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Historias y anécdotas de la utilería de Nacional

Heber Rodríguez fue como ayudante de su suegro a Bella Vista y no solo heredó el apodo del viejo utilero papal, que se caracterizaba por "ladrar" por todo, sino que se quedó 30 años en la utilería de Nacional, club donde Ruben Sosa lo volvía loco con todo lo que regalaba

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09 de abril de 2018 a las 05:00

El origen de la historia es increíble. El hombre tenía un humor muy particular. "Era un tipo increíble, nunca te decía que sí. Le pedías un par de medias y te decía no tengo, pero cuando te dabas vuelta te solucionaba el tema. Primero te ladraba. Siempre ladraba, por eso le pusieron Perra de sobrenombre". La memoria del Pocho Rubens Navarro es envidiable. Era jugador de la Quinta de Bella Vista que dirigía técnicamente Sergio Markarian cuando vio por primera vez en el vestuario a un tal Heber Rodríguez. El botija en aquel entonces, de la misma edad que los jugadores, había llegado al club para ayudar a su suegro Juan José Sosa, "la Perra", en la utilería de los papales.

Lentamente Heber se hizo camino al andar. La familia estaba toda vinculada porque Sosa, el hijo de "la Perra", jugaba en aquella Quinta de los papales de lateral derecho, según contó Navarro.
Entonces los jugadores no tuvieron mejor idea que bautizar a Heber con el apodo de su suegro, pero como era más chico lo empezaron a llamar la "Perrita".

Navarro contó que en poco tiempo le tocó viajar con Bella Vista cuando fue a jugar la Copa Libertadoores. "En aquellos tiempos había una camiseta sola, olvidate. Y era cuidada la ropa. Un día se la quise cambiar al 9 de Portuguesa, que tenía una camiseta divina con un un escudo de hilo dorado y fue un problema. Nosotros íbamos con el sello de Covadonga. La camiseta pesaba 100 kilos. Jugabas un partido y tenías 100 kilos arriba".

Lo que jamás imaginaron fue que aquel chiquilín se transformara con el paso del tiempo en el utilero histórico de Nacional y que terminaría con el apodo de su suegro.
Heber Rodríguez, la Perra para el mundo del fútbol, se jubiló en 2017 dejando un grato recuerdo por los rincones de Los Céspedes.

Su historia, que comenzó en las juveniles de Bella Vista, fue de la mano con un histórico de Nacional como el Vasco Santiago Ostolaza.
"Tengo entendido que don Raúl Bentancur lo conocía de Bella Vista y por eso lo llevan a Nacional, para las inferiores. Los recuerdos son que yo iba siempre temprano, porque él aprontaba el mate y me gustaba compartir con él porque es de bajo perfil y en eso tenemos muchas cosas en común. Conversaba de cosas de la vida. Era agradable estar con él", contó el Vasco a Referí.

¿Y los zapatos de Sosita?

Ruben Sosa tiene un recuerdo muy particular de quien fuera equipier. "Una vez, previo a un partido, estábamos en el Estadio. Calentamos, nos metimos en el túnel y le digo: 'Perra, trajiste los zapatos'. Empezó a buscar y no los encontró. ¡Se habían olvidado de mis zapatos! ¡Justo los míos, que tenía un par solo! Viene y me dice: 'Ruben, el Mono (su ayudante de entonces y hoy sucesor) se olvidó de los zapatos pero vamos hasta Los Céspedes y te los traemos'. Y le dije que no. Dame unos cualquiera, chiquitos, si voy a hacer un gol igual. Me dieron unos que no sé ni de quiénes eran y jugué bárbaro".

Sosita lo conoce a Heber desde niño. "Yo tenía 15 años y la Perra ya era el utilero de la selección, en las juveniles, cuando fuimos a jugar a Bolivia. En aquella banda estaban el Pato Aguilera, el Chueco Perdomo, y lo recuerdo como un tipo notable, amigo, siempre estaba disponible. Nosotros éramos niños y el tipo era el hermano mayor. Siempre disponible para el asado, para unir el grupo".

Un hombre ordenado

Algunos de los entrenadores que convivieron con la Perra en su etapa en Nacional, lo recuerda como un utilero sumamente ordenado.

Martín Lasarte rememora: "A nosotros nos dejaba todos los días la ropa pronta y preparado arriba de la cama. Te ponía medias, short, pantalón largo, camiseta, ropa de invierno y siempre te dejaba algo más como alguna campera de lluvia. En invierno te ponía guantes y gorrito para tolerar el frío. Esas cosas te las dejaba para que te las quedaras".

Y agregó: "Una vez finalizado el entrenamiento había un canasto en el chalet de los técnicos donde se dejaba la ropa. Cada uno tenía uno con su nombre".
En el mismo sentido se expresó el Vasco Santiago Ostolaza: "Era muy ordenado, le gustaba tener todo limpio, como en una casa. Quería que te sintieras en tú casa y eso para nosotros era una ventaja. El otro tema era el respeto".

Lasarte aportó: "Siempre llegaba temprano. Si la práctica era a las 9, Heber llegaba 6.30 a Los Céspedes".
"Yo iba a tomar mate siempre con la Perra porque a las seis de la mañana empezaba a armar todo", comentó Ruben Sosa a Referí. "Vivía para esto, le gustaba lo que hacía, tener todo prolijo, tres horas antes tenía pronto el vestuario. Era un apasionado".

Sosita lo volvía loco. "A mí me pedían cantidad de cosas, desde camisetas a tobilleras. Mis tobilleras eran blancas y entonces la Perra siempre estaba atento. Venía y me decía: 'Ruben ya regalaste canilleras el partido pasado, mirá que te queda un solo par".

Lasarte aportó que iba seguido a saludarlo y compartir un rato y charlar con Heber. "En ese tiempo intentamos ampliar la utilería porque estaba un poco apretado, y Nacional compró un container para armar una nueva utilería, como depósito, porque había trajes, zapatos, valijas que van quedando en un depósito. Él siempre andaba preocupado por eso".

En un momento, Heber pasó a las juveniles del club y cuando la directiva nombró a Santiago Ostolaza, el Vasco pidió el retorno del viejo utilero.
"No sé qué había pasado pero cuando voy como entrenador a Nacional pedí que él volviera porque quería tener cierta seguridad en el vestuario".

Después de 30 años de servicio. En junio 2017, Heber Rodríguez decidió que era tiempo de terminar con su carrera de utilero. Fue homenajeado en el Parque Central. Los jugadores le regalaron un cuadro firmado. Sus compañeros un cuadro. Su huella quedó para siempre como lo dijo Ruben Sosa: "Me quedó que compartí mucho tiempo con un ser humano bárbaro, de corazón bueno, que vivió mucho fútbol, muchos vestuarios y siempre fue el mismo". Se fue como llegó. En silencio.

Sosita le daba premios

Uno de los aspectos que remarcó Ruben Sosa del viejo utilero del club fue su lado solidario. Remarcó que jamás decía que no. Y cuando le pedía alguna camiseta o algo para algún niño, siempre brindara una respuesta afirmativa.

"Yo iba y le decía, Perra tengo que regalar un par de medias o alguna camiseta, ¿cómo hacemos? Y él te respondía: 'Bueno, vemos si las pedimos y después cambiamos'. Cuando vos le decías que venía un niño y había que darle algo, siempre se mostraba disponible. No te decía que no. Te la daba, y te decía, yo después la encargo, vos me firmás el recibo".

Sosita comentó que las camisetas se las descuentan a los jugadores. "Te descuentan o vos la comprabas y se la llevabas, pero te aseguro que si le pedías él no te dejaba tirado. Por ahí te decía, Ruben ahora no tengo camisetas pero hay unos chalequitos que son chicos. Y se los daba a los niños".

Ruben dijo que a Heber lo tenía en cuenta a la hora de los premios.
"Sí, se lo consideraba siempre en los premios. Hay dos sectores que son importantes en un equipo de fútbol: la cocina, la cocinera y sus ayudantes; y el equipier porque están todo el año atrás tuyo".

El ritual de la Perra

Martín Lasarte, extrenador de Nacional, contó a Referí que la Perra Rodríguez tenía una especie de ritual diario que cumplía antes de retirarse de Los Céspedes. "Cuando se iba, lo último que hacía la Perra era pasar con la camioneta frente al chalet de los técnicos y me preguntaba si había estado todo bien y me preguntaba por la ropa del día siguiente. Qué ropa íbamos a necesitar. Todos los días paraba la camioneta ante de retirarse".

Lasarte recordó: "Muchas veces coincidíamos en el comedor y almorzábamos juntos. Él siempre estaba preocupado de que no faltara nada. A veces le decía, pero no por agrandado a ver si me interpretan, pero es algo que desarrollé en Europa, que cuando algunos calcetines estaban muy feos o rotos yo le decía: 'Perra, sacalos de circulación y poné otros nuevos o preocupate de eso porque uno sale afuera y representa al club'".

Lasarte comentó que el exutilero tenía un vinculo muy fuerte con los jugadores. "En los viajes siempre había cuatro o cinco jugadores preocupados en darle una mano. Es que tenía que bajar 15 o 20 bultos. A veces los más grandes se preocupaban de que los más chicos del plantel lo ayudaran. Pero muchas veces vi a Conde, Seba Fernández o Arismendi, ayudándolo".

Un viejo conocido de Heber, quien se encarga de trasladar la ropa en Nacional, el Gallego Luis González, contó a Referí que "lo que lo hacía enojar era llegar tarde. Ah, lo ponía como loco. Íbamos cuatro horas antes a los partidos. Si llegaba cinco minutos tarde con la camioneta ya estaba llamando. Después se le pasaba. Tenía su rutina y si lo sacabas, y te demorabas te decía: ¿Y si llegamos tarde?".

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