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Entre chico, piano y repique, así fue la despedida a Waldemar "Cachila" Silva en el conventillo Mediomundo

"Me gustaría que lo recuerden como una leyenda, como alguien que dio la vida por esto", dijo Mathías Silva, hijo de Cachila Silva, un referente del candombe y el carnaval uruguayo

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11 de enero de 2021 a las 13:49

Los tambores de la comparsa C1080 salieron por la puerta del viejo conventillo Mediomundo en el barrio Sur, esperando que pasara por el histórico edificio el coche que llevaba el cuerpo de Waldemar "Cachila" Silva, director del conjunto que fundara en 1999. Silva murió este domingo, a los 73 años, a causa de covid-19, y su sepelio se efectuó este lunes, pasadas las 13 horas, tras un cortejo fúnebre que pasó por el viejo conventillo en camino al cementerio del Buceo. Esa era la despedida que Cachila quería.

El paso por el conventillo no fue para nada casual. Silva nació en ese lugar, que tuvo entre sus fundadores a su propia familia y su dirección (Cuareim 1080) es la que le da nombre a la comparsa que creó y dirigió junto a sus hijos y su esposa, con la que ganó nueve veces el desfile de Llamadas y cinco veces el primer premio en el concurso oficial de carnaval en la categoría Negros y Lubolos, el último de ellos en 2016. En 2019, además, fue reconocido con el premio de Figura de oro del Carnaval montevideano.

 

Una de sus últimas participaciones musicales fue grabando junto a la comparsa en el disco más reciente del grupo Bajofondo, Aura, en la canción Solari Yacumenza, que estuvo nominada en la última edición de los premios Grammy Latino.

Parte de una familia ligada durante generaciones al candombe. Antes de C1080 Silva integró la comparsa Morenada, con quienes logró diez primeros premios en el concurso oficial. Con ellos debutó en 1958, con apenas once años. Morenada había sido fundada por su padre, Juan "Cacique" Silva, y sus tíos, y por el artista plástico, Carlos Páez Vilaró, que solía desfilar en las Llamadas con C1080.

“Entre todos le pusieron Morenada porque eran y se sentían así, un conjunto de negros que defendía una cultura, un espíritu”, contó Cachila a El Observador en 2014. Tras el fallecimiento de su padre, Cachila Silva formó C1080 en el barrio Sur. Además de la comparsa, Silva también fue parte integral en el establecimiento de la casa cultural C1080, y fue un difusor del candombe tanto dentro como fuera de fronteras, con presentaciones en escenarios de Europa y Asia.

En total, sumó seis décadas de labor artística, que lo convirtieron en una de las referencias del candombe a nivel nacional. En 2008 protagonizó un documental sobre su vida y su trabajo, Cachila, dirigido por Sebastián Bednarik.

"Me gustaría que lo recuerden como una leyenda, como alguien que dio la vida por esto", dijo este lunes su hijo Mathías, a Subrayado, en la previa del cortejo fúnebre. Este año, a causa de la pandemia, la comparsa había decidido no salir y no participar en el concurso oficial.

Los tambores –chico, piano y repique–, con sus ejecutantes luciendo tapabocas con el nombre de la comparsa, sonaron entre los aplausos de los que se acercaron hasta el viejo conventillo, entre lágrimas y algunas flores que se depositaron en el techo del vehículo que portaba el cuerpo de Silva. Luego del paso del coche, la comparsa fue caminando detrás, con los hijos de Silva entre ellos.

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