21 de octubre 2023 - 20:15hs

La cosecha de cultivos de invierno se apronta y las definiciones para la siembra de verano entran en las últimas etapas, con un ojo puesto en los precios de los granos y otro en los pronósticos meteorológicos.

Aunque se esperan buenos rendimientos en trigo y cebada, la zafra revancha tras la desastrosa campaña del verano 2022/23 está llegando con lo justo, angustiosamente, a la etapa de definiciones.

Así las cosas, el componente principal de la revancha es la zafra de verano, es la que podrá generar márgenes aceptables si logra “rendimientos tales que ayuden a sanar las heridas dejadas por la sequía”, como plantea la Sociedad de Fomento Valdense (Sofoval),

Con un Niño que promete las lluvias que en la zafra pasada faltaron, la apuesta es a aumentar el área tanto en soja como en maíz.

¿Cuánto más de soja y maíz?

El mercado es unánime en cuanto a que el área de soja crecerá este año si llegan las lluvias esperadas. Podría superar los 1,3 millones de hectáreas –el año pasado fueron 1.234.088 según el estudio de teledetección de Urupov–, mientras que la campaña de maíz tiene una meta de 200 mil hectáreas que en el sur está sujeta a que mejoren las condiciones de humedad para la siembra de segunda.

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“Con un mercado que está rozando los US$ 450 dólares por tonelada de soja en el mercado local y una ventana de siembra que ya está próxima, si se concretan lluvias en noviembre deberíamos tener un área de siembra de soja de las mejores de los últimos años, podemos estar hablando de una próxima cosecha de 1,3 a 1,35 millones de hectáreas”, estimó Joaquín Basso, gerente de negocios de granos de Cargill Uruguay.

Aunque el precio es menor al del año pasado, en términos históricos el margen esperable sigue siendo satisfactorio. Por otro lado, los bajos precios del ganado hacen que la soja gane hectáreas para hacer de esta siembra de las mayores de la historia. Y si en el sur del área arrocera no se alcanzan las reservas necesarias para sembrar arroz, habrá más disponibilidad para hacer soja.

Solo en 2013/14 y 2014/15 se superó la cifra de 1,3 millones de hectáreas y los volúmenes de producción estuvieron por encima de los 3 millones de toneladas.

Baja de costos y buen potencial

“Se habla de unas 100 mil hectáreas adicionales respecto al año pasado”, coincidió Ignacio Foderé, de IFO Trading. Los costos estimados están cerca de 12% por debajo de la campaña pasada, unos US$ 100 menos por hectárea, según Sofoval, y 20% menos en el caso del maíz. La baja en el precio del fertilizante compensa la suba del precio de la semilla generado por la escasez de producción del año pasado.

Con los precios actuales en el entorno de US$ 440 por tonelada de soja el rendimiento de equilibrio está entre 1.800 y 1.900 kilos. “No deja de ser alto, pero es un rendimiento aceptable para una expectativa de rendimiento de 2.300 a 2.500 kilos”, explicó.

Roberto Verdera, gerente general de la Cooperativa Agraria Limitada de Mercedes (Calmer), afirmó que la soja es en los papeles el cultivo que promete mejores resultados económicos este año. “En el análisis comparativo uno ve la soja con un poco más de posibilidades de dar margen”, dijo.

Otros productores apostaron a la posibilidad de altos rendimientos de maíz y sembraron temprano, hasta ahora con crecientes dudas por lo escaso de las lluvias.

El gerente de agroinsumos de Sofoval, Carlos Ramírez, destacó la ventaja de que la inversión inicial en soja es menor respecto al maíz que se lleva el grueso de los costos de arranque, con la semilla y el fertilizante.

 

Los números que el productor mira
El costo de siembra directa de soja sin renta es calculado en US$ 645 por hectárea según Sofoval. A un precio por tonelada US$ 450, y con tres escenarios de rinde de 1.800, 2.500 y 3.000 kilos, los márgenes netos serían de US$ 165, US$ 437 y US$ 631 por hectárea en cada uno. Con estos números el rendimiento de equilibrio está entre 1.430 kilos y 1.600 kilos por hectárea.
Para el maíz, los costos de siembra directa sin renta calculados en agosto eran de US$ 987 –unos US$ 230 menos que un año atrás- con tres escenarios de rendimientos de 5.000, 6.000 y 8.000 toneladas por hectárea y márgenes que -a un precio de US$ 250 la tonelada- van de US$ 263 a US$ 481 y US$ 915 por hectárea. El rendimiento de equilibrio estaría en el entorno de 3.900 a 4.300 kilos.

 

Si bien el escenario climático es muy distinto al de la zafra pasada, con un tercer año Niña que suponía riesgos de sequía y terminó arruinando la cosecha, las fechas de siembra se acercan y los perfiles de agua están “con lo justo”.

Algunas siembras ya realizadas, principalmente en maíz, presentan cierta afectación tanto por poca agua en el suelo como por lo frío de las noches. Pero la expectativa está puesta en las lluvias que se esperan a partir del domingo 22, que permitirían un arranque más firme de la zafra de verano.

Por ahora, el temor de que la campaña no sea todo lo buena que se espera sigue presente, apuntó Ramírez. En adelante se precisan 20 mm de lluvias por semana para asegurar los cultivos, cuando se viene de tres meses con lluvias de 25 a 30 mm mensuales en Colonia, Soriano y San José.

Las fechas de siembra para el maíz de primera están terminando. Y las áreas de segunda dependerán de las condiciones una vez levantado el trigo y la cebada. “Si hay buena humedad se va a sembrar mucho arriba de los trigos y las cebadas”, adelantó Ramírez.

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Incertidumbre comercial

La incertidumbre sobre los resultados productivos lleva a que, comercialmente, esté siendo difícil fijar kilos, dijo Verdera de Calmer, si bien las opciones comerciales en el mercado interno como en exportación están presentes.

También es difícil estimar un área de maíz, que el año pasado fue sembrado en 188 mil ha, de las cuales la mayoría no logró ser cosechado. En el mercado se maneja un área cercana a 200 mil como posible si todo sale bien, pero la demora de las lluvias pone todo en duda.

Por la misma razón los productores no están comercializando anticipadamente soja a futuro para ir cubriendo costos. “Este año nadie está vendiendo nada y con razón, el productor está muy reacio a tomar decisiones por lo que le pasó la zafra pasada, que perdió toda la cosecha; pero no hacer nada es un riesgo”, señaló Ignacio Foderé.

“El productor debe prepararse para un escenario de precios cambiantes, porque está muy errático el mercado”, sostiene.

Desde su perspectiva como trader, “el tema comercial se está desatendiendo porque en los últimos años los precios han ayudado y el escenario ha sido favorable”, pero “hay pocos países en el mundo donde se venda tanto volumen físico como en Uruguay, lo que es muy peligroso”, y se coloque tan poca producción con herramientas de futuros y opciones que “dan certeza” de un piso de precios sin comprometer producción física.

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Fuerte aumento de producción… en teoría

Para 2024, si se cumplen las proyecciones, el Mercosur debería dar un salto en la producción de soja y maíz. Por ahora se espera que Brasil logre una producción del orden de 162 millones de toneladas de soja para la actual campaña. Pero ya está con dificultades: exceso de agua en el sur del país, calor extremo y sequía en el centro y norte del área agrícola, la siembra demorada.

En el año 2020 Brasil producía 120 millones de toneladas, apunta Basso de Cargill, “y hoy estamos hablando que pone sobre el mercado de 160 a 170 millones, es una locura. Puso una Argentina entera arriba de la mesa en tres años, entonces el mercado no ha logrado todavía absorber esto y con cosechas regulares o normales en todo el mundo hay un exceso de oferta sin lugar a dudas”.

Argentina este año volvería a niveles de producción previos a la sequía. “Con 8,75% más de área que en 2022/23, y un escenario normal de clima, Argentina podría producir aproximadamente 50 millones de toneladas de soja contra los 20 millones de toneladas del ciclo anterior, o sea dos cosechas y media más que en el malogrado ciclo pasado”, proyectó en la última semana la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).

La demanda mundial se mantiene estable. La última estimación del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) muestra a China –destino mayoritario de la soja de la región– - comprando 100 millones de toneladas en 2023/24, un 2% menos que el año anterior, pero en volúmenes históricamente altos.

En lo que respecta al maíz, la Compañía Nacional de Abastecimiento (Conab) espera en Brasil un ajuste importante del área en 2023/24 debido a que el valor del cereal quedó retrasado respecto al insumo clave de los fertilizantes.

La producción de Brasil alcanzaría 129 millones de toneladas, 6% menos que en la campaña anterior.

Argentina no ha podido cumplir con la intención de siembra de maíz de primera por la falta de agua, y pasó 400 mil hectáreas a soja. “El nuevo ciclo de maíz cubrirá 8,48 millones de hectáreas, se espera una producción que ronde los 56 millones de toneladas respecto a los 36 Mt de la campaña pasada”, estima la BCR.

Aun así, la producción de Argentina sería notoriamente mayor a la pobrísima del año pasado, pero todo de nuevo, condicionado a lluvias que tienen que llegar pronto

Recomposición exportadora

Si Uruguay volviera a un escenario de producción de 3 millones de toneladas de soja, las exportaciones podrían volver a superar los US$ 1.500 millones.

En 2023, hasta setiembre, Uruguay exportó US$ 413 millones por concepto de soja, 78% menos que los US$ 1.913 millones del año anterior.

En maíz la producción podría llegar al millón de toneladas, resolver el abastecimiento interno y permitir una baja de costos de producción de carne y lácteos.

Todo depende de que el Niño demorado cumpla con las lluvias que promete. Y a eso están expectantes todos, en el campo y en la ciudad.

 

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