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Gustavo Ferrín lleva dos años en Liverpool como Secretario Técnico

Fútbol > ENTREVISTA AL SECRETARIO TÉCNICO

Ferrín, el cerebro futbolístico silencioso de Liverpool: "Tengo comprada mi libertad"

Dirigió Uruguay-Inglaterra en Wembley, estuvo siete años en las selecciones juveniles y lleva dos años en Liverpool; Gustavo Ferrín habló de todo con Referí: "¿Barcelona? La Masía es Uruguay"

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28 de marzo de 2021 a las 05:01

Es el cerebro futbolístico oculto detrás del proyecto de Liverpool. Llegó en 2019 promovido por Paulo Pezzolano y se metió en el club. Tanto, que el día que salían de la burbuja de dos semanas tras jugar Copa Libertadores, se quedó a esperar el último resultado de los exámenes para descartar covid-19. Aunque ya tenía el suyo, no se fue hasta que salió el último integrante de la delegación de Lomas de Zamora.

Gustavo Ferrín (61 años) se formó en juveniles donde debutó en 1995, alcanzó un invicto con Defensor Sporting que sigue imbatible, llegó a las selecciones de la AUF y dirigió tres partidos en la mayor, incluido un Uruguay-Inglaterra en Wembley. Dirigió a las selecciones de Perú y Angola, y ahora es el Secretario Técnico de Liverpool, la nueva sensación del fútbol uruguayo.

¿Por qué un entrenador de su trayectoria local e internacional está tan lejos de los medios de comunicación y mantiene un perfil tan bajo?

Nunca tuve marketing porque mi perfil siempre ha sido así. Además, el éxito lo defino por ser útil. Para mí, una persona útil es exitosa. Para otro exitoso es ganar dinero, para otros es salir en la televisión todos los días, o tener un buen pasar en la vida. Para mi pasa por ser útil y así ocurrió desde que empecé mi carrera en Defensor en 1995, o en 2000, cuando 23 de 25 jugadores que tuve llegaron a primera división, y 11 de ellos fueron a Europa. Tengo el récord de más de 60 partidos sin perder en juveniles. Eso fue con la quinta de Defensor con Tata González, Martín Silva, Mono Pereira, Miguel Amado, Ariosa, Danilo Peinado, el Chino Navarro… hace 20 años ocurrió esto y hoy hay tres que todavía están jugando en Defensor. Sé que hay mucha gente que habla de si mismo, que se publica en redes sociales. Si me buscás en esos lugares, no encontrás una publicación mía nunca.

Gustavo Ferrín no le ve techo a este Liverpool

Pero tiene redes sociales.

Sí, tengo. Las leo, porque me informo con ellas. Estudié programación neurolingüística sobre la ciencia de la comunicación, por tanto, podría utilizar redes porque las sé manejar, pero solo paso por allí para informarme con títulos. Cuando quiero leer algunos temas o artículos en profundidad me siento tranquilo y leo fuera de las redes. Sé que se utilizan mucho, pero yo no. Yo hago mi trabajo, tranquilo. Soy feliz. Estoy en un club en el que respetan mucho, y desde mi lugar doy mis opiniones y sugerencias.

Decía que es feliz, ¿con qué…?

Con ser útil. Si uno es útil, alcanza. El día que no estés actualizado y venga gente más útil que vos, van a ocupar tu lugar. Y un día vas a tener a alguien que te va a llevar hasta el sol, y cuando haga calor te pondrán en la sombra. Eso se hace por amor. Lo demás se hace por utilidad. Capaz que soy frío, pero lo veo así. Desde ese lugar aporté mucho al fútbol, y en todos los lugares que fui no llegué empujado por nadie, estuve porque me llamaron para trabajar. No fui acomodado. A la selección fui porque batí el récord del que te hablé. Sino no hubiera llegado nunca. No me llevaron porque era amigo de alguien. Llegué porque estaba en el momento justo y el lugar exacto.

Desde aquel comienzo en Defensor en 1995, seis años después llegó a la selección juvenil. ¿Considera que lo designaron solo por el récord?

El récord fue importante porque no es fácil estar más de 60 partidos sin perder. Además, porque había salido campeón con todas las categorías que dirigí los seis años anteriores. Eso generó una moda y terminé en la selección. Después de la selección estuve en Defensor, cuando pasamos 11 partidos sin perder. Me recomendó Juan Ahuntchain, les dijo: “llamen a Ferrín que Gustavo que conoce a todos esos muchachos desde chiquitos”.

Esos son gestos que no siempre se repiten entre entrenadores.

No siempre hay gestos de esa magnitud y calidad. Por suerte en mi carrera tengo otras situaciones similares. Cuando renuncié a Fénix, los jugadores y dirigente hicieron una carta pública para que no me fuera. Es un gesto muy noble.

Gustavo Ferrín dirigió a dos selecciones mayores: Uruguay y Angola

¿Guarda esa carta?

Sí. Mi madre, que falleció, tuvo la virtud de guardar muchas cosas de mi carrera y hoy las disfruto. Soy muy proactivo y no me da tiempo para estar pensando en el disfrute de lo que hago porque me meto mucho en el trabajo, pero, en estos tiempos, los muchachos de marketing de la AUF recopilaron un montón de materiales viejos, que los guardo, y hoy los mirando y particularmente los valoro porque nunca me di cuenta estuve casi siete años en la selección. ¿Sabés qué me ocurre? Que ahora disfruto más todo que cuando estaba.

La experiencia, el camino recorrido… ¿hoy vive el fútbol desde otro lugar?

Sí, totalmente. Tengo comprada mi libertad. Es fundamental cuando alguien puede tomar una decisión de decir hasta acá llegué y cuando resuelve algo no perjudica a la familia en sus determinaciones. Eso es importante. Después disfruto porque estoy en un lugar en el que me siento respetado, y eso me hace sentir cómodo y con una sensación de que no es un esfuerzo laboral el que estoy haciendo. No pierdo mis responsabilidades, pero me doy lugares para que la experiencia que he recogido sirva para poner calma en los momentos en los que hay que poner calma.

¿Qué significa para usted comprar la libertad?

Muchas veces uno no puede tomar decisiones porque hay una familia atrás, y no llega a las decisiones que realmente debería tomar. Por ejemplo, serían correctas deportiva o profesionalmente, e incorrectas familiarmente. Hoy tengo a mi familia educada en que puedo vivir comiendo papa o arroz hervido y nadie se va a quejar, y puedo decir que no tengo más ganas de hacer algo, y no lo hago.

¿Por qué fue entrenador?

Nunca me había dado cuenta hasta aquel 1995, que tenía una pasión por la docencia. Mi escuela en Defensor me dio la oportunidad de formarme, no en los años que estuve como jugador sino como entrenador, que fueron muchos, y me despertó una inquietud muy grande por el estudio. De ahí no paré hasta el día de hoy. Todos los años me sigo preparando.

¿Defensor Sporting fue una escuela?

Conocí un Defensor en la época de Arsuaga. Había un lineamiento con mucha similitud con las de Liverpool. Hay un presidente sumamente inteligente, conocedor de lo que es el fútbol y todo el mundo lo enfoca por la austeridad, la economía, su administración, pero cuando uno se sienta a hablar con él es un hombre que tiene un abanico de conocimiento y además es respetuoso de lo que le corresponde a él y de lo que da como área de trabajo. En mi caso, cuando me designó director deportivo me dio libertad para funcionar sabiendo siempre que la última palabra la tiene el presidente, pero escucha las sugerencias que uno puede aportar desde el punto de vista deportivo.

¿Es difícil de tratar?

Llevo casi dos años acá, y esto que voy a decir puede quedar feo que lo diga, pero me hubiese gustado conocer un presidente como él porque me gusta la gente derecha y frontal, y Palma es derecho y frontal.

Después de haber ocupado distintos cargos, ¿qué se siente, técnico de juveniles, técnico de mayores o secretario técnico?

En Liverpool soy responsable de una metodología de trabajo que es algo institucional. En tren de elegir, en ese juego hipotético que plantea: entrenador. Todavía me siento entrenador. Capaz que en un futuro puedo sentirme que soy director deportivo.

¿Entrenador de juveniles o de Primera?

No hay diferencia. Y lo digo hoy con la experiencia que tengo.

Gustavo Ferrín debutó como técnico en 1995

¿En 2011 dijo que nadie es profeta en su tierra?

Y lo sigo sosteniendo. Somos una sociedad exitista, que evalúa todo por la estadística. Hay muy poca gente que revisa en profundidad las raíces de dónde nacen las cosas y cómo se enfocan. Este Liverpool no nace en esta etapa de éxitos estadísticos que tiene, y que le dan un buen pasar. Durante los años anteriores se realizaron cosas que son el cimiento para el crecimiento de la institución. A veces sos muy cuestionado en el exterior, pero cuando hacés las cosas profesionalmente, como a mi me gusta hacerlas, sos valorado. En Uruguay el éxito pasa por otro lado, y acá es momentáneo. Acá el único que tiene la verdad en el fútbol es don lunes, y hay que revisar de hablar con él todos los lunes.

¿Liverpool tiene un techo?

No creo que haya un techo. Una cosa es cuando uno dice no tiene techo y enseguida surge la pregunta: ¿va a ser campeón de la Libertadores? Liverpool actualmente no está preparado para pensar en eso. Quiero dejar bien claro: no tiene techo porque es un club que está en pleno desarrollo en su estructura, su infraestructura es brillante, está todo diseñado para este club siga creciendo en todos los proyectos que están encaminado. Es un club que tiene una base armada para que cuando tenga la oportunidad de ir haciendo crecer todas las ideas que tiene va a disponer de un potencial importante.

¿Uruguay-Inglaterra con la selección mayor en marzo de 2006 es el partido top de su carrera?

Sí. Había muchas estrellas a nivel mundial. Jugadores de elite. No fue el único partido de la selección que dirigí, pero fue el más representativo por estar en un evento en donde jugaban dos campeones mundiales y en los dos planteles había futbolistas destacados. Me sentí cómodo en aquel momento y no me tembló en ningún momento el pulso para plantear y tomar las decisiones que tomé. Nunca me di cuenta hasta el día de hoy el valor que tiene haber dirigido ese partido.

¿Qué significó dirigir en el exterior, en Perú y a la selección de Angola en 2012?

Fue un reconocimiento, porque detrás había una representación y un sello que era haber dirigido a la selección uruguaya, algo tiene peso en cualquier lugar del mundo. En eso uno sale fortalecido. Tuve lindas experiencias de vida, porque en África vi otra cosa que nunca me había tocado experimentar.

¿En qué sentido?

En lo deportivo saqué conclusiones importantes, por la genética y cultura de esos países, pero sin dudas el enriquecimiento fue sobre la vida, las enseñanzas, porque me hizo ver otras cosas y me dio un buen revolcón de lo quejoso que somos en Uruguay, después de observar una realidad totalmente distinta y con gente que se ríe, baila y canta con tan poquita cosa y cuando pasa hambre.

¿Le cambió la mirada de la vida?

Totalmente. Vi cosas que nunca pensé que podían estar allí. No es lo mismo ver en una película que ver la realidad o caminar en una calle de tierra con tanta gente pasando penurias, sobre todo hambre.

Como analista de fútbol, ¿le cambió conceptualmente el fútbol?

El fútbol es el mismo en todos lados, pero cada país tiene una cultura y sentimientos diferentes, que deben ser respetados. En Uruguay tenemos un fútbol sumamente emocional. Sí. Nuestras raíces no son las raíces del fútbol alemán, holandés o inglés. Comienzan en un baby fútbol donde es más importante y los protagonistas se siente más reconfortados cuando ganan que cuando aprenden. Y surgiendo de esas raíces, después, con el correr de los años, queremos imitar otro tipo de fútbol. ¿Capaz que el punto es que deberíamos cambiar la cultura y todo lo que aporta el baby fútbol, y todo lo bueno que nos hace ser diferentes? Culturalmente no estamos preparados para otra cosa. No creo en las imitaciones. No creo en repetir como papagayos lo que hacen los demás, porque también los demás vienen a investigar lo que hacemos nosotros. Es un tema largo, pero le planteo esta situación: existe mucha literatura sobre lo que es el fútbol y esas cosas ya han sido escritas en Uruguay, pero sucede que no tiene la misma caja de resonancia ni tanta publicación como la que puede tener la literatura generada en el fútbol español, en donde hablan de la Masía. ¡La Masía es de Uruguay! No es de Barcelona. Barcelona prácticamente tiene desde el jugador 1 al 25, extranjeros. Venden, publicitan y son grandes marketineros, pero la Masía es donde hay pocos recursos y sin embargo salen y exportamos tantos jugadores, y estamos en medio de dos potencias como Argentina y Brasil, y subsistimos entre dos potencias.

¿La Masía es Uruguay?

La Masía es una escuela del fútbol, y yo digo que la Masía somos nosotros, somos la gran escuela del mundo del fútbol. Nos respetan Argentina y Brasil, y nuestro estilo es nuestro estilo. Hay cosas que se pueden modificar y matizar, pero nunca cambiar las raíces. Otro aspecto muy importante: nosotros no nos damos cuenta, pero hay que estar fuera del país para saber qué es lo que piensan de nosotros. Estaba en Arsenal de Argentina cuando escuchaba los informativos hablando de Uruguay sobre el partido que iba a jugar contra Argentina. Nunca sentí tanto respeto por Uruguay, incluso hasta cierto temor, que no vi con ninguna otra selección. Y eso es algo que nosotros no reconocemos. También lo viví cuando dirigí en Perú, el respeto que existe por Uruguay es absoluto y eso nosotros no lo consideramos, lo minimizamos.

Cuándo le dicen fútbol de propuesta o de respuesta, ¿qué responde?

No estoy de acuerdo con hablar de fútbol de propuesta y respuesta. Todos proponen y todos responden. Si la propuesta es por la tenencia del balón, valoremos los partidos contando quién hizo más pases y le damos un punto a ese equipo. A mí me gusta el juego de transiciones y combinaciones porque es una forma de proponer el ataque, sin renunciar a otras cosas que también son productivas. El fútbol que es un juego de sorpresa y de mentira, no me puedo quedar siempre con una transición que sea al ras del suelo y con 30 combinaciones antes de llegar al arco rival. Si siempre hago eso seguramente me encuentre con una defensa mejor armada cuando llegue a tres cuartos de cancha rival. Hay otras alternativas que no son para renunciar, como un pase en profundidad que a veces da más posibilidades de gol y puede herir al rival. No hay una concepción absoluta para tomar las definiciones del fútbol. Depende de cada equipo, el momento y el lugar. Dirigí a jugadores peruanos, y descubrí que tienen grandes virtudes y dificultades que no las tienen los uruguayos. Ahí es donde aparece esa línea de la que hablo, la cultural. En Angola un jugador me dijo una vez, cuando veíamos un partido: “Suárez llora”. No recuerdo qué había pasado en ese momento, y el jugador se reía porque Suárez lloraba. Allí me di cuenta que ellos nunca van a entender por qué lloraba Suárez, porque ellos no van a llorar por un partido. Uno tiene que aprender a convivir con todo eso porque son cuestiones culturales.

Hay un asunto emocional en todo esto que juega un rol fundamental, si todos los futbolistas corren más o menos lo mismo, porque nos agota tanto a nosotros pasar de un partido a otro. ¿Físicamente estamos mal? No, ese no es el punto. Es porque hay una carga emocional por vestir la camiseta celeste y la responsabilidad que significa el mito de jugar con una camiseta como la de la selección, que tiene una carga extra, que otros no tienen. No hablamos de un asunto físico, sino que es algo psicológico, porque que vamos con esa carga de que nosotros no podemos perder. Para nosotros todas las cosas son de vida o muerte.

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