13 de junio de 2019 16:00 hs

Entre los consignatarios de ganado hay unanimidad de opiniones: la oferta no alcanza, la demanda es inédita –tanto para el ganado gordo como para las categorías intermedias– y la gente que va vendiendo el ganado gordo intenta reponer con ganado joven que también cada vez vale más.

Algunas de las expresiones de quienes están en el mercado son inusuales: “los precios los pone el vendedor; hay demanda tanto de los grandes compradores como del que compra a camión; los terneros enteros (no castrados, destinados inicialmente al mercado turco de ganado vivo) que habían aflojado se han equiparado; se compran enteros y se castran; lo que aparece se vende; a la gente le cuesta acostumbrarse a los valores nuevos, pero sabe que si no compra será más caro la semana que viene”.

Y eso cuando China apenas ha sacrificado un millón de cerdos. Tanto los de Bloomberg como los Rabobank y otros análisis estiman que la matanza para frenar la epidemia de gripe porcina africana será de 200 millones de cerdos. El volcán ganadero provocado por esa enfermedad en China es de insondables dimensiones, puede persistir por años y se ve ampliado por un faltante de ganado inédito en Uruguay.

 

Más noticias

 

Operadores que llevan muchos años en el negocio relatan algunas cosas que nunca se habían visto. Gente que pide un precio que parece imposible y hasta desubicado, pero que luego termina con el negocio cerrado.

Aunque la exportación en pie está activa, suele perder la competencia,  al despegarse el gordo los invernadores ganan. Es un momento único.

Los terneros valen para el mercado interno unos US$ 2,50 por kilo y las terneras han cruzado los US$ 2 por kilo. Las vacas de invernada que habitualmente se movían entre US$ 1,20 y US$ 1,30 se han ido a US$ 1,60 y más.

El mercado “está que arde” y semana tras semana se mantiene muy firme y con muy poca  oferta y así seguirá siendo porque empieza a notarse la escasez de disponibilidad de ganado.

Se viene de años de caída en el stock de novillos. Los compradores buscan y rebuscan, pero la semana pasada pareció consolidarse una tendencia difícil de evitar: la faena cayó en las últimas dos semanas, con 45.500 cabezas en la semana pasada y con una esperanzadora caída en la de vacas.

Fue en una semana especial, porque hubo faena destinada al cupo de la cuota 481 y a Israel que marca una imprescindible necesidad de novillos. 

 

 

Todo parece un cuento de hadas para el Uruguay ganadero. Pero una situación de tal magnitud genera desequilibrios fuertes. 

Por un lado, en la industria, que ha intentado estabilizar los precios en algunos casos, han cerrado algunas plantas y otros frigoríficos están con dificultades para hacer frente a los compromisos asumidos.

Y en junio muy posiblemente empiece el ajuste a la baja en la actividad en forma más persistente y estructural.

 

Algunos frigoríficos pararon: Colonia y Florida. En un caso temporalmente, en el otro con envío de trabajadores a seguro de paro.

 

Los productores venden lo que está pronto, pero eso no alcanza y el precio por ahora sigue subiendo y cruzando referencias. Como los US$ 4 por kilo carcasa que logran las mejores partidas de novillos que solo ocurrieron establemente en 2011. Hay presión por comprar lotes importantes casi “al precio que sea”. 

La presión arrastra también al precio de los ovinos, aunque más modestamente, con corderos y borregos emparejados en US$ 3,56 por kilo, pero subiendo persistentemente, semana tras semana y los productores vendiendo poco.

 

 

¿Qué puede salir mal en este contexto? 

En opinión de Víctor Tonelli, analista argentino que disertó este lunes en el seminario realizado por la Asociación de Consignatarios de Ganado (ACG), el desabastecimiento de China podría prolongarse durante “cinco o seis años”. No hay vacuna ni medicamentos, la única solución es el sacrificio de los animales”, dijo. Ese es un escenario nuevo. Más importante que el nivel de precios es la duración que pueda tener una situación de estas y las consecuencias que pueda traer.

 

 

La demanda adicional que se generará estabece las siguientes oportunidades:

  • 1) Se interrumpe o disminuye fuertemente la exportación de ganado en pie. Sería un resultado muy favorable en la medida en que sería el propio mercado el que dejaría toda la producción uruguaya de terneros para el agregado de valor interno. Sorprende que no haya pasado hasta ahora, porque el precio del ternero, aproximadamente US$ 2,25 por kilo, es mayor a lo que solía pagar la exportación en pie y está muy por encima del precio del ternero en Brasil, desde donde también es factible exportar. En 2019 la exportación en pie superaría por poco los 100.000 animales luego de superar los 400.000 el año pasado.
  • 2) Da un salto la producción de terneros. Hay un clima favorable con lluvias generosas, escaso frío y temporales y un precio muy firme. Todo viene dado para que la producción de terneros en los próximos años se acerque finalmente a los ansiados tres millones de terneros desde los 2,8 millones de los últimos años.
  • 3) Desarrollo de métodos racionales de pastoreo que permitan más producción a menor costo. Hay un interés creciente en este tipo de tecnologías que al menos en teoría deberían generar valor agregado ambiental y que son premiadas por algunos frigoríficos. Al mismo tiempo, el aumento en el uso de granos para acelerar la cría y engorde.
  • 4) Revalorización de la genética, el manejo de las pasturas, el bienestar animal como estrategias de largo plazo que permitan un posicionamiento para la ganadería uruguaya que compita con las “carnes artificiales”.

 

Pero este escenario presenta al mismo tiempo amenazas:

  • 1) Aumento en la faena de vientres, incluso preñados. Ante el faltante de novillos, la industria paga “lo que sea” por vacas, preñadas o no, vaquillonas y otras categorías de hembras. Los productores prefieren tomar precios excepcionalmente altos en el presente a esperar por una ganancia futura. La carga y la producción de terneros se mantiene apenas estable.
  • 2) Se debilita la lechería. La faena de vientres aumenta y la reconversión de productores y predios de la producción lechera a la producción de carne aumenta. Los productores lecheros optan por recriar a los machos y reducir el rodeo de hembras o simplemente se reconvierten a invernadores.
  • 3) Algunas industrias quedan por el camino imposibilitadas de pagar los altos precios de hacienda que proponen las empresas de más escala y que, al no depender exclusivamente de Uruguay, pueden absorber pérdidas locales por algunos meses. Ya hay casos de empresas que han pedido plazos adicionales para pagar por la hacienda ante la fuerte suba que se ha registrado.
  • 4) Similar a lo que sucede en la lechería, los productores arroceros prefieren acentuar la fase pastoril y ganadera de sus rotaciones y persistir en la reducción del área agrícola.
  • 5) Una aguda dependencia de China, que lleva a pensar que un escenario adverso para ese mercado impactaría con fuerza, aunque por ahora no parece muy probable.

En el balance, Uruguay está, por un factor externo, ante la mejor coyuntura ganadera de su historia.

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos