El trigo comienza esta semana su cosecha en un momento bien interesante: creciendo en área, concretando su segundo año consecutivo de alto rendimiento y con el precio internacional en el nivel más alto en nueve años y medio, con la referencia diciembre de Chicago por encima de los US$ 300 por tonelada, algo que no sucedía desde 2012. Además, con novedades tecnológicas regionales que generan polémicas y abren la posibilidad de oportunidades, como el trigo transgénico resistente a la sequía que fue aprobado para el consumo humano en Brasil y que genera un fuerte debate.
El área de trigo en Uruguay viene en crecimiento y con buena chance de tener un envión más, dadas las fuertes necesidades que hay en el mundo por el cereal. Los graves daños que sufrió el trigo en Rusia, Estados Unidos y Canadá provocaron el salto de precios de los habituales US$ 200 por tonelada a las actuales referencias y las muy buenas cosechas del hemisferio Sur (en Australia y Argentina) no serán suficientes para calmar a los mercados, hasta agosto del año próximo en el mejor de los escenarios.
Una facturación que seduce
En la cosecha pasada, con 4.181 kilos por hectárea, fue alcanzado el máximo rendimiento histórico del grano, que nunca había superado los 4.000 kilos en Uruguay.
Este año parece poco probable que repita tan alta productividad. Pero para quienes lleguen a los 4.000 kilos por hectárea la facturación superará los US$ 1.000 por hectárea, algo que nunca ha sucedido antes.
Puede estimarse un rendimiento igualmente favorable de unos 3.800 kg/ha promedio nacional.
El área sembrada fue mayor en 12.000 hectáreas, llegó a 236.0000 frente a 224.000 de la zafra 2020/2021.
Con esa superficie y un rendimiento de 3.800 a 3.900 kilos/ha la producción quedaría cerca de 900 mil toneladas, lo que dejaría una proporción similar de grano para el mercado interno y la exportación.
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EO Eso en tanto hay un comercio regional que está convulsionado luego de la aprobación de Brasil a la importación de trigo transgénico, algo que sucede por primera vez y que puede modificar la lógica comercial y productiva del grano.
La producción será similar a la del año anterior y será la antesala de un nuevo aumento de área el año próximo, acompañando los aumentos que también tendrán cebada y colza.
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EO Además del aumento que generan las buenas cosechas sobre el crecimiento del área, en el mediano plazo pueden venir otros cambios.
El trigo HB4
El trigo transgénico HB4, generado por la empresa argentina Bioceres, con material genético proveniente del girasol que le confiere tolerancia a la sequía, recibió la autorización de Brasil para consumo humano, lo que le abre las puertas para ser comercializado tanto en Argentina como en Brasil.
Un año atrás, el trigo HB4 obtuvo la aprobación del Ministerio de Agricultura, de Argentina. La aprobación ha generado una fuerte polémica en ambos países. Muchos productores de Argentina y los molinos brasileños se oponen. Por ahora el trigo no será exportado a Brasil. Bioceres comunicó que “continuará gestionando la producción de semillas y grano de trigo HB4 bajo el programa de identidad preservada utilizada en las últimas dos campañas, denominado Generación HB4”.
O sea, que no saldrá al mercado aún, ni para vender semillas ni para exportar granos o harina de trigo de esta variedad a Brasil.
El HB4 fue sembrado en 55.000 hectáreas de 235 productores, bajo supervisión del Instituto Nacional de Semillas (Inase) de ese país, que estableció reglas estrictas para evitar la contaminación cruzada con los trigos convencionales.
Lo que está en juego es la participación de este trigo en las voluminosas exportaciones de Argentina a Brasil, entre 4 y 5 millones de toneladas al año por un valor, con el trigo al precio actual US$ 300 por tonelada, de unos US$ 1.200 millones.
El empresario argentino radicado en Uruguay Gustavo Grobocopatel, uno de los fundadores y socio de Bioceres, expresó que “el dictamen por parte de Brasil es una excelente noticia y refuerza lo actuado por las autoridades regulatorias argentinas, valida la tecnología HB4 y su enorme potencial, al igual que establece su equivalencia en términos nutricionales y ambientales con los trigos no modificados”.
¿Cómo funciona el trigo HB4? Grobocopatel lo explicó, entrevistado en el programa Tiempo de Cambio de radio Rural: “Lo que se descubrió es un gen –técnicamente es un factor de transmisión– que es una llave para prender o apagar a la planta cuando hay condiciones de estrés hídrico; cuando hay sequía esa lamparita se enciende, y cuando no hay sequía no se prende”. Eso da como resultado que, en el caso del trigo, el aumento de rendimientos en condiciones de estrés es de casi 20% según los ensayos que se vienen haciendo desde hace muchísimos años, y algo similar –en menos magnitud– para la soja.
La tolerancia a sequía, que es algo clave, fue objeto de otras investigaciones pero la respuesta genética no había sido encontrada. “Subían los rindes cuando había sequía, pero bajaban cuando no había sequía y entonces eran inviables; no es verdad que se suspendieron las investigaciones porque no querían hacer trigo transgénico, sino porque no encontraban la solución al producto que llegamos nosotros”, afirmó Grobocopatel.
El trigo HB4 también ha sido presentado para su aprobación por los gobiernos de Uruguay, Paraguay, Estados Unidos, Colombia, Indonesia, Sudáfrica y Australia.
Grobocopatel asegura que este Organismo Genéticamente Modificado (OGM) es “particularmente importante para Uruguay, que tiene suelos no muy profundos, suelos mayormente con piedra abajo que la limita la capacidad de almacenaje de agua en condiciones de bajas precipitaciones”.
“Una pequeña sequía tiene un impacto grande en el rendimiento; con este gen esos cultivos podrán soportar mucho más y mejorar el rinde”, afirmó.
Para Uruguay, dijo, “sería sustancial tener esta tecnología”. porque “el trigo es un elemento clave en la rotación agrícola”, y el tener un trigo “competitivo” le permitiría a Uruguay exportarle a Brasil la harina de este tipo de trigo que es “una forma de vender un producto con valor agregado” (y en el futuro se espera que también el grano).
La productividad, sostiene Grobocopatel, “significa competitividad, bajar los precios de los alimentos, disminuir la huella de carbono”.
Juan Samuelle Cosecha de trigo.