El profesor salió al patio del liceo y se encontró, como sucede habitualmente, a un adolescente que no concurre a ese centro educativo. Le pidió entonces que saliera y el joven saltó la reja y emprendió la retirada, junto a otros dos que lo acompañaban unos metros más atrás. Al pasar junto al docente, sin hablarle, el muchacho de unos 15 años levantó su remera y le mostró un revólver que llevaba en la cintura.
“Hay un desprestigio de las instituciones educativas que no ayuda a la convivencia. En el barrio no se respeta el liceo. Es hostigado”, explicó William Motta, profesor de Educación Física.
Los docentes se reunieron ayer en asamblea y evaluaron la necesidad de tomar medidas, ante la falta de respuesta del Consejo de Educación Secundaria, al que han informado sobre estos episodios. En concreto, analizaron ocupar otra vez la institución. Ya tomaron esta medida el 2 de agosto de este año, cuando un adolescente, que tampoco pertenece a la institución, entró al liceo y llegó a hasta un salón de clase para amenazar con un palo a un profesor.
La ocupación duró dos días y con ella los docentes lograron algunas mejoras. Secundaria instaló un sistema de portero eléctrico y contrató un servicio de portería que aún funciona, pero que no ha logrado solucionar el problema.
Los muchachos saltan las rejas del jardín de infantes lindero o se cuelan por los huecos de las mallas que marcan el perímetro y entran como Perico por su casa al patio del liceo. Por esa razón, los profesores piden que Secundaria levante un muro para delimitar el espacio educativo y proteger así a docentes y estudiantes de la amenaza constante.
Los profesores resolvieron ayer en asamblea no ocupar el liceo, para permitir que los estudiantes puedan hacer las pruebas de fin de año, que terminan la primera semana de diciembre. Para muchos, la aprobación del curso depende de esa prueba. Pero si no reciben respuesta de parte de Secundaria, volverán a ocupar. Recuerdan aún que estudiaron y trabajan para educar, no para esquivar piñas, palos o balas.