Luego de 13 temporadas en la Primera división, Tacuarembó FC descendió. En el último partido del equipo en Primera se lanzó la campaña “Arriba Tacuarembó”, que busca más que el ascenso: recuperar la mística de un equipo que surgió para representar a todo un departamento en la A.
El domingo 24 de abril Tacuarembó perdió 3 a 1 ante Danubio por el Torneo Clausura. Cuando el juez Fedorzuck pitó el final, los del norte vieron una realidad que venían avizorando, al menos, desde el final del torneo anterior. La próxima temporada tendrían que jugar en la Segunda división profesional. Y aún restaban cuatro fechas.
“En esos momentos hay que demostrar la hombría y el profesionalismo. Duplicar esfuerzos, inculcarles la actitud a los más jóvenes. Tienen que saber que si quieren ser jugadores de fútbol van a tener que hacerse duros, así como que van a tener otras oportunidades”, dijo Héctor Vázquez, uno de los referentes del equipo.
Cuando llegó el último partido de los albirrojos en Primera se trataba de un adiós doloroso. Tacuarembó llegó a la A en 1999, junto a otros tres equipos del interior: Frontera Rivera, Paysandú Bella Vista y Deportivo Maldonado. Fueron los primeros equipos de fuera de Montevideo que participaron de un torneo de la Primera división. Tacuarembó, a diferencia de los otros tres, fue el único que se mantuvo en la misma hasta este año: 13 temporadas. Ese mismo día, en el momento más bajo de su trayectoria, el equipo salió a la cancha con una pancarta en la que se leía “Arriba Tacuarembó”. Fue el lanzamiento de una campaña que busca mucho más que simplemente volver a la A.
Un hierro caliente
“Cuando arrancamos asumimos que estábamos descendidos. Nos ilusionamos un poco con los primeros partidos, pero en el fondo ya estaba prácticamente aceptado el descenso”, explica Fernando Saralegui, presidente de Tacuarembó.
“Asumimos la dirigencia del club en enero y lanzamos un folleto con el lema: ‘Acá no se rinde nadie’. Y tenía algo muy lindo que escribió Tomás de Mattos. Decía: ‘Lo bueno de tocar fondo es que solo puedes ir en una dirección... y es hacia arriba’”, dijo Martín Saralegui, tesorero del club y hermano del presidente. “Lo insólito es que se haya lanzado la campaña justo en el peor momento y que la gente se esté re identificando con el equipo enseguida después de descender”.
La nueva dirigencia llegó tras un Apertura en el que el equipo había cosechado cinco puntos de 45 posibles. “Económicamente la situación era catastrófica. Había deudas de todo tipo y calibre. Teníamos solo $ 8 mil en caja y debíamos US$ 50 mil para poder jugar el Clausura”, cuenta el presidente.
Refundación institucional
Tacuarembó no es un equipo más del interior. Desde el principio fue diferente. Para su gente y para el fútbol. Surgió en 1999 como un núcleo de todos los equipos amateur del departamento para participar en Primera. “El presidente de ese entonces, Wilson Ezquerra, tenía el apoyo de los clubes amateur, de las empresas y de la gente. La estamos peleando para volver a tener la solidez que tenía la institución en aquel momento”.
Para esto se planean propuestas como la “Tirale una pared al Tacua”, que tuvo lugar el fin de semana pasado.
Con ella se buscaba recaudar fondos y obtener donaciones de materiales de construcción para levantar un edificio para la concentración, tanto de la Primera como de las inferiores, que se sume a las dos canchas y el vestuario del complejo tacuaremboense.
Por otro lado, “Arriba Tacuarembó” es una movida que va más allá del fútbol en tanto quiere involucrar a todos los oriundos del departamento. “Nos gustaría incorporar a destacadas figuras de Tacuarembó”, explicó Fernando Saralegui.
Recuperar la mística
El presidente Fernando Saralegui tiene muy claro cómo hay que afrontar el futuro de Tacuarembó FC: “Hay que recuperar una mentalidad compartida y apelar a ella. Una mentalidad siempre proactiva, de gente que en las difíciles se agranda. Esto es un ejemplo: la crisis nos presenta oportunidades. Perdimos pero no nos quedamos quietos”. Y concluyó: “El problema más grave es que se destruyó la mística. Y hay que recuperarla. Así como al sentimiento de pertenencia que existía en 1999”.