27 de febrero 2013 - 20:59hs

En las elecciones de 2009 el Movimiento de Participación Popular (MPP) logró romper con el maleficio que condenaba a todos los grupos mayoritarios del Frente Amplio a perder esa condición cinco años después de haberla conseguido. El MPP fue mayoría en el 2004 y repitió en la siguiente elección. Pero todo indica que el castigo para esa doble suerte también será duplicado.

Pocos dudan de que en las elecciones de 2014 la caída del sector liderado por el presidente José Mujica, si no estrepitosa, bastante pronunciada. Y las razones para ese desbarranque son diversas: una gestión de gobierno muchas veces desprolija; una bancada que ha venido sufriendo deserciones notorias; dirigentes que toman decisiones en las que no participan las figuras más conocidas del sector; un líder en el ocaso de su carrera.

En los últimos días el sector resolvió desafiliar al diputado Alvaro Vega luego de que éste declarara que estaba defraudado con el comportamiento del grupo. Para peor, el también diputado e integrante del Movimiento de Liberación Nacional (MLN-Tupamaros) Esteban Pérez se fue antes de que lo pasaran al Tribunal de Conducta Política por haber votado en contra de la permanencia de las tropas uruguayas en Haití.

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“El MPP ha perdido su intención revolucionaria y ya no representa a los explotados”, declaró Pérez a El País. “El MPP es una cueva de lobos, el compañero es el lobo del compañero”, abundó en La República. Desde el Frente Amplio esperan el bajón electoral del sector de Mujica como algo inevitable. Fuentes de la coalición dijeron a El Observador que hay sectores de la clase media y de intelectuales que se hartaron de un grupo con tendencia al desorden y a la desbandada. Buena parte de la clase medida frenteamplista se está expresando a través de las redes sociales en donde es común leer a cibernautas que aseguran que “nunca más” votarán al MPP y hasta hacen chistes de brocha gorda a su costa.

El MPP, se sabe, ha sentado su base principal entre los sectores más pobres que vieron en Mujica a una persona que los representaba a cabalidad. Pero en 2014, el exguerrillero ya no será candidato y ese lugar seguramente lo ocupará Tabaré Vázquez quien también tiene buen predicamento entre los humildes. Para evitar esa posible fuga de voto, Mujica ha pensado en el presidente de ANCAP, Raúl Sendic, como un heredero que lidere una subcoalición que no sólo abarque al MPP sino también a la Vertiente Artiguista e incluso al Partido Comunista. Algo así como un espejo del Frente Liber Seregni que enfoque hacia el lado izquierdo del FA.

Hasta el momento, las fugas son la moneda corriente. Entre las más importantes se encuentran la del exguerrillero tupamaro, Ministro de Defensa y “compañero del alma” de Mujica, Eleuterio Fernández Huidobro, quien fundó a finales de 2007 la Corriente de Opinión y Pensamiento (CAP-L), y la del senador Jorge Saravia quien en 2011 regresó al Partido Nacional.

Además, el dirigente histórico tupamaro Julio Marenales anunció semanas atrás que renunciaba al Comité Ejecutivo Nacional del sector para irse a vivir más tranquilo en el interior del país.
Por otra parte, como se ha dicho, los problemas de conexión entre los integrantes del Ejecutivo y los dirigentes más conocidos del MPP son cosa bastante habitual.

La mayoría de las personas que toman las decisiones en uno de los máximos órganos de conducción del grupo son perfectos desconocidos para los votantes. Allí están Marenales –quien se apresta a irse– Evaristo Coedo, Nery Mutti, Heber Bouses, José María Pereira, Jorge González, Julio Martínez, Carlos Rodríguez, Raúl Speroni, Carlos Pereyra das Neves, Jorge Meroni, Aníbal Méndez, Julio Baráibar y Marco del Campo.

La “barra chica” del MPP a la que Mujica decidió decirle adiós para gobernar atendiendo a todos los sectores del Frente Amplio –el presidente no dudó en sacar de sus cargos a emepepistas del Codicen y de ASSE– ya le ha cobrado alguna cuenta a su jefe.
Por ejemplo, Mujica impulsó a Enrique Rubio como candidato para la presidencia del Frente Amplio pero las bases le jugaron en contra e impusieron la postulación de Ernesto Agazzi.

A todo esto se suma que Lucía Topolansky ya está al final de su carrera política como para agarrar la manija del sector, en tanto que el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, no se ha interesado en tomar la posta.
La barra de desconocidos de la dirección del MPP ha hecho buenas migas con el canciller Luis Almagro. Y, al parecer, se quieren aferrar al exmilitante nacionalista para evitar el naufragio. El tiempo dirá pero, por ahora, son más los que se van que los que llegan.

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