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Entre los temas más destacados de la agenda del bloque están la viabilidad del acuerdo de libre comercio con la Unión Europea.

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La apertura del Mercosur: entre el escepticismo y las represalias por cortarse solo y acordar con terceros

Entre los temas más destacados de la agenda del bloque están la viabilidad del acuerdo de libre comercio con la Unión Europea y la flexibilización de las condiciones para negociar acuerdos con terceros

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18 de marzo de 2021 a las 05:03

Cuando se trata del Mercosur, a los académicos especializados en el estudio de temas de integración les cuesta disimular una cosa: la melancolía. El Mercosur es visto como lo que pudo haber sido y no fue. Y cuando hablan de su presente y futuro, surgen palabras como “parálisis”, “trabas” y “estancamiento”, y otras más fuertes como “lastre”, “obstáculo” y “excusa”.

Entre los temas más destacados de la agenda del bloque están la viabilidad del acuerdo de libre comercio con la Unión Europea y la flexibilización de las condiciones del bloque para negociar acuerdos con terceros, y en ambos, la posición mayoritaria es de escepticismo.  

Con motivo de los 30 años de bloque, los académicos Marcel Vaillant – profesor titular de Comercio Internacional del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales (Udelar)– y Sandra Ríos –directora del Centro de Estudos de Integração e Desenvolvimento, de Brasil– organizaron un encuentro virtual entre expertos de la región que tuvo lugar el miércoles.

“Todos partimos de un diagnóstico que incluye parálisis y una situación letárgica del Mercosur”, señaló desde Brasil el economista Ricardo Markwald, director de RAM Consultora Económica. 

En la misma línea, el politólogo argentino Andrés Malamud, investigador en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa, enumeró una serie de razones que justifican la existencia del bloque. Entre ellas, brindar escala a los mercados internos, y oficiar de “plataforma” y “trampolín” para el comercio global.

“El Mercosur podría servir por todas esas razones, pero no sirve para ninguna”, señaló; e hizo hincapié en la inviabilidad para los líderes políticos de impulsar las reformas que reencaminen el bloque: “Dejar esta porquería no funcionando es más barato (políticamente) que cambiar a algo que funcione”, enfatizó.

Sobre la “falta de liderazgo” en la conducción política, se extendió Roberto Bouzas, profesor de la Universidad de San Andrés. “Tengo una gran dificultad para comprar el argumento de que lo que impide salir de esta situación son los compromisos adquiridos (entre los socios), son más bien los compromisos y dilemas internos”, señaló. En buena medida, porque el Mercosur se convirtió en “una buena excusa para seguir chapoteando” en materia de política comercial.

Por su parte, el académico argentino Juan Carlos Hallak, investigador de Economía Política de la Universdad de Buenos Aires y profesor de Comercio Internacional de la Universidad de San Andrés, señaló que “la traba” del Mercosur se funda en “la falta de consenso sobre la necesidad de tener una economía abierta” en los distintos países de la región.

Para Vaillant, lo que ofrece el Mercosur es una “mímica de acuerdo” y los avances relevantes en materia de integración de los miembros se han hecho por fuera de sus términos, como es el caso de las zonas de libre comercio (zonas francas, en el caso uruguayo). “Estamos plagados de regímenes especiales de comercio, sin los cuales no tendríamos comercio regional”. Según entiende, el Mercosur debe avanzar desde el pragmatismo, generando “cosas pequeñas y de poco sex appeal” que refuercen la “credibilidad” perdida.

¿Flexibilizar el bloque?

Uno de los caminos más prometedores que se abren para países como Uruguay es el de la flexibilización. Que el Mercosur deje de ser un “lastre”, en particular para los países más chicos, y permita que negocien sus propios acuerdos con terceros.

Según Vaillant, “la principal tranca es de naturaleza doméstica, aun en los países pequeños”. Y si bien Uruguay ha dado muestras de voluntad política, “llega a la orilla y no concreta”. Según el académico uruguayo, “al igual que con las vacunas, el mejor acuerdo comercial con terceros es el que está disponible, el que se puede hacer”. 

Otro obstáculo relevante para la búsqueda de esos acuerdos, señaló, es el temor a las represalias comerciales que puedan tomar el resto de los socios, en especial Brasil. Y no solo dirigidas a Uruguay sino también a los socios comerciales con los cuales el país acuerde. Por lo tanto, las garantías que tienen que buscar los países para negociar acuerdos con terceros “son de naturaleza política”.

En la misma línea, la brasileña Ríos señaló que ve muy poco probable un proceso de institucionalización de la flexibilidad. “No hay un consenso mínimo de apoyo” a estas políticas, señaló. Por lo tanto, los países pequeños no pueden esperar “instrumentos” que los respalden en su búsqueda por un acceso individual ventajoso a terceros mercados. Pero entiende que la mayor demanda por esa flexibilización está instalada y por lo tanto, es viable hoy un proceso en esa dirección, pero más bien “caótico”, y no institucionalizado.

Algunos académicos fueron incluso más escépticos: “Si la flexibilidad es caótica y las barreras son domésticas, la flexibilización no parece tener un gran futuro”, dijo Markwald.

Y no faltó una llamada a la acción. “Si hay un país donde es absolutamente claro que el Mercosur es un lastre intolerable, es Uruguay”, afirmó el argentino Roberto Bouzas. Y agregó que “es incomprensible que Uruguay no rompa esta parálisis”.

¿El acuerdo con la Unión Europea?

Las opiniones están divididas. Algunos de los académicos que participaron en el debate coinciden en la importancia de los avances de las negociaciones con la Unión Europea para un acuerdo de libre comercio. Para Markwald, es el hecho más relevante “de los últimos 20 años” y puede llegar a darle el empuje, “la vía de escape”, que el bloque necesita, como un “efecto catalizador” que dinamice el cambio.

El problema, según los escépticos, es la viabilidad que tiene el acuerdo de ser efectivamente ratificado. Para Malamud, “el problema está en Europa”, y mientras Jair Bolsonaro esté al frente del gobierno brasileño resulta “cero viable”. Las políticas medioambientales del país norteño chocan con el discurso, en particular de Francia, y provocan una dura resistencia a la ratificación del acuerdo.

Vaillant fue más allá y señaló que más allá de la cuestión ambiental, el problema está en la resistencia que tiene el lobby europeo para acordar con el Mercosur, incluso cuando el acuerdo no incluye beneficios significativos para el acceso de productos del agro a la Unión Europea.

“Demoramos 25 años en negociarlo, podemos demorar 25 más en ratificarlo”, concluyó.

 

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