El secretario general de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, saludó la reunión que este jueves tienen agendadas los presidentes de Venezuela, Nicolás Maduro, y Guyana, Irfaan Ali, y anunció que enviará a dos observadores de la organización.
Los observadores que asistirán a esa reunión son Courtney Ratray, jefe de gabinete de Guterres, y Miroslav Jenca, vicesecretario general para Europa, Asia Central y las Américas, quienes se dirigirán en breve a Kingston, la capital de San Vicente y las Granadinas donde se celebrará la reunión.
La presencia de ambos funcionarios internacionales fue aceptada por ambos mandatarios quienes no se pueden poner de acuerdo sobre el diferendo de la región de El Esequibo, cuya resolución descansa en la Corte de La Haya, aunque sin fecha fija.
Durante décadas, Guyana, una antigua colonia británica, permaneció oculta a los ojos del mundo. Era el segundo país más pobre de Latinoamérica hasta que, en 2015, su suerte cambió de golpe.
Ahora es la economía que más rápido crece en el mundo, según el FMI. La estadounidense ExxonMobil y sus socios, Hess y la china Cnooc, encontraron más de 11.000 millones de barriles de petróleo frente a sus costas, un hallazgo del que el país podría vivir con holgura durante los próximos 20 años.
La inversión extranjera y la construcción de infraestructuras crecen a un altísimo ritmo. Sus 800.000 habitantes podrían contar, con el tiempo, con una de las rentas per cápita más altas del planeta.
Sin embargo, Venezuela, país fronterizo, reclama soberanía sobre el Esequibo, una región que ocupa más de la mitad de Guyana y que fue otorgada a este país en un laudo arbitral en 1899 y que desde hace décadas volvió a la Corte de La Haya, mucho antes de que Hugo Chávez fuera presidente de Venezuela.
El motivo central es que frente a las costas de esa tierra selvática se descubrieron yacimientos hidrocarburíferos.
Cuando este jueves Nicolás Maduro e Irfaan Ali se vean en San Vicente y las Granadinas se podrá saber si la presencia militar venezolana en la frontera y la decisión guyanesa de convocar al Comando Sur de Estados Unidos son solo presiones para un laudo pacífico o se trata de una escalada a un conflicto mayor.
San Vicente y las Granadinas es el país que preside temporalmente la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), además de ser una isla cercana al territorio en conflicto.
“La amenaza venezolana ha causado preocupación en Guyana, no voy a mentir”, dice el ex militar guyanés Mark Phillips, primer ministro de Guyana bajo la actual presidencia de Irfaan Ali.
“Pero Venezuela no puede parar nuestra prosperidad. No puede anexar el Esequibo, eso que dice el señor Maduro no es posible. Nunca, nunca, vamos a acceder a ninguna petición de Maduro y su Gobierno. Respetamos el trabajo de la Corte Internacional de Justicia, donde se dirime el conflicto”, dije Phillips en declaraciones periodísticas.
El boom petrolero es el verdadero motivo del conflicto. Antes era una porción de tierra sin interés para Venezuela. En 2022, el PIB de Guyana creció un 62% y para 2023 se proyecta un 37%. Produce 400.000 barriles diarios.
Las compañías petroleras planean aumentar la producción hasta los 1,2 millones en 2027. Mark Phillips dice que el Gobierno planea conectar Georgetown, la capital, de forma directa con otras ciudades y llevar una autopista hasta la frontera con Brasil.
En los yacimientos se trabaja las 24 horas del día. Y se convirtió en una ciudad donde los precios se dispararon a los de los países petroleros del Golfo Pérsico.
Guyana cuenta con dos movimientos políticos, uno liderado por afroguyaneses, descendientes de esclavos, y otro por indoguyaneses, descendientes de pueblos originarios. En el poder está el Partido Progresista del Pueblo (PPP), de indoguyaneses, que hizo campaña criticando los acuerdos con Exxon, pero que al llegar al gobierno dejó de lado la acusación.
El boom petrolero creó una elite y la región en disputa está poblada de guyaneses pobres y de ingenieros o trabajadores petroleros extranjeros. La renta per cápita puede crecer mucho, la posibilidad de una distribución equitativa no parece cercana.
Exxon Mobile, la compañía estadounidense ampara a los dos partidos políticos guyaneses con sus inversiones multimillonarias. Esa compañía no ve con simpatía la idea de que Venezuela logre tomar esas operaciones petroleras.
Además, el presidente Irfaan Ali ya dijo que recurrirá a la ayuda de Washington si el conflicto escala. Advirtió que no tendría inconveniente en que Estados Unidos pusiera una base militar. Ante este escenario, el presidente de Brasil, Lula da Silva, encendió las alarmas en la región y quiere contribuir a una solución negociada.
La reunión entre los mandatarios de ambos países de este jueves dará una pista sobre el curso de este diferendo.
(Con información de agencias)