25 de agosto 2013 - 21:32hs

Al vicepresidente de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE), Enrique Soto, el organismo del que dependen los hospitales públicos, le preocupa que entre sus funcionarios el ausentismo sea del 30% mientras que en el sector privado es del 9%. ASSE le pidió el año pasado una auditoría al Fondo Nacional de Recursos, que comenzó hace aproximadamente un mes.

Pese a este tipo de carencias, Soto considera que ASSE debería recibir más dinero en el Presupuesto. No solo porque el sector privado todavía invierte más por usuario, sino porque se precisan más recursos para abatir “la desigualdad en salud” que persiste y preocupa al gobierno. A su vez, el vicepresidente de ASSE sostiene que los mejores sistemas sanitarios del mundo son los que han colocado al organismo público en una posición de referencia, lo cual no se logra si no es con dinero.

Pero también hay que mejorar en “eficiencia”, dijo Soto a El Observador. Eso, en buena medida, le da la razón a las críticas de la oposición: ASSE “tiene problemas intrínsecos” y cuando fue creado como organismo descentralizado “arrastró la burocracia del Ministerio de Salud Pública”, admitió.

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Además de que le falta dinero y eficiencia, el jerarca cree que ASSE “es víctima de las debilidades del Estado”. Y, como si fuera poco, el organismo todavía carece de algunas “definiciones básicas”, como establecer a qué población dirigirse. No sabe si apuntar solo a los pobres o a una población más amplia.

En los dos años que lleva en la gestión de ASSE, este cardiólogo se ha empeñado en desentrañar por qué el prestador de salud estatal no funciona bien. Volcó sus reflexiones en dos documentos que acercó al oficialismo como insumo. Admite que los avances han sido “tímidos”, pero no se resignó y ahora está ultimando los detalles del tercero.

¿Qué dice el tercer documento?
ASSE necesita tomar algunas definiciones político-estratégicas acerca de a qué población se va a dirigir. Un extremo es limitarse a la población definida en el artículo 44 de la Constitución, que son los pobres indigentes. El otro extremo es crear un prestador público que abarque toda la población. De eso dependen la estructura, la inversión y los recursos que precisas. Falta una definición básica. Si nos dirigimos al extremo al que de alguna manera nos lleva la reforma del sistema, indudablemente ASSE necesita otras herramientas para ser referente en material asistencial. Deber tener otras posibilidades en términos económicos y de marco normativo.

En el documento anterior ya decía que se precisaba dotar a ASSE de mayor agilidad para, por ejemplo, realizar compras. ¿Se avanzó en ese sentido?
Se avanzó algo, pero poco. Se introdujeron algunos artículos en la Rendición de Cuentas anterior y en la actual para modificar el Tocaf y darle mayor autonomía a la gestión. Pero son pocos.

¿Y la división de ASSE en regiones no mejoró la gestión?
Ese es otro avance, pero falta mucho. Son avances tímidos; necesitamos apretar el acelerador.

¿A qué población hay que apuntar, entonces?
En los mejores sistemas de salud del mundo el prestador público tiene un rol de referencia y se pone a la cabeza. Miremos Inglaterra, Canadá, Suecia. Esto no quiere decir que el público sea competencia del sector privado. De hecho, los mejores resultados se obtienen cuando los sistemas apuntan a la complementación y no a la competencia. Creo que Uruguay está en excelentes condiciones para eso. Somos tres millones y medio de habitantes, no tenemos accidentes geográficos, tenemos cierta unidad cultural y de lenguaje.

Sin haberse sentado a definirlo, ¿a quién se dirige ASSE de hecho?
En el documento tratamos de mostrar una fotografía sobre los 1.300.000 que se atienden en ASSE actualmente, en relación a distintas variables: su conformación epidemiológica, demográfica, social y cultural. Intentamos demostrar que hay diferencias en relación al resto.

¿Cuáles?
Es algo en lo que debemos trabajar próximamente: la desigualdad en salud. Lo que el país invierte en esos 1.300.000 uruguayos debería ser mayor para equiparar al resto de la población. Aunque hemos mejorado, sigue habiendo diferencias en el acceso. Las posibilidades de los pacientes que sufren enfermedades cardio y cerebro vasculares, que son la principal causa de morbimortalidad, son distintas al sur del río Negro que al norte.

¿ASSE precisa más inversión?
Hay que invertir más. Lo que se gasta en el sector público por usuario está cerca de 80% de lo que se gasta en el privado.

Pero ASSE tiene el presupuesto más alto de la historia.
Es cierto, pero a eso hay que ponerle una coma: partíamos de niveles muy bajos. Y hay que poner otra coma: no todo es inversión económica. Se debe buscar la eficiencia, y hay que hacerlo tanto en el sector público como en el privado. Tenemos que realizar un seguimiento de todos los convenios que se están firmando con el privado, que son muchos, para ver el impacto que están teniendo.

¿Entonces, ASSE debería invertir por usuario lo mismo que el sector privado?
Ese sería el ideal; hacia ahí tenemos que caminar. Pero entiendo que no es solo plata. Hay que buscar que esa plata rinda. En ese sentido, creo que hay que transitar la reforma del Estado. En parte, ASSE es víctima de las debilidades del Estado, fundamentalmente por su burocracia, que hace que todo sea lento, cuando las respuestas en salud deben ser rápidas. Eso no es solo culpa de ASSE, sino de todo el Estado. Cuando se pide dinero, se demora. Cuando se pide que se resuelva un problema, se demora. ASSE tiene problemas intrínsecos. ASSE se descentraliza en 2007 y arrastra la burocracia del Ministerio de Salud Pública. Pero también choca con la burocracia de todo el aparato estatal. Hay que pensar que ASSE puede resolver en parte sus problemas recibiendo más dinero, mejorando su eficiencia interna, y también tendría que mejorar si mejora el Estado en su conjunto.

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