El día después… Despertó con la sensación del deber cumplido sin imaginar lo que le depararía el día. Desayunó con su señora y llamó a sus hijos que tenían que ir a estudiar. Como un día más, armó todo para concurrir a la oficina donde cumple funciones como escribano. Pero cuando encendió el teléfono le cayó la ficha: ¡948 mensajes! Clara señal de que no era un día más. Era el día después del técnico que hizo historia con Rentistas al coronarse campeón del Torneo Apertura venciendo en la final a Nacional.
Deslizó el dedo por la pantalla y empezó a ver nombres conocidos: Diego Forlán, Leonardo Ramos, Gregorio Pérez, Martín Lasarte, Alejandro Orfila, Pablo Marini, Leonel Rocco, Francisco Palladino, entre otros, lo felicitaban por la conquista. Sintió orgullo. De la consagración y de sus colegas que se tomaron la molestia de felicitarlo.
Leonardo Carreño Forlán, uno de los que lo saludó En las redes sociales se encontró con el saludo de su colega de Peñarol, Mario Saralegui: “Felicitaciones al Club Rentistas por lograr su primer título en su historia, sus jugadores y dirigentes, igualmente al DT, un trabajo de dos años extraordinario. Mención especial para Humberto Melo: PF Artiguense, pero con una función diferente, ser ayudante técnico. Un crack”.
Cappuccio subió al auto y partió junto con su hijo rumbo a la oficina que comparte con dos socios más. Abrió la puerta tijera del viejo ascensor que tiene un banco de madera y cuando fue a tocar el botón número tres se percató de un detalle: el cartel de las “recomendaciones para el uso y limpieza de los ascensores” había sido rayado arriba con la inscripción: “¡Felicidades al vecino campeón! ¡Arriba Alejandro!”.
Camilo Dos Santos El mensaje de sus vecinos Y arriba lo esperaban sus compañeros que lo recibieron entre abrazos y bromas. Y empezó con algunas de las tareas de la escribanía. Pero la jornada laboral le resultó imposible. El teléfono no paraba de sonar. Los requerimientos periodísticos lo desbordaron.
L. CARREÑO Siempre dando órdenes y motivando En determinado momento, uno de sus socios recibió a un periodista en el estudio y le expresó: "Aguarden un momento porque está en una nota" y entre risas acotó: “Trabaja más en la cancha que acá”.
De pronto apareció un chico con un equipo deportivo y la insignia de un colegio: Juan, uno de los hijos de Cappuccio.
Camilo Dos Santos Cappuccio, el día después A los pocos minutos se abrió la puerta de la oficina y apareció el DT campeón mirando con cara de sorpresa las presencias periodísticas.
Entonces le pegó el grito a su hijo: “¿A qué horas entrás?”. “¡A las 12!”, respondió Juan que se quedó con la medalla que ganó su padre como técnico del campeón del Apertura.
Cappuccio pidió disculpas y se fue a hablar con su hijo: “Ah ya te trajiste la comida… ¿Tenés cubiertos?”, dijo y le alcanzó cuchillo y tenedor. Como cada día, el entrenador se encargó de llevar a su hijo al colegio”.
Camilo Dos Santos Cappuccio, el día después Sentado en su escritorio, rodeado de papeles y documentos, Cappuccio le comentó a otro de sus socios: “Pah, hoy es un infierno. No paro. No sabía que tenía tantos amigos”.
Dicen que en el día a día, su imagen y tranquilidad contrastan con el estado con el que vive los partidos. En la cancha, Cappuccio camina de un lado a otro, brinda órdenes y queda afónico de tanto gritar. El día después de la gloria todo volvió a la normalidad. Fue a la escribanía, calentó el táper con la comida de su hijo y lo llevó a la escuela, como un ciudadano más.