Esta semana en la newsletter EnClave te comparto un análisis sobre la semana trágica en contagios del covid, las medidas del gobierno y sobre todo los aspectos de comunicación sobre contagios y vacuna. Esta, como te digo siempre, es una lectura de la semana desde mi perspectiva. Te invito a que me compartas la tuya.
Camilo dos Santos
La muerte de Abt por covid fue una conmoción para el sistema político
Los números del covid están pasando por su peor momento en Uruguay. Este jueves 18 volvimos a tener un récord histórico de contagios en un día. Los internados en CTI y las muertes también aumentan y en la última semana el sistema político —y en particular el Partido Nacional— sufrió en carne propia esta situación con el fallecimiento del alcalde del municipio CH de Montevideo, Andrés Abt, un hombre de 47 años sin mayores patologías previas que asma, al que todos querían y respetaban.
Fue un golpe anímico muy fuerte para los integrantes del gobierno. Sin embargo, el presidente Luis Lacalle Pou logró demostrar que las decisiones que toma desde su cargo no van alineadas con los sentimientos, por más duros que sean. Sino que lo hace guiado por la razón y lo que cree es la mejor opción.
Más allá de si uno está de acuerdo o no con las medidas anunciadas el martes y por más que las señales puedan parecer insuficientes ante la nueva realidad sanitaria, es muy bueno saber que al frente del timón no hay alguien que se deja llevar por arrebatos emocionales.
Las medidas y una comunicación desteñida
A finales de la semana pasada el gobierno estaba decidido a no tomar más medidas. El argumento era que cerrar algunas actividades como se hizo el año pasado cuando los contagios eran muy pocos solo iba a frenar una economía que necesita sí o sí crecer. Y a la vez, entusiasmaba ver la vacunación avanzando rápidamente.
Los números récord de contagios del jueves (1.238) y del viernes (1.366) llevaron al presidente a convocar el sábado a un nuevo consejo de ministros para analizar medidas. El domingo se sumó otro récord de casos (1.587). Como cada vez que el presidente reúne a su gabinete, se generó la expectativa de medidas, pero los anuncios del martes a la noche no trajeron grandes novedades. Aquí están resumidos, pero implican algunas medidas ya adoptadas previamente e incluso con una aplicación más soft que en otras oportunidades.
Lo cierto es que a la hora de analizar las medidas coercitivas desde el Estado, el gobierno tiene la derecha por la experiencia pasada. No es la primera vez que desoye sugerencias del GACH o que adopta definiciones más livianas que las que pretenden médicos y científicos. De hecho, cada vez que tomó definiciones desde marzo de 2020 recibió críticas y siempre obtuvo resultados que permitieron bajar los contagios. La última vez por poco tiempo, pero lo logró.
Pero en esto de las perillas no solo hay que medir las medidas concretas, sino también la comunicación a la población. Allí el gobierno —y en particular el presidente— fue casi siempre efectivo. En una primera etapa motivando, dando señales claras, gestionando la crisis por las buenas: en definitiva, convenciendo.
Estos elementos estuvieron ausentes el martes y en los días posteriores. En primer lugar, y por primera vez en lo que va de la pandemia, se mostró enojado. En vez de ser la figura paternal que guía con indicaciones claras, se mostró como un “viejo cascarrabias”, según sus propias palabras. "Hay un relajamiento... todo esto que estamos hablando nosotros, las medidas que impulsamos, si no se mantiene la burbuja, si hacemos fiesta clandestina, si hacemos asados de a 20, no hay medidas que resistan la falta de cuidados (...) Ya todos sabemos lo que está bien y lo que está mal, lo que ayuda y lo que no ayuda”, dijo.
Si el gobierno no quiere frenar la economía, algo que tiene sentido, bien podría motivar con lo cerca que está la orilla y tener una comunicación que apunte a pedirle a la gente que se limite solo a ir a trabajar y hacer lo imprescindible y nada más.
El problema de eso es que el gobierno no lo está haciendo. En la última semana, con números récord e incluso varias figuras del Poder Ejecutivo contagiadas, han incrementado las actividades públicas. El presidente sin ir más lejos tuvo una agenda de eventos presenciales en los que no era imprescindible que fuera. Inauguró un complejo de un equipo deportivo, viajó a Durazno al aniversario de la Fuerza Aérea, estuvo en la inauguración la cosecha del arroz y visitó las obras en el canal Andreoni.
Lo que más impactó fue esta foto, luego de la inauguración de la zafra arrocera.
Twitter: @JuanDie06042360
Lacalle y otras 11 personas almorzando luego de la inauguración de la zafra de arroz
Es al aire libre, sí. Pero hay 12 personas en esa mesa, sin distancia adecuada, comiendo y por tanto, obviamente, sin protección del tapabocas. Y a la vez, al menos otras dos mesas iguales al lado con muchas personas.
Es muy difícil estar libre de errores. Seguramente muchos pasaron con amarilla o incluso con roja e hicieron cosas en esta pandemia que estuvieron mal. Pero la misma semana en que el presidente reta a los ciudadanos por no cumplir con los protocolos y critica los “asados de a 20”, no puede dar esta señal.
La vacunación: el medio vaso vacío no puede opacar el lleno
Camilo dos Santos
La vacunación avanza a buen ritmo pese a la capacidad ociosa
En el otro tema en el que el presidente asumió un rol de retar a la población fue en el de la vacunación. “No me quiero poner de viejo cascarrabias, pero veías los números y en algunos lugares había una capacidad ociosa. Nos faltan brazos. No puede ser que en algunos departamentos complicados falten brazos”, dijo.
Es verdad. Hubo poblaciones privilegiadas como docentes, policías y militares que no llegaron a completar los cupos disponibles para la vacunación. Hubo departamentos con capacidad ociosa.
¿Pero ese es un problema para trasladarse solo a la población a modo de queja?
No cuando las cifras previas de la población que desconfiaba de las vacunas era más alta que la histórica y el gobierno no ha hecho nada por convencerlos, salvo una campaña —con científicos desconocidos para el gran público— emitida esta semana.
La queja y el enojo por la falta de brazos no va a convencer a los que dudan de vacunarse. Sí los pueden convencer mensajes teledirigidos —hoy con toda la data digital es algo posible— según el segmento de población. Solo a modo de ejemplo: a los que les gusta el fútbol, podría llegarles un spot con estadios llenos e instando a vacunarse para volver a eso. A los jóvenes que extrañan salir a bailar, lo mismo con un boliche.
Otro elemento que agregó frustración y aleja a los dudosos fueron las fallas en el sistema de agenda.
Primero hubo muchos problemas con el personal de salud porque algunos prestadores no incluyeron a todo el personal. Aún hoy hay quienes no han recibido la vacuna. Con los convencidos tal vez no hay tanto problema porque lo van a hacer igual. ¿Pero los que dudaban y al final se decidieron y no pudieron?
Luego cuando el volumen de gente habilitada creció empezaron los verdaderos problemas. Miles de personas se frustraron por no poder anotarse por fallas gigantes en la agenda electrónica. ¿Era necesario habilitar volúmenes tan grandes cuando el sistema no era fuerte?
Otros frustrados son mucho más silenciosos. Se trata de la población de riesgo que más sufrió el aislamiento —entre 70 y 80, que aún tenían movilidad y vida social— que ve a miles de personas más jóvenes inmunizadas y ellos aún no tienen fecha concreta más allá de las promesas.
Este medio vaso vacío es una realidad que el gobierno no puede desconocer. Pero como sociedad no está bueno quedarnos solo con la frustración. Si uno levanta la cabeza de estos problemas ve cómo la vacunación avanza a pasos firmes. Casi el 8% de la población ya recibió la primera dosis y si se cumple con el nuevo objetivo avanzaremos de a 1% por día, hasta que empiece a aplicarse la segunda dosis de los primeros. Eso, sin dudas, da muy buenas perspectivas.