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21 de abril de 2012 20:35 hs

En algún momento fue resistido. En otros fue endiosado por logros insignificantes. Siempre fue arrogante: “Me pitan (silban) porque soy rico, guapo y un gran jugador”. Cristiano Ronaldo se debía entonces un clásico como el que jugó el sábado ante Barcelona en el Nou Camp donde su equipo, Real Madrid, venció 2-1 con un gol del portugués.

Con este triunfo, los merengues le sacaron siete puntos a los catalanes a falta de cinco fechas para el final de la Liga.

Ronaldo, el pase más caro en la historia del fútbol cuando en 2009 pasó de Manchester United al Real que pagó su cláusula de rescisión de 94 millones de euros, ya le había anotado antes a Barça.

Lo hizo, por ejemplo, en la final de la Copa del Rey 2011 donde su cabezazo le dio al entrenador José Mourinho lo que hasta ayer era su único triunfo ante los catalanes.

Pero en diciembre del año pasado, en el Bernabéu, Barcelona le dio otra de sus palizas habituales a Real Madrid (3-1) y Ronaldo sufrió críticas por esconderse en los partidos decisivos.

En enero de este, el portugués demostró su disconformidad con la tribuna al no festejar un gol en su cancha.

Pero sus números son impresionantes: 140 goles en 139 partidos desde su desembarco en la casa blanca.

El de ayer fue, sin dudas, el más importante. Por la racha adversa ante Barcelona, porque fue en el Nou Camp y porque sentenció la Liga.

CR7 se despegó también del argentino Lionel Messi con quien compartía la cima en la tabla de goleadores. Ahora lidera el portugués con 42, hasta ahora la mejor producción de un artillero en el historial del torneo. Y faltan cinco fechas...

Con su elegante dribling en velocidad, su pegada inquietante y sus pases punzantes, Ronaldo puso en vilo toda la tarde a Puyol, Mascherano (que, impotente, le llegó a pegar feo) y compañía.

Su equipo se puso en ventaja en el primer tiempo tras un error defensivo capitalizado por Sami Khedira.

Barcelona, con un accionar menos fluido al habitual producto de la cerrada marca visitante, empató en el complemento por intermedio de Alexis Sánchez.

Entonces apareció Ronaldo. Un pase mortífero de Mesut Özil entre líneas. Un pique a la velocidad de la luz. Un regate fino. Perfecto. Una definición brillante. Y una definición, por supuesto, sobradora.

Cristiano Ronaldo. El de Nike, Versace, las abdominales y el recambio constante de modelitos. Pero también un jugadorazo.

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