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Nadal en la esquila

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Amaro Nadal: Nacional lo dejó libre a los 22, fue ídolo en Colombia y se perdió el Mundial 1986 por una grave lesión

La vida futbolística de Nadal es apasionante, desde sus comienzos, cuando llegó a la selección juvenil por pura casualidad

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26 de junio de 2021 a las 05:00

Así como en esta época Luis Suárez y Edinson Cavani son los grandes abanderados del fútbol uruguayo en el mundo, en la década de 1980 Uruguay también exportaba delanteros de enorme categoría como Fernando Morena, Wilmar Cabrera, Jorge Da Silva y Amaro Carlos Nadal, entre otros. El fútbol no era tan globalizado ni se jugaba tanto como ahora, pero ellos también marcaban goles a granel. Nadal, el protagonista de esta historia, pasó directamente de Río Negro a integrarse a la selección juvenil uruguaya de 1977 por un hecho fortuito. Luego de salir campeón Sudamericano en Venezuela pasó a Nacional y prácticamente no jugó por un pensamiento insólito que tenía el técnico del momento. Se convirtió en ídolo del Deportivo Cali y en Colombia vio cómo los narcos asesinaron un hombre en la calle. Sevilla lo compró con hepatitis, sufrió una grave lesión el día antes de que Omar Borrás, técnico de la selección, visitara su casa para confirmarle que iba a integrar la delegación celeste del Mundial de México 1986, y cuando ya había decidido retirarse y estaba instalado en el campo, Nacional lo buscó de nuevo.

El plantel campeón Sudamericano juvenil de 1977

Descendientes de catalanes y vascos franceses, integrantes de su familia se instalaron en la estancia El Progreso, en las rutas 4 y 20, en el año 1904. La primera educación que recibió Amaro Nadal fue en una escuela instalada dentro del campo familiar, que también recibía a otros niños de los alrededores, con una maestra particular contratada por la propia familia. A los 10 años fue de pupilo al Colegio Laureles de Fray Bentos, donde recibió “una gran formación de padres franciscanos. Les debo mucho de lo que soy como persona”, manifestó a Referí. Ahí mismo empezó a jugar al baby fútbol.

Ya de adolescente pasó a defender el club Laureles, ubicado al lado del Colegio. “En realidad no jugué mucho porque a finales de 1976 se nombró la preselección juvenil de Raúl Bentancur y Esteban Gesto, y tuve la fortuna de integrarla”, recordó.

Fue así tal cual, con un toque de fortuna que llegó a ese grupo que se formó de una manera original para aquel tiempo y que marcó la historia: “Había tiempo y la parte directriz de la AUF estuvo muy inteligente porque fue la primera vez que se tomó en serio al Interior de Uruguay. Las selecciones juveniles siempre se hacían con las inferiores de los equipos de Montevideo. Esa fue la primera vez y la más notoria quizá, porque Bentancur y Gesto pidieron a los entrenadores los tres mejores jugadores para que los llevaran a Montevideo a evaluar. El entrenador de Río Negro no pudo concurrir a la reunión, entonces el entrenador de Artigas dijo que había un jugador en Río Negro que había hecho 12 goles en seis partidos y lo tenía que citar. Ese era yo. Fue una alegría para mí, pero también una pena porque en Río Negro había un equipo bárbaro, con jugadores que podían haber hecho carrera”.

Ariel Krasouski, Amaro Nadal y Alberto Bica, amigos del fútbol

Nadal fue goleador del torneo que se disputó en Venezuela junto a un futbolista brasileño, Uruguay resultó campeón Sudamericano 1977 y un mundo de uruguayos que habían emigrado por temas políticos vivieron una fiesta inolvidable. “Fue extraordinario, esa gente se llevó una alegría que no olvidaron jamás. Parecía que estábamos en nuestra casa, nos atendieron de una forma maravillosa, tanto en Valencia como en Caracas”.

La insólita razón del profesor De León

Después del Sudamericano fue contratado por Nacional, una llegada que Nadal califica de caótica: “Como institución estaba pasando un momento complejo, había 45 profesionales, al tal punto que yo venía de ser goleador y campeón Sudamericano y no entraba ni 10 minutos cuando hacían fútbol”. En 1978 se fue a jugar con la selección juvenil el Torneo de las Esperanzas a Francia, después disputó la Liga Mayor con Liverpool porque Nacional no lo tenía en cuenta, regresó en 1979 a los tricolores y tampoco jugó. En 1980 quedó libre.

“En Nacional jugué una Liguilla en el 79. Después estuve de suplente, no era considerado por el técnico Dellacha. No me tenían en cuenta a pesar de que yo me sentía muy bien, pero había otras prioridades, otros intereses en Nacional, había jugadores grandes que habían venido, habían puesto dinero. Nunca pensé que me iban a dejar libre. Cuando vino Mujica a dirigir desde Francia, no me conocía. Yo le tenía un gran respeto, había sido un jugador extraordinario, un ídolo para mi porque cuando yo era chico integraba aquel equipo fantástico del 71, una gran persona”.

Nadal con la celeste, a la que defendió en 19 partidos y marcó 10 goles

Cuando Dante Iocco asumió la conducción del club tricolor en 1980 hizo una reestructura: “Nunca entendí por qué me metieron en la misma bolsa con jugadores grandes que habían andado por todo el mundo y quedé libre”. Defensor se interesó en él, pero justo volvió José Ricardo De León al violeta y Nadal no había tenido una buena experiencia con él en Nacional: “Claramente me decía que con él no iba a jugar porque yo no precisaba jugar al fútbol para vivir. Varias veces me lo dijo. A raíz de eso mi padre, que falleció joven, me decía ‘nunca digas que no tenés porque hay gente que no tiene para comer; no dejes de entrenar y ya tendrás tu oportunidad’”.

El tiempo le dio su revancha, aunque nunca lo vivió así: “Después tuve la suerte de que cada vez que enfrenté a De León le hice muchos goles. En Colombia me aburrí de hacerle goles. A Defensor también le hice muchos con Bella Vista. Así que en su fuero interior estaría un poco arrepentido”, expresó el exfutbolista.

De Nacional fue a probarse a Bella Vista. Volver a empezar. “Fue una etapa dura, yo estudiaba, estaba haciendo veterinaria, me sacrificaba mucho, y la realidad es que me quería recibir, estaba casi egresado y me fui a probar a Bella Vista porque yo vivía en el Prado y era la institución que tenía más cerca”.

La prueba en Bella Vista

El papal tenía un gran equipo y un estupendo centrodelantero, por lo que no era fácil para el fraybentino. “Ahí tuve mucha suerte. Bella Vista tenía en aquellos años a Rodríguez Rodríguez de número 9, oriundo de Paysandú. Le decían el Guiso, un jugador bárbaro, goleador, en Bella Vista lo quería todo el mundo. Fui a probarme y no quedaba bien, pero el Chiquito Vismara que era el masajista y aún hoy sigue en pie con sus 90 años y pico, me aconsejó que fuera. El técnico era el argentino Miguel Basílico y me preguntó de qué jugaba. De 9, le dije. ‘Ah, pero yo tengo a Rodríguez Rodríguez’ me contestó. Le dije que me parecía bien, pero si no le molestaba me iba a probar. Y además le pedí que en unos días me dijera si quedaba o no porque estaba terminando la carrera y tenía que ver qué hacía, si seguía jugando al fútbol o no. En realidad, me daba un poco de pereza dejar cuando me había ido extraordinariamente bien en la selección juvenil. Practiqué 10 días con ellos y me dijo que fuera a firmar el contrato. Era menos de la mitad de lo que yo ganaba como juvenil en Nacional, pero fue una gran experiencia”.

Nadal en Bella Vista, un equipazo

Bella Vista le dio la oportunidad de mostrarse en Primera división, en la Copa Libertadores, de llegar a la selección mayor y salir al exterior. Colombia fue el primer destino fuera de Uruguay. “Al final del 82 me fui al Deportivo Cali porque Basílico se fue de Bella Vista para el Cali, tuvo todo 1982 allá y pidió que me llevaran. De no conocerme para nada, me recomendó para ir a Colombia, que era el mercado importante. En aquellos años no existía México, no existía Argentina porque devaluaba todos los días y era un desastre, Europa no estaba abierta. En Colombia había muy buen dinero, fueron Wilmar Cabrera, el Polilla Da Silva, Santín, Carrabs, Daniel Enríquez, Pete Russo, Alberto Bica, Ricardo Villa campeón del mundo con Argentina se vino de Inglaterra a Colombia, el Tata Brown”.

Era, por supuesto, la época de los carteles de la droga: “El único club social que había era el Deportivo Cali”, admitió Nadal. “Es complejo, los narcos son un estado dentro del Estado. Mientras no los compliquen mucho funcionaban, no complicaban demasiado, se divertían con los equipos de fútbol, de repente te levantabas y tenías un patrón, al otro día era otro, pero no se metían con los jugadores. Cuando se puso un poquito más espeso yo me fui. Estuve tres años y llegó un momento que estaba complejo porque el Deportivo Cali perdía todos los partidos por 1-0 de penal en contra”.

Nadal en Deportivo Cali, donde aún lo recuerdan por su gran pasaje

Eran años en los que había que tener especial cuidado por donde transitar. “Un día vi ejecutar a un tipo, se bajó una persona de un cuatriciclo, había uno afuera y lo mataron. La vida tenía poco valor. Pero a mí me gusta más contar las cosas buenas de Colombia porque tiene muchísimas y tengo muchísimos amigos. Le tomé un cariño muy especial a un país fantástico que no le falta nada”.

Un gol trágico

Sin quererlo, además, fue protagonista de una de las peores tragedias del fútbol colombiano. La muerte de 22 personas en un clásico que se jugó en el estadio Pascual Guerrero. “Eso fue muy triste, el estadio estaba lleno y ahí se ingresa por rampas. Entonces perdíamos 3-2 y en la hora convertí un gol para empatar 3-3. Cuando fue el gol del empate y toda la gente empezó a festejar, los que salían quisieron volver y se formó allí una avalancha impresionante y murieron 22 personas. Fue horrible, porque hubo una estampida, la gente se asustó y salieron todos disparando. Fue una noche trágica. Increíblemente yo me enteré tardísimo. En el vestuario no supimos nada. Estando en mi casa que estaba cerca de un sanatorio, sentía sirenas y sirenas y digo ¿qué habrá pasado? Me puse a informar y era eso, una cantidad de heridos impresionante”. Un día también tembló la tierra y se asustaron bastante con su esposa, ya que vivían en un piso 12.

Después se marchó al Sevilla de España, donde lo contrataron a pesar de que se enfermó de hepatitis: “Es que ya habían hecho toda la parte de propaganda y había fotos mías por todos lados. Sevilla tenía que contratar un jugador importante y en ese momento yo era titular de la selección uruguaya, venía de ser goleador en Colombia. Estuve un mes encerrado, creí que se había caído la operación y me llamaban día por medio y cómo está, hasta que un día aparecí en Sevilla con 10 kilos menos, parecía un espantapájaros. Una cosa increíble”.

Amaro Nadal y Pedro Zape, el golero colombiano

Le costó recuperarse y después de arrastrar un problema en la rodilla, se rompió el ligamento anterior cruzado. Justo un día antes de que lo visitara en su casa Omar Borrás, técnico de la selección, para confirmarle que estaba en la lista definitiva del Mundial de 1986. Nadal se quedó sin concurrir a México. “En aquella época con esa lesión no jugabas más. A mí me operó el doctor Guillén que es un monstruo, que fue el cambió la técnica operatoria y jugué a los seis meses y seis días”.

Uruguay tenía una gran selección en el Mundial de México, pero quedó eliminado en octavos de final. “La sensación que tengo de afuera es que jugadores base que teníamos llegaron en muy malas condiciones físicas. Los mundiales son muy cortos, son dos partidos y si te va mal te sacan y después es otro más. Rodolfo Rodríguez, que era el capitán no podía jugar, no tendría que haber ido porque estaba con puntos de una operación y estuvo por morirse por una peritonitis; a Gutiérrez lo habían operado de apendicitis unos días antes; Víctor Hugo Diogo venía de Palmeiras y físicamente no estaba bien. Si lo analizas, muchos jugadores no estaban en su mejor forma de juego y eso se pagó mal”.

Pichón Núñez lo puso de puntero

Permaneció tres años en Sevilla y a los inconvenientes citados, se le agregó otro: “Me empecé a recuperar y durante ese tiempo cambió el entrenador, llegó un escocés y no tenía idea de mi juego ni nada, a tal punto que después contrató a un jugador que cabeceara y yo dije, ‘pah, este hombre ni idea quien soy’. No sabía ni que Uruguay era un país. Dije 'acá no puedo seguir'. Él no me tenía en cuenta y me fui a Logroño. Hice una temporada fantástica, me fue espectacular, marqué 12 goles sin tirar penales en un equipo que nunca había estado en Primera. Sacando a Hugo Sánchez que hacía 20 y pico, era una buena cantidad de goles en aquellos años. Un lugar espectacular, vivimos muy bien ahí. La Rioja es muy bonito, espectacular. Un club chico, ciudad chica, en aquellos años había mucho dinero en España y se pasaba bárbaro”.

Después pasó al Figueras y otra vez la mala suerte: “Ahí tuve una rotura de la apófisis lumbar, me pegaron una patada y me rompieron una vértebra. Otra vez parado como cuatro meses y ahí me volví a Uruguay porque ya parecía chiste”.

El campo, su hábitat desde que nació

Se instaló en el campo, ya con la idea de dejar el fútbol profesional, pero lo fue a buscar Nacional: “Volví a entrenar, jugué la Liguilla del 90, pero en aquellos años el entrenador era Héctor Núñez y me ponía de puntero derecho. Yo ya estaba grande (tenía 31 años) y para eso era mejor no ponerme. Me hizo debutar contra Peñarol de puntero derecho, un disparate. Una pena porque Nacional tenía un jugador como Fonseca que arrancaba y era fantástico, podía jugar de cualquier cosa, pero eso tiene el fútbol”.

Después de la Liguilla regresó al campo y jugó con los amigos en Libertad de Dolores y en la selección de esa ciudad. Hizo el curso de entrenador y dirigió a juveniles en Soriano, pero después se dedicó a las tareas del campo y regresó muchas veces a Montevideo, pero a exponer en la Rural del Prado. Actualmente, con 63 años, es director de deportes de la intendencia de Río Negro y vicepresidente de la Sociedad de criadores de Merilin. Además de un hincha crítico de la selección de Tabárez.

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