30 de septiembre 2023 - 5:02hs

Las drogas de diseño no solo surgen de fórmulas hechas por los laboratorios de los carteles del narcotráfico. En algunos casos, como el fentanilo, el crimen organizado toma un producto anestésico de probada eficacia para convertirlo en lo que suele llamarse drogas recreativas. El problema es que esta sustancia es 50 veces más potente que la heroína.

El tráfico y consumo de fentanilo es un problema de salud pública de primer orden en Estados Unidos desde hace varios años. Solo en Estados Unidos, según datos oficiales, en 2020 murieron 91.799 personas por sobredosis. En 2021 la cifra ascendió a 106.699 y en 2022 llegó a 110.000. Dos terceras partes de esos fallecimientos son por sobredosis de fentanilo.

No solo Estados Unidos está aquejado por la distribución ilegal de esta droga y el consumo extendido, sino que esto se replica en muchos otros países del mundo. Además de tratarse de una cuestión de salud de una población mayoritariamente joven y sin enfermedades precedentes, el fentanilo se convirtió en un tema geopolítico.

Más noticias

Surgido como un producto de los laboratorios farmacológicos legales para la anestesia en las cirugías, desde hace más de una década comenzó a ser una más de las drogas ilegales manejadas por los poderosos carteles del narcotráfico.

Las autoridades de salud y las de lucha contra el crimen organizado estiman que en la primera economía del mundo, tras la crisis del Covid-19, el abuso de fentanilo es la principal crisis sanitaria en la actualidad.

Circula, como la cocaína o el crack, por las terminales del narcomenudeo en ámbitos de la noche de las principales ciudades de Estados Unidos y crecientemente en Europa. Pero también, a diferencia de otros opiáceos, muchos usuarios la consiguen en las consultas médicas, porque efectivamente muchos médicos recetan fentanilo para el tratamiento de dolores crónicos.

Con la posibilidad de contar con bioquímicos y farmacéuticos, producto del dinero que manejan, los carteles de la droga fabrican esta droga de diseño en cualquier lugar del mundo. No necesitan de la hoja de coca cultivada principalmente en Colombia ni se vale de cantidades importantes de la amapola adormidera que crece con facilidad en Afganistán o el norte de México y que sí necesita la heroína.

Los cárteles mexicanos son los señalados como los principales comercializadores. Debido a su cercanía a Estados Unidos, el principal consumidor del planeta y porque de sus puertos del Atlántico pueden abastecer a puertos europeos.

Hay un asunto en que las agencias de lucha contra el narcotráfico insisten pero no hay suficientes pruebas: sería China el país con más laboratorios ilegales de esta droga. Al menos así lo afirman en Estados Unidos, país que decretó sanciones contra 17 personas y empresas chinas a las que acusa de del tráfico ilegal. Una magnitud irrelevante si se piensa en que los muertos anuales superan los 100.000 en los últimos tres años, lo que indica que los consumidores son muchísimos más.

Sin embargo, en franca competencia geopolítica con Beijing, Washington convocó a 84 países para establecer una alianza mundial contra esta sustancia.

En los últimos años se ha registrado un rápido crecimiento del mercado negro de los opiáceos sintéticos. La trazabilidad del circuito del fentanilo surge de las autopsias en las morgues. Y estas indican que muchos jóvenes mueren por abuso en el mundo de la vida nocturna grupal pero también, una vez que abusan de su consumo, muchos mueren en las calles o en sus casas.

Estas sustancias psicoactivas tienen propiedades similares a la morfina y a la heroína, pero su potencial adictivo y su toxicidad son mayores. A esto hay que añadir que son más baratos de fabricar y, por lo tanto, económicos para el consumidor, incrementando el riesgo de sobredosis.

El fentanilo surgió en un laboratorio legal en 1960 y su creador fue el médico e investigador belga Paul Janssen. En ese momento fue un avance de la anestesiología y comenzó a usarse en 1963 con autorización de los organismos reguladores en prácticamente todo el planeta.

En bajas proporciones, desde los años 70 empezó a consumirse con fines llamados recreativos. Tienen efectos euforizantes. El organismo humano procesa el fentanilo de modo tal que su consumo recreativo se transforma en una dependencia orgánica del producto. Un proceso en el que los consumidores solo pueden salir si recurren de forma voluntaria a tratamientos que no siempre dan resultados por la potencia de esta droga que doblega la personalidad.

La potencia de esta droga produce cambios cerebrales, el organismo adapta un grado de tolerancia que permite que las dosis de los consumidores vayan en aumento junto al placer que les produce. Pero en un momento, el consumidor se vuelve dependiente, adicto y si no tiene fentanilo a mano entra en el síndrome de abstinencia.

El abuso provoca síntomas vinculados a la activación del sistema nervioso autónomo y afectan el funcionamiento del corazón, el hígado y los órganos reproductores entre otros. La falta o abstinencia provoca temblores, sudores, vómitos o taquicardia. Para frenar esos síntomas, el consumidor aumenta la dosis y se produce entonces la dependencia con riesgo de muerte.

(Con información de agencias)

 

Temas:

Fentanilo

Seguí leyendo

EO Clips

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos