.

 

Lo harán contra la opinión de blancos, colorados e independientes quienes consideran que la iniciativa se inmiscuye en contratos privados y busca una reestructuración forzosa de las deudas. Blancos y colorados creen que la recolección de firmas de Cabildo genera un elemento de fricción en la interna del gobierno y complicará al oficialismo cuando quiera cobrarle cuentas al Frente Amplio por su intención de tumbar la reforma previsional. “Va a ser un lío. Se nos crea un problema interno cuando teníamos todo para cobrarle al Frente sus inconsistencias sobre la reforma de la seguridad social”, dijo a El Observador un operador nacionalista.

En todo caso, los socios de Cabildo en el gobierno y los moderados del Frente Amplio en la oposición, pueden encontrar consuelo en la altísima posibilidad de que, al final del camino, ninguna de esas iniciativas prospere.

Muy pocas consultas populares realizadas junto con las elecciones nacionales salió triunfante: ni la que impulsó la reelección de Pacheco, ni la que intentó terminar con la ley de Caducidad, ni  la que buscó instalar el voto consular, ni tampoco la titulada Vivir sin Medio que propuso medidas para la seguridad pública.

Pero antes de que esos posibles fracasos se concreten, sindicalistas y cabildantes ganarán las calles del país y se mezclarán en las esquinas con dos objetivos diferentes y una misma consecuencia: incomodar a sus aliados con una simple lapicera.

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